Miré a los ojos de Ansgar, primero vi algo de sorpresa en su mirada, poco a poco pasó por algo que se intuía como miedo, pero finalmente llegó algo extraño a su rostro, de forma apenas imperceptible comencé a vislumbrar satisfacción en su mirada. Como si me tuviese justo donde quería tenerme. Entonces caí en la cuenta de algo que no había pensando, todos los condes debían aceptar por bien de su reputación el desafío de otras personas si eran dignas del combate, pero debido a este inconveniente que podía perturbar sus vidas en cualquier momento tenían una ventaja; lo aceptaban, pero no debía ser justo ese día. Podía transcurrir un tiempo hasta que este indicase el día en el que ocurriría dicho acontecimiento. Por unos segundos palidecí al darme cuenta de que me había condenado a una soledad infinita hasta que aquel hombre viese oportuno. Pero después todo cambió, me di cuenta de que esperaría lo que hiciese falta para poder por fin obtener la venganza que ansiaba desde pequeña. Así que finalmente no me acobardé, le miré a los ojos esperando una respuesta.
-Acepto el combate Ylva, aunque no creo que seas digna de luchar contra mí y probablemente no dures dos segundos. Así que te daré ventaja, para que todos vean mi bondad, dejaré que te recuperes.
Sin media palabra sus hombres me agarraron por detrás y me llevaron casi en volandas hasta una especie de establo donde dormían los esclavos. El lugar olía a orina y a otras cosas mucho más desagradables, pero no me quejé. Me amarraron de nuevo con fuerza a un pedazo de hierro que sobresalía de la pared y sin más se marcharon. Cuando cerraron la puerta todo se llenó de oscuridad. Cerré los ojos y apoyé la cabeza contra la pared, poco a poco el sueño fue invadiéndome, aunque finalmente no pude descubrir si me había quedado dormida o simplemente había desfallecido.
El tiempo transcurrió, horas y horas, días infinitos... el tiempo se entremezclaba entre sí, no conseguía averiguar si habían transcurrido semanas o meses. Hubo en punto en el que abandoné, dejé de pensar o de hablar con los esclavos que venía y se iban. Me dedicaba a comer las sobras que me entregaban y a dormir, incluso dejé de repasar viejos recuerdos, eran demasiado lejanos, demasiado borrosos... me entregué a la oscuridad.
Un chorro de agua congelada me golpeó la cara y me despertó de mi sueño. Abrí los ojos de par en par esperando encontrarme a uno de los soldados de Ansgar, pero delante de mí se erguía Lienf.
-¿Cuánto tiempo he estado aquí? -pregunté sorprendida ante la ronquez de mi voz.
Lienf me entregó un tazón con agua y me lo bebí de golpe sin rechistar, no estaba para ello.
-Cuando te vi por primera vez aquí pensé que no estabas tomando las decisiones adecuadas, pero ahora veo que estás completamente loca.
Agaché la vista y posé la mirada en mis pies desnudos. Estaba temblando y casi todo a mi alrededor eran borrones. Observé como Lienf se movía por la estancia.
-No estoy loca, intento salvar el honor de nuestra gente.
Se agachó del todo y se quedó mirándome. Me entregó un morral y me desató las cadenas mirando la puerta detrás de sí. Abrí el morral y vi comida y ropa. A mi lado había un cubo de agua y un trapo. Me había acostumbrado a ciertas comodidades, pero aquel tipo de cosas nunca me habían molestado.
-¿O simplemente intentas salvar el tuyo propio? Porque dudo que mamá aceptase...
-Si has venido aquí a hablar de mamá y a poner palabras en su boca que jamás podrá decir ya puedes marcharte, y llevarte contigo todo lo que has traído. ¿Por qué estás haciendo esto? He retado a tu padre, lo he insultado en público y he mancillado su honor... No lo comprendo.
Había pensando que mi hermana no tenía valores, pero aún así me extrañó el hecho de que estuviese allí, arriesgándose dándome aquellas cosas.
-Eres mi hermana después de todo, y aunque crea que te estás equivocando y no tenga la menor duda de que Ansgar te matará... Quería entregarte algo de dignidad.
Mi risa resonó por toda la estancia, eché la cabeza hacia atrás y me quedé mirando un punto fijo en el techo por donde se colaba la luz del sol.
-¿Por qué estás tan segura de que perderé?
-Ylva, he escuchado las historias... como todo el mundo. Pero no las he creído, es auténtica fantasía que se ha creado en torno a tu persona por las extrañas circunstancias de que Magnus te diese su apellido. Pero el resto de las cosas no pueden ser ciertas... ¿Bruja? ¿Mata hombres? Te miro y no veo todo ello
-A veces las historias son ciertas, otras tantas mentira. Pero la mayor parte de las veces es una verdad con un envoltorio extravagante.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Que creas lo que necesites para ser más feliz. Es lo que hace todo el mundo, es lo que siempre han hecho conmigo.
Se levantó y se atusó el vestido, me dedicó la misma mirada que una madre propinaría a una hija que estuviese tomando malas decisiones.
-Muy bien Ylva, imagina por unos instantes que tuvieses un golpe de suerte, imagina el hipotético caso de que ganaras... entonces este reino te pertenecería. ¿Eres consciente? ¿Eres consciente de que no te aceptarían como condesa? Lo único que despertarías sería caos y revolución. El nombre de Ansgar quedaría para siempre en entredicho y...
-Me da igual, mírame Lienf, mira mi situación... ¿Crees que no he sopesado las consecuencias? Pues tienes toda la razón, no lo he hecho, no porque me da igual, porque mientras tenga la cabeza de tu padre en mis manos... todo merecerá la pena. Incluso si tu gente decide poner la mía en una pica al sol por haber asesinado a su líder.
Lienf se dio la vuelta de repente y quedó en silencio unos segundos. Finalmente, pero sin girarse me dedicó unas últimas palabras.
-En ese morral hay comida suficiente para que te recuperes, también está la ropa que llevarás en el combate. Es mañana.
Salió de la estancia y todo quedó en absoluta oscuridad. Mis pensamientos revoloteaban por todas partes, sin posarse en ninguna parte del todo. No sabía si Lienf me estaba ayudando porque seguía órdenes o por placer, tampoco podía pensar en ello en aquel momento. El día siguiente era mi gran día, el día que marcaría mi historia, era el día más importante de mi vida como leyenda, pero yo no tenía ni la menor idea de ello. ¿Sería una mártir? ¿Moriría?
ESTÁS LEYENDO
Una inocencia maldita 1 |COMPLETO|
General FictionMi historia se contó durante infinitas décadas, enrevesada, retocada, fantástica, ficticia a veces... En esta historia se me llamaba muchas cosas, a veces solo Ylva, otras Ylva la Inocente, inmortal, sanguinaria, asesina, mata-hombres, bruja, dios...
