El cadáver de Ansgar se hallaba en un hoyo, lejos de su propio poblado, así lo había establecido. Había pensado en otras cosas mucho más crueles, que podían esperarse de mí, pero no me había parecido propicio. Podría haber hecho lo que había pedido, clavar su cabeza en una pica y beber ale de su cráneo el resto de mis días, fueran muchos o pocos. Pero finalmente me había decidido por la piedad, quizás movida por mi hermana.
Escuché pasos detrás de mí, en aquel preciso instante estaba ante mí el trono que debía pertenecerme, lo miraba de una forma fría y analítica. Era un poco más grande que el de Magnus, aunque poco tenía que ver con su estatus. Empecé a pensar en cómo podía regentar todo aquello, no era tan sencillo.
-¿En qué estás pensando? -preguntó mi hermana desde atrás.
Me arropé con la camisola que me habían dado y me apreté la manta que llevaba encima aún más. Estaba limpia, aunque no me sentía así.
-No sé cómo haré esto.
-No tienes que hacer nada tú sola.
Me giré y le dediqué una falsa sonrisa.
-Lo sé.
-¿No les echas de menos?
Me senté en la gran mesa que más tarde estaría llena de comida y alcohol y apreté un cuenco con sopa humeante, lo apreté tan fuerte que el calor me quemó las palmas de las manos, junto a la cicatriz, pero no las retiré.
-¿A quiénes?
-Tu otra... familia.
Cerré los ojos unos instantes, no sabía si podía enfrentarme a aquella situación. Cuando abrí los ojos y me topé con la mirada de mi hermana pensé que quizás no sería tan malo decir la verdad, pero cuando abrí la boca los pensamientos que ahondaban mi corazón quedaron suspendidos en el aire.
-Siempre los echaré de menos, pero tengo deberes, tenía deberes, por eso decidí marcharme. He dejado atrás más de lo que puedes imaginar.
-¿Crees que no lo sé?
-¿Y qué crees que sabes?
Se sentó frente a mí, alzó la mirada y resopló. Supuse que sabía lo que todo el mundo sabía, nada, en el fondo nada. Conceptos abstractos.
-Estabas... enamorada de alguien muy importante.
Solté el cuenco de golpe y me recosté en la silla. Era incómoda, pero no solo por el duro material, sino por todo lo que suponía. No estaba en casa, no se sentía como el hogar.
-Hablas de uno de los hijos del rey, ¿no es así?
-Kai.
Intenté no moverme, sentí como mi cuerpo se quedaba sin respiración por unos instantes, todo se desestabilizó en mi interior. Así de simple, tan solo con su nombre.
-Sí, sé que se habla de esa tema... Es lógico, es el hijo del rey y alguien importante, todas las muchachas que se le acerquen serán objetivo de la implacable mirada de esta chismosa sociedad.
-No todas las chicas que se acercan a príncipes dan de qué hablar.
-Algunas cosas han influido a que se hable de más, casi todo es mentira.
-Me informaba de las cosas que pasaban en tu vida ¿sabes? Escuchaba siempre que podía esas historias en las tabernas y preguntaba fingiendo casi desinterés, pero siempre me pregunté qué de cierto podía haber en todo aquello.
-Supongo que estás dirigiendo la conversación a tu terreno... quieres saber la verdad.
-Sí, quiero saberla.
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Una inocencia maldita 1 |COMPLETO|
Ficción GeneralMi historia se contó durante infinitas décadas, enrevesada, retocada, fantástica, ficticia a veces... En esta historia se me llamaba muchas cosas, a veces solo Ylva, otras Ylva la Inocente, inmortal, sanguinaria, asesina, mata-hombres, bruja, dios...
