Perfecta: Te esperé varios días en ese maldito lugar hecho mierda, y... ¡Y tú nunca llegaste! -le grité. Ese tipo ya no era nada mío.
Me levanté de mi silla y tomé mi preciada ballesta. Le apunté a la cabeza, pero a pesar del odio que le tenía en es...
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[5 AÑOSANTES]
Caminaba a través de los grandes campos del complejo. Caminar entre los patios donde entrenamos durante el rato libre... Esa sí es una buena forma de evitar a Michael y Jordan, quienes entienden por "rato libre" como "molestar a Alice". Claro, porque dos contra uno es una victoria casi asegurada. Algún día... algún día conseguiré a alguien para hacer peleas más justas.
—¡Soldado Dixon! —Oí la fuerte voz del sargento detrás de mí.
—¿Qué quieres? —Frené mis pasos y volteé para verlo. Él miraba hacia abajo, negando con la cabeza.
—Alice, que sea amigo de tu padre no significa que vaya a tratarte diferente. Aún tienes que mostrarme respeto... bastante respeto—me dijo, tomando mi hombro.
—Sí, sí... Lo siento —suspiré, poniendo mis ojos en blanco—. ¿Qué sucede, Mi Sargento? —dije, mirándolo a los ojos, enfatizando mucho el "mi sargento" para él.
—Hay un nuevo alumno. Y según mis registros de conducta... alguien necesita puntos extra en compañerismo... —se inclinó más hasta alcanzar mi altura, como si eso fuera gracioso.
—¿Me lo estás diciendo enserio? —le dije, intentando reír ante lo que creía un chiste. Esa no era una idea que me gustara. No practiqué la suficiente interacción social como para saber qué hacer.
—Yo no hago chistes —Y lo entendí bien al ver su seria expresión—. El chico está en el salón 7.
Fruncí el ceño y miré hacia mis pies, como una idiota a la que acaban de regañar.
—¡Bien! Iré. Pero... Pero no lo voy a disfrutar.
—Eso no me importa.
Puse mi ojos en blanco nuevamente, y de mala gana fui a buscar a este nuevo niño. Mientras el salón 7 aparecía en mi visión, me di cuenta de que no pregunté el nombre del nuevo... Bueno, no sería complicado de adivinar. No tenemos los uniformes cuando apenas llegamos y miramos en todas direcciones. Es gracioso, desde que uno entra aquí ya sabe que no es seguro no tener la espalda cubierta.
Cuando entré en el salón 7, un mero recibidor con un sofá, sillas y un escritorio, lo vi. Su cabello rubio brillante no va a durar, apuesta a que antes de que se ponga el sol ya estará cubierto de tierra, y esos ojos celeste... seguramente lo molesten por ello, aunque si estoy en la misma habitación que él yo sería el obvio objetivo al que molestar por simple color de ojos.
—¿Hola? ¿Tú eres el nuevo? —Junté mis manos en mi espalda y me incliné levemente hacia adelante, cosa que solía ver por parte de los adultos.