Ya no se puede confiar en nadie. Nadie confía en ti. Las personas hacen lo inimaginable para sobrevivir al apocalipsis. Adiós a la democracia, todos están por su cuenta.
Dos chicas han sobrevivido solas, hasta que cierto grupo las encuentra o mejor...
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Corriamos y corriamos. En ningún momento paramos. Con cada paso aparecían más caminantes, se dirigían a la prisión pero al vernos nos seguían.
Corría con mi espada en la mano. Mi muñeca me dolía horrible y varias veces estuve tentada a cortarmela. Un caminante apareció de la nada enfrente de mi. La espada se incrustó en su estómago, use ambas manos para mover la espada hacia arriba y rebarnarlo a la mitad.
Mala idea.
El dolor se volvió peor. Mi vista se nublaba por las lágrimas que no dejaban de brotar. Daryl regresó y acabo con un caminantes que estaba a mis espaldas.
-vamos- apoyo su mano en mi espalda para que fuera yo primero.
Corro adelante. Logramos salir del bosque, corremos entre la maleza y hiedra. Mis piernas me arden de tanto correr. Mi garganta está seca, estoy toda balada en sudor y tierra.
Y lo peor. Estoy más lejos de Ruby.
Salí corriendo como loca y no me fijé en que dirección estaba la casa. Debe estar esperándome. Lo bueno que está a salvo, quiero pensar que lo está. De las dos ella es la fuerte, sólo hay que volver horas atrás cuando un caminantes casi me come la cara sino fuero por mi Bombón que me salvo.
No nos queda mucha luz. En una hora máximo anochecera y es más peligroso cuando es de noche. En realidad, es peligroso a cualquier hora... pero más en la noche.
Mi mano está matandome.
Me quito la mochila de los hombros. La arrojó al suelo y busco las vendas para curar mi mano. Daryl se deja caer, esta igual de cansado que yo.
-¿Qué... haces?- pregunta con la respiración agitada.
-tengo... tengo que vendarme la muñeca- trato de normalizar mi respiración.
Por fin encuentro las vendas. Cierro mi mochila y hago el intento de vendrá mi mano.
-mierda- susurro.
Esta hinchada. Ya no hay hielo en la mundo, por suerte tengo desinflamatorios. Terminó de venderla, saco el pequeño botiquín de mi mochila y una botella de agua.
-ten- le entregó el agua a Daryl.
-gracias.- bebe hasta que el agua pasa por sus comisuras y cae en su camiseta-. Gracias.
Me tomo la pastilla. Guardo todo y me acuesto en la hiedra. Unos sopilotes vuelan en círculos sobre nosotros.
-¿ya morimos?- entrecierro los ojos.
-no.
-que bueno. Pensé que ya era hora de encontrarme con el diablo- digo aliviada.
-estas loca- murmura.
-más de lo que crees, Bombón- rio.
No estumivos mucho tiempo aquí. Los gruñidos se hicieron presentes y tuvimos que volver a correr.