Capítulo 35 (parte 2)

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La disputa se extiende unos minutos

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La disputa se extiende unos minutos. Digo que subiré a quitarme pedazo de tela al que llaman vestido; y mi amiga me amenaza con romperme las piernas si se me ocurre subir un peldaño.

Maggie, en su frustración, decide ponerle fin a la guerra fría atrayendo al primer individuo que se le cruza para que nos dé su punto de vista.

El individuo es Daryl. ¿Por qué diablos nunca se va del porche? Parece el guardián de la casa. Ya ni un doberman hace tan bien su trabajo.

-¿Sabes por qué estás aquí? -le pregunta Ruby, seriamente.

En respuesta Dixon se levanta los hombros.

-Estas aquí porqué la mujer ahí parada -me apunta con su dedo índice- se niega a usar ése hermoso vestido en la fiesta a la que obviamente asistirá. Y tú serás el que le deje en claro que se le ve bien para que podamos irnos de una buena vez -comunica la cabeza de guayaba.

Daryl aparta la mirada de Ruby y Maggie, dirige sus ojos a mi anatomía enfundada en el vestido con escasez de tela. Encudriña mi cuerpo centímetro a centímetro, siento como si me desnudara con los ojos, logró ponerme nerviosa si es lo que buscaba. Sus ojos se detienen más de lo necesario en mis piernas.

-¿Y bien, Daryl? -Maggie se coloca a su lado inquisidoramente. Él continúa mirándome, si miro atentamente creo que ni siquiera parpadea- ¿Cómo se ve Betty?

Tragame tierra y escupeme en el bosque. Mis mejillas cada vez se tiñen más de rojo, si es que es posible.

-¿No crea que se ve linda? -interroga Ruby, sonriendose con Maggie de forma cómplice.

Dixon se toma su tiempo. Pienso en salir huyendo pero el estúpido vestido dejaría al descubierto la parte inferior de mi lencería con tan sólo dos pasos.

-Le sienta bien ese color -responde al fin. Algo en su tono de voz hace que me ruborice más.

-¡Olvidé los zapatos en la otra casa! -enfatiza "otra" y hace señas a Ruby para que la siga.

Son pésimas mintiendo, yo tengo los zapatos en la mano. Espero a que ambas salgan de la casa, espero unos segundos más para poder hablar.

-Algo me dice que de no ser por ellas hubieras sido capaz de arrancarme este harapo -sonrío traviesa.

-Tonterías -espeta entre dientes.

Lentamente me voy acercando a él, tal cual depredador. Poso ambas manos alrededor de su cuello y lo atraigo hacia mi, uniendo nuestros labios en un beso lento, sin prisas, lleno de sentimiento. Corresponde mi gesto, sujeta mi cintura pegando -si es posible- más a su cuerpo. Hunde sus dedos en mi piel por la parte descubierta de mi cintura.

-Oye, me avisas cuando llegues -hablo sin romper el beso.

-Ya te dije que no iré a la fiesta -protesta.

Killer QueenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora