Capítulo 23 Consecuencias inesperadas...

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Kirishima se tomaba un momento para limpiar las lágrimas que empañaban sus lentes, furioso y frustrado por no haber protegido a la persona que más amaba y le importaba en el mundo, porque si bien su relación con Asami, Feilong y Mikahil era de genuino aprecio y lealtad, en especial con Asami y la llegada de Sarah le significaba una nueva responsabilidad, ya habían perdido a Akihito, él no se permitiría que Asami pasara de nuevo por un dolor así, con todo y pese a que luchó por no encariñarse con ella había fracasado estrepitosamente, la dulzura y amabilidad de la chica lo habían hecho sucumbir finalmente a sus encantos, la apreciaba ya tanto, como en su momento llegaba a apreciar a Takaba. La convivencia con Satoru por la cercanía con Haru era otro cantar, él estaba muy agradecido de ver a Haru en una relación de amistad acorde a su edad que nunca había tenido y escucharlo reír con tanta espontaneidad y soltura lo hacía sentir pleno y dichoso, por esa razón el protegería a Satoru, lo estimaba muchísimo, por ser la causa de la alegría juvenil de Haru, esa relación tan estrecha como la que él tenía con Shinji.

Con Kuroda rayaba en la hermandad, se conocían desde la secundaria, cuando Kirishima se recluía cada receso en la azotea para evitar que el olor a comida le despertara el apetito, con su madre enferma y un padre ausente no podía darse el lujo de comprar almuerzo, su precario sueldo como empleado en un dojo como entrenador de niños apenas cubría los medicamentos y la alimentación que su madre requería, porque gracias al cielo la casa en que vivían era propiedad de su madre. El pan de melón y los batidos de plátano que estaban por caducar en el konbini cerca de su casa era su única opción alimenticia, pues el descuento al que se vendían le permitía comprarlos.

Una de esas mañanas mientras mataba el tiempo y el hambre durmiendo, Kuroda llegaba agitado, huía de los bravucones que lo acosaban constantemente, él lo había notado, pero ya tenía suficientes problemas encima como para echarse uno más, que de paso, no era de su incumbencia, lo miró con indiferencia y volvió a su siesta, hasta que los ruidos provenientes de los tres rufianes que hacían miserable la vida del nerd de Kuroda lo hicieron perder la paciencia y más que por defenderlo lo hizo por sacar la frustración que tenía por la miserable vida que llevaba a los 14 años. Les dio una paliza ejemplar...

-Gracias-había dicho Kuroda, haciéndole una reverencia.

-De nada, deberías aprender a defenderte, no puedes vivir así, dejando que te traten de ese modo-dijo y se iba cuando fue retenido por la mano temblorosa de Kuroda.

-Enséñame, por favor-dijo en tono suplicante.

-No tengo tiempo-respondió soltándose.

-En los recesos... ¡te pagaré!

-Dije que no.

-Dos mil yenes y te traeré el almuerzo-decía Kuroda-Te ayudaré a mejorar tu promedio.

Kirishima lo veía con interés en ese momento.

-¿Por qué? Es decir ¿Cómo sabes de mí?

-¿Qué necesitas dinero, que no comes o que debes mejorar tu promedio?

-¡Todo! Que ¿eres acaso un maldito acosador?

-No, no...-dijo Kuroda suspirando-no es eso, un vecino es tu alumno en el dojo y su madre me paga por llevarlo y recogerlo, por eso te he visto trabajando, nunca compras almuerzo pero tampoco te veo trayendo un bento, por lo que asumo que no tienes dinero para comprar y ahora sé que te escondes aquí en los recesos y mi madre es enfermera del hospital donde llevas a tu madre, vas a oncología, te he visto cuando espero a mi madre así que, por eso se...y tu promedio, ¡Bueno! Vamos en la maldita misma clase ¿Cómo no sabría?

-Ya...está bien-decía luego de vario minutos-pero no seremos amigos ni nada de esas mierdas.

-De acuerdo...

Mi nuevo amanecer sin ti...Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora