6- Dolido

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Apenas el sol dejó a la ciudad de Madrid, Samuel se apresuró hacia la casa de Carla. No tenía intenciones de que ella supiera que la estaba mirando. Solo quería asegurarse que estuviera bien.

Aguardó en las afueras, sin notar grandes señales de vida adentro, más que las luces encendidas de algunas habitaciones. Solo esperaba una señal de normalidad y se retiraría. Había quedado con Rebeka, que saldrían a bailar un rato. Pero sabía que no disfrutaría como debía si no dejaba esa inquietud resuelta.

Rebeka le había mandado ya tres mensajes preguntándole cuando llegaría. Sin embargo Samuel no quería responderle aún, quería esperar hasta cuando ya estuviera de camino.

Miró la hora y ya había pasado más de 1 hora sin señales. Se estaba impacientando, cuando observó que un coche se estacionaba fuera de la vista de la casa, pero lejos de la siguiente. Se escondió un poco más para no ser sorprendido, hasta que una sombra proveniente de la parte trasera de la casa lo hizo agudizar su vista.

Era Carla que salía sigilosamente por la puerta trasera. Vestía espléndidamente como siempre. Lista para una fiesta y para atrapar a cualquier hombre con solo mirarla.

Se extrañó de la actitud, pero no dejo de mirarla siguiendo el recorrido que hacía hasta el auto que la esperaba medio escondido. Como si supiera en qué lugar quedar para no ser visto. ¿Acaso era algo que ya había hecho antes? Se preguntó internamente Samuel al ver la calma con la que se llevaba acabo ese proceso.

La vió subirse al coche y aunque le pareció poco adecuado, decidió seguirla. Si bien el coche iba rápido, nunca excedió la velocidad permitida, lo que ayudó a Samuel a seguir, con bastante esfuerzo, el recorrido que hizo.

Casi sin aliento se detuvo unos metros más atrás cuando Carla descendió del coche y la vio ingresar a un lugar. Le llamo la atención el aspecto y barrio donde habían llegado. Sin lugar a dudas ese no era un sitio que Carla o alguno de sus compañeros solía frecuentar.

No quería ingresar, solo quería asegurarse que estuviera, pero el estar afuera lo tenía lleno de dudas. Se imaginaba mil situaciones, cada una peor que la otra.

Su teléfono no dejaba de sonar con notificaciones así que escribió rápidamente "voy un poco tarde, lo siento", para calmar a Rebeka.

Se dijo a que si mismo que si entraba rápidamente a aquel lugar y luego se dirigía a casa de Rebeka alcanzaría a cumplir con su palabra de encontrarse con ella.

Aparcó su bicicleta y se dispuso a entrar. Sin duda era un sitio muy concurrido. Aunque los asistentes se parecían más a él que al estilo de Carla, lo cual lo tenía aún más intrigado.

La observó a lo lejos reír y conversar con el tío de la barra, que le entregaba un vaso, el cual Carla lo acabo de un solo sorbo.

Ahora entendía un poco más el extraño comportamiento de la chica. Todo parecía mostrar que aquella no era la primera vez que hacía eso. Su cansancio y actitud respondía a estas salidas nocturnas.

Estaba dispuesto a dejarla, ya se le había pasado el tiempo y ella parecía estar bien en aquel lugar. Aunque a Samuel no le gustará nada, pero ¿qué podía hacer? ¿Acercarse y llevársela de ahí? Eso era imposible, sabía que solo lograría molestarla más, y demostrar que entre los dos él era el único encoñado.

Al verla tomar un nuevo vaso de alcohol como si fuera agua, dudo de su actitud de marcharse así sin más. Tal vez debería comprobar un poco más que estaba segura. Se arrimó a un lado, oculto en la oscuridad, siguiendo cada gesto que hacía Carla. Hasta que una chica de aspecto salvaje se le interpuso en su objetivo.

Nunca me has tenidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora