74- Discusiones

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Samuel se había preocupado cuando Carla dejó de leer y contestar sus mensajes. No le gustaba pensar que pudiera seguir molesta por lo que habían conversado en la tarde, así que tomó una decisión arriesgada.

Al salir del trabajo en vez de dirigirse a su casa dobló en dirección opuesta pedaleando sin detenerse hasta la casa de Carla. Era casi la medianoche cuando escondió la bicicleta en el mismo lugar de siempre y procedió a caminar sigiloso entre los arbustos. Le había mandado un mensaje avisándole que estaba ahí, pero aparecía no conectada.

Esperó silencioso tras el árbol que le servía para ocultarse, mirando constantemente la ventana de la habitación de Carla, esperaba ver que se encendiera la luz para confirmar que podía acercarse a la puerta de la cocina, pues es era el código que usaban. Estaba concentrado en eso cuando escuchó en las cercanías un ruido. Se escondió lo mejor que pudo para no revelar que estaba ahí, cuando vio salir desde otro punto del jardín, más alejado de donde él estaba, a una figura de ropa negra y capucha que se dirigía hacia una de las entradas.

Algo en ese hombre le hizo asustarse al creerlo un ladrón o algo así, pero rápidamente lo reconoció por la chaqueta y zapatillas que llevaba, era Nano. Su hermano estaba ahí para entrar a la casa de Carla y sintió ganas de gritar y golpear, sin embargo se contuvo, miró para todos lados, para asegurarse que aún no lo habían descubierto y suspiró aliviado al comprobar que no se veía a nadie más por los alrededores.

Cuando Nano llegó hasta una mampara, Samuel salió veloz para atraparlo. Si lo encontraban ahí podría meterse en grandes problemas y volver a la cárcel no era una opción que él ni su madre soportarían nuevamente.

Mientras corría vio como su hermano trataba de abrir la puerta pero estaba asegurada. Samuel sabía que no tenía mucho tiempo, si lograba entrar estaría atrapado. Nano intentó con la ventana y justo en el momento que esta se levantaba, comenzaba a sonar una alarma que lo delataba en su plan. Samuel lo agarró como pudo del brazo y lo jaló para que corriera de vuelta a los arbustos.

-¿Quién eres? ¿Qué haces?- intentó decir Nano creyendo haber sido atrapado por algún extraño.

-Soy tu hermano, gilipollas- le susurró a medida que lo hacía avanzar.

Las luces comenzaron a encenderse y el movimiento se hizo escuchar. Los guardias salieron rápidamente a revisar, justo en el momento preciso en que ambos hermanos se ocultaban en las sombras.

Samuel sabía que no podían quedarse ahí, revisarían hasta el último lugar de la casa así que sin perder tiempo obligó a Nano a seguirlo y salir de ahí.

-Joder ¿Cómo has podido?- reclamaba furioso, pero en voz baja. Mientras no salieran de la propiedad y se alejarán un par de kilómetros no estarían a salvo.

Caminaron como bandidos entre las sombras, ayudados por la vegetación hasta que la casa de los Rosón Caleruega ya no se distinguía, ni ellos podían ser detectados.

Nano iba tan furioso como su hermano, pero sabía que debía ir en silencio. Los reclamos le correspondían a Samuel.

No se habían detenido ni un segundo, mientras Samuel sentía el miedo en su nuca, temia que en cualquier instante apareciera alguien a detenerlos.

Un mensaje en su móvil lo sobresaltó y lo revisó inmediatamente.

-¿Has sido tú?- preguntaba Carla, y aunque no tenía imagen ni voz escuchaba en su cabeza el tono de preocupación que debía tener.

Nunca me has tenidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora