79- Redención

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Samuel sintió que todo lo que estaba viviendo era como si estuviera mirando una película de terror, el sonido del disparo retumbó fuerte y profundo en sus oídos.

Vio en cámara lenta como Carla caía al suelo y eso fue el impulsor para que gritara un No tan desgarrador que a Guzmán y Nano les erizó la piel y lo vieron correr al lado de ella.

Un segundo disparo fue lo que hizo que Nano y Guzmán fueran tras de él.

Samuel sintió que aquellos metros que lo separaban de Carla fueron eternos, el corazón le latía a mil y las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas, mientras solo pedía una cosa, que ella estuviera bien.

Ni siquiera se dió cuenta que Polo también había caído al suelo, en ese momento nada más le importaba que llegar al lado de ella. Todo estaba comenzando a cubrirse de sangre y Samuel sentía sus piernas desfallecer.

Cuando llegó a su lado se hincó sin cuidado, y al verla que tenía los ojos cerrados, sin dudarlo ni un segundo la tomó de los hombros y la atrajo a su cuerpo.

-Carla... Carla por favor, mírame- le comenzó a suplicar acunándola en su pecho.

A tenerla a su lado comenzó a percibir una suave y dificultosa respiración. El saberla respirando le hizo soltar un suspiro de alivio, aunque nada le aseguraba que estuviera bien. La sangre brotaba de su pecho e intentó detenerla con su mano.

-Joder- gritó Guzmán a su lado sin saber que hacer.

Veía el espectáculo sangríento que tenía en frente y se sentía a punto de desmayar.

-Hay que llamar a una ambulancia... llamen a una puta ambulancia- gritó Samuel desesperado intentando detener la hemorragia.

Nano que había llegado más cerca de Polo lo miraba con rabia y dolor. Él había sido el culpable del sufrimiento más grande de su vida y ahora yacía a sus pies con los ojos abiertos y sin vida. Tenía ganas de patearlo, revivirlo y volver a matarlo, pero esta vez con sus propias manos. Sin embargo cuando escuchó la petición angustiada de su hermano y lo vio abrazado a la chica que quería se vio a sí mismo. Él hubiera querido esa oportunidad, haber tenido a alguien que llamara y lo ayudara a salvarle la vida a Marina. Y por eso no lo pensó dos veces, tomó rápidamente el teléfono y marcó para pedir ayuda.

Lucrecia ingresó casi corriendo y se quedó paralizada viendo los dos cuerpos en el suelo. Ver a Samuel abrazando a su amiga como si la vida se le fuera en ello la hizo retroceder. Guzmán al verla se acercó para ayudarla y evitar que siguiera viendo aquello, pues ni él era capaz de hacerlo.

-La puta que lo parió- decía Nano enfurecido mientras caminaba en círculos.

Había llamado a la ambulancia y Lucrecia comenzó a llamar a Pablo, sin dejar de mirar a su amiga, pero no se atrevía a preguntarle a Guzmán, que la mantenía a cierta distancia , si estaba viva o no.

Samuel entre lágrimas vio como Carla abría los ojos y lo quedó mirando con dolor. Intentaba decir algo, pero parecía no tener fuerzas.

-No, no hables, por favor, ya viene la ayuda...- le pidió sin dejar de apretar por donde salía la sangre.

Carla sentía un dolor indescriptible, como un fuego que le ardía por todo el cuerpo, pero al abrir los ojos lo que más la afectó fue la mirada desesperada de Samuel, estaba llorando sobre ella, aferrándola a la vida, pidiéndole que no se rindiera cuando ella solo quería cerrar los ojos y dejarse ir, estaba cansada, agotada de todo lo que la embargaba, ese dolor era tan asfixiante que no lo soportaba más, quería que se acabara toda esa pesadilla.

Con toda la fuerza que tenia levantó la mano y le tocó la mejilla a Samuel, sus dedos manchados con su propia sangre se mezclaron con las lágrimas de Samuel y pudo esbozar una suave sonrisa. Solo él podía hacerla sonreír en un momento así. Se sentía tan afortunada de haberlo conocido y haberse dejado enamorar por él.

Nunca me has tenidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora