Samuel se había bebido el café que le trajo Nadia de un sorbo. Su cabeza ya estaba más despejada, pero eso solo había empeorado su sentimiento de culpa.
-¿La he cagado verdad?- preguntó sumiso.
Nadia lo miraba severa. Samuel sentía que su amiga era peor que su madre en ese momento.
-Casi has montado menudo espectáculo- le recriminó mientras le mandaba un mensaje a Guzmán para que no se preocupara al no encontrarla.
-Se me subió a la cabeza- murmuró él a modo de disculpa.
-Has tenido suerte. Los demás estaban en su mundo-continuó regañándolo. Se había salvado por poco de gritar a los cuatro vientos aquello que se supone que mantenía en secreto y para lo cual le había pedido ayuda.
Aunque a Nadia el apoyo de Ander le había llamado la atención, porque la había ayudado a calmarlo y apartarlo con total naturalidad, como si hubiera estado al tanto de todo eso.
Samuel intentaba mirar hacia dónde se encontraba Carla, pero se le hacía imposible con la cantidad de personas que habían en la pista de baile. No se quería imaginar cómo debía estar ella.
-¿Está muy enfadada?- preguntó bajito como si realmente no quisiera preguntar o escuchar la respuesta.
-Supongo... estaba muy incómoda. Es que estabas incontrolable-le aclaró notando que esa información hundía más a Samuel en su asiento.
Lo vió agarrarse la cabeza y quedarse ahí bastante minutos. Sentía pesar por su amigo, si para ella era duro ocultarle su relación a su familia, no sé imaginaba lo que era tener que hacerlo también frente a toda la escuela.
-Ander fue de gran ayuda- indicó para advertirle que quizás ya había alguien más en conocimiento de su secreto.
Samuel sólo asintió. ya había tenido la sospecha de que Ander podía saber algo, pero no había tenido tiempo de consultarle aquello a Carla. Sabia del vínculo que estaban formando así que no se le hacia extraño que la chica hubiera confiado en él.
-¿De qué fue todo eso?- se atrevió a preguntarle Nadia más dulce, mientras se sentaba al lado de su amigo y lo consolaba.
-Quiero hacer algo normal ¿sabes?- Le confidenció mirándola a los ojos, recibiendo un asentimiento de parte de ella.
-Llevamos semanas así, ocultos, fingiendo. Me encanta estar con ella- comenzó a sincerarse más relajado.
Aquello llamó la atención de Nadia, Samuel solía ser reservado, pero ahora parecía estar abriéndose sin tapujos. No lo quería interrumpir, sabía que aún tenía mucho alcohol que lo hacía hablar de mas, sin embargo entendía que lo necesitaba. Había explotado por tener todo eso guardado.
-Cuando estamos juntos nos llevamos de maravillas... pero siempre encerrados, en mi casa o en la suya-siguió develando más expresivo.
-¿En su casa?-Lo interrumpió Nadia confusa.
-Me he logrado colar en la noche- sonrió victorioso, aunque ante la expresión desconcertada de su amiga se encogió los hombros como si se sintiera regañado.
-Samu ¿No te estas arriesgando demasiado? ¿Qué pasaría si su padre los pilla?- Se preocupó Nadia por su amigo. Cualquier padre que encontrara a un chico metido en la habitación de su hija se enfadaría, no quería imaginar qué haría el padre de Carla, ya era sabido por varios, que aquel hombre era capaz de muchas cosas.
Samuel sabía que Nadia tenía razón, cada día jugaban con más fuego. Pero no podía dejarlo.
Se quedó de nuevo en silencio, hasta que reconoció una figura que conocía a la perfección dirigiéndose a la salida. Carla salía al exterior mientras se terminaba de cerrar el abrigo. Samuel quiso ir a detenerla, no podía dejarla ir así.
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Nunca me has tenido
FanfictionSamuel y Carla jugaron con fuego. Él para descubrir la verdad, ella para mantenerlo alejado de esta. Pero ¿qué pasa cuando se traspasa la línea de juego y se transforma en algo más? ¿Qué pasa cuando la traición y el dolor te aleja de quien quieres...
