66- Conversaciones II

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El segundo día despertando juntos ya no fue una sorpresa para Samuel, aún así, sintió la misma felicidad que el día anterior. Trató de abrazarla y sentirla en su totalidad, pero cuando notó que una parte de su cuerpo estaba reaccionando por ese contacto se alejó inmediatamente para controlarse.

Se quiso levantar para ir a darse un baño bien frío y alejar todos esos pensamientos que venían perturbándolo desde la noche anterior, cuando antes de dormirse se habían besado interminablemente, pero la mano de Carla lo detuvo en su escape.

-¿A dónde vas?- le preguntó somnolienta.

-Me iré a bañar- le respondió mientras Carla lo seguía afirmando del cuello y del hombro.

-Aun es muy temprano- le hizo ver ella ya que recién estaba amaneciendo.

-Es que así te dejo tiempo para ti en el baño .... - trató de excusarse Samuel rogando porque no se hubiera dado cuenta de su pequeño problema.

-Samuel...¿Te estás escapando de algo?- le preguntó ella arrimándose más a su lado.

Carla en ese momento se percató de lo que le pasaba y le hacía mucha gracia que él quisiera ocultárselo.

-No, jamás me escaparía de ti- le dijo Samuel mientras sentía como la mano de ella comenzaba un camino hacia abajo desde su torso.

-Parece que estás muy despierto...- le bromeó Carla hablando bajo y profundo mientras le rozaba el pantalón.

-Lo siento... contigo al lado no me puedo controlar- intentó disculparse Samuel un poco avergonzado por su propia reacción.

Carla le sonrió y se levantó un poco para darle un beso en los labios.

-Que yo no pueda, no significa que tú no puedas disfrutar- le susurró al oido mientras liberaba su miembro del pijama y comenzaba a masajeárselo con la mano.

-Joder Carla, no es necesario...- gimió Samuel cerrando los ojos, pero ni siquiera hizo un intento por detenerla, se recostó en la cama y disfrutó las sensaciones que estaba sintiendo.

-shhh.... debes ser muy silencioso- le recordó ella mordiéndole el lóbulo de la oreja.

Samuel se sintió en la gloria bajo las atenciones de Carla y aunque trataba de controlar su respiración y  jadeos, llegando al final se le estaba haciendo difícil, por eso cuando Carla lo besó y le jugueteó con su lengua, él dejó escapar el gemido más fuerte que había dado en su vida, aunque este fue acallado por los labios de ella.

-Así me lo haces más difícil- se quejó Samuel sin poder borrar la sonrisa de su cara.

-¿Qué te hago más difícil?- preguntó Carla recostada en su pecho que aún subía y bajaba agitadamente.

Pero Samuel aún no le quería decir que debía arreglar las cosas con sus padres, pues él no quería que se fuera de ahí, la quería para siempre a su lado.  Despertando así era un sueño que no quería acabar. Sin embargo entendía los reparos de su madre e incluso de Lucrecia que le habían repetido incansablemente el día anterior que su misión era mediar entre Carla y su familia. Y lo haría, pero cuando Carla estuviera lista, mientras tanto disfrutaría lo que más pudiera con ella en casa.

Nunca me has tenidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora