5- ¿Quién eres?

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Una semana llevaba de retorno al colegio y nada parecía cambiar. Hasta el momento sus padres no se habían dado por enterados de sus escapadas nocturnas. Llegaba a clases, con solo una o dos horas de sueño, se sentaba al lado de Ander quien apenas le dirigía la palabra en clases, aunque ella tampoco hacía el intento de conversar con él en ese lugar.
Era como un acuerdo tácito, sin siquiera ponerse de acuerdo habían asumido que en el colegio seguían siendo dos compañeros aislados de todos, incluso entre ellos. Sin embargo habían encontrado mundo privado, en un pequeño bar, donde se sacaban las máscaras. Dejaban sus pasados atrás y se olvidaban de todo. Se embriagaban, bailaban, reían y disfrutaban de la libertad.

Todos sus compañeros resolvían de manera silenciosa el examen que tenían. Carla miraba los números que se le mezclaban unos con otros. Finanzas siempre había sido su fuerte, pero ese día no podía distinguir el 2 del 5. Intentó trazar algunas respuestas, sin embargo al tercer intento se rindió. Miró para el lado y se dio cuenta que Ander no lo hacía mejor que ella, pero su palidez extrema fue lo que la alertó.

-¿Estás bien?- le susurró.

Ander solo asintió con la cabeza, mientras continuaba intentando resolver el primer ejercicio.

Carla recordó de improvisto la sangre que le había salido a Ander la primera noche que se juntaron. Si bien no había vuelto a suceder, una extraña punzada le recordó lo vivido.

-Deberías acudir al médico o tal vez descansar una noche- volvió a susurrar Carla. Mientras Ander le hacía una seña para que dejara el tema.

-Silencio- le advirtió el maestro mirando a Carla de manera reprobatoria.

-Ya he terminado- prefirió decir Carla, aunque no había logrado terminar ni siquiera un ejercicio.

Al entregar la hoja el profesor no pudo más que mirarla con desaprobación.

-Vuestro tutor Pablo me ha pedido que te avise que te dirijas a su oficina cuando terminarás el exámen- le indicó en voz baja, mientras negaba con su cabeza.

Carla salió sin siquiera mostrar una señal de aflicción al dejar a todos sus compañeros atentos a lo que le había dicho el profesor. Había intuido que tarde o temprano tendría que enfrentarse a aquel nuevo tutor y no se le apetecía mostrarse débil ante él.

Al golpear la puerta se aseguró de estar preparada mentalmente, sin mostrar una señal de que algo no estaba bien.

-Pase- escuchó desde adentro.

Al abrir la puerta lo encontró sentado en su escritorio. Mirándola con una sonrisa amable que invitaba a cualquiera a confesarse con él .Pero eso con ella no funcionaba.

-Carla, qué bueno verte, bienvenida. Toma asiento- le indicó él apuntándole la silla.

Carla lo miró con un rictus de seriedad, mientras se movía para quedar frente a él. Respiraba pausadamente, con sus brazos cruzados y mirada fija.

-¿Cómo te ha ido en el examen?- preguntó Pablo tratando de romper el hielo.

Carla simplemente se encogió de hombros mientras se miraba la manicura.

-Estás ultimas calificaciones siempre son las más  duras ¿no?- trató de bromear el tutor.

-¿Para qué me has llamado?- le preguntó a quemarropa. No se quería ir con rodeos ni frases de falsa cortesía.

Nunca me has tenidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora