43- Algo pasa

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Samuel espero hasta el lunes como Carla le había pedido, no había sido fácil aguantarse las ganas, pero tampoco quería agobiarla y el trabajo que tenía había ayudado a que pasará veloz el tiempo de espera.

Cuando llegó a los pasillos de Las Encinas, más temprano de lo habitual, la buscó con la mirada, pero no se veía. A medio camino se encontró con Lucrecia y decidió preguntarle por Valerio.

-Lucrecia...¿Cómo sigue Valerio?- la detuvo para preguntarle.

La chica lo quedó mirando como si no entendiera de que hablaba.

-¿Por qué me preguntas a mí sobre ese cretino?- le cuestionó enojada y suspicaz, aún temía que el secreto de lo que había pasado con Valerio, y que Samuel sabía, pudiera salir a luz.

Samuel se sintió descolocado por la respuesta de ella.

-El viernes estaba bastante mal... sólo quería saber qué tal habían seguido las cosas- le aclaró Samuel.

-Esta por ahí, no he tenido el privilegio de que lo internen- respondió de mal humor.

Samuel hizo un gesto con su rostro al ver cómo la mexicana lo dejaba solo y sin más respuesta que eso. Negó con la cabeza mientras volvía a su misión de encontrar a Carla.

Cuando la vio llegar se apresuró a acercarse a ella. Carla parecía no haberse percatado de su presencia hasta que Samuel estuvo a su lado.

-Buenos días- la saludó provocando que Carla diera un pequeño brinco.

-Joder Samuel, me has asustado- respondió recuperándose de la impresión.

Samuel la observó atentamente, había algo en su tono de voz y cómo le había hablado que le llamó la atención. Parecía nerviosa y que no se alegraba de verlo como él esperaba.

-Lo siento, no pensé que te asustarías...- murmuró como disculpa, intentando acercarse a ella para abrazarla.

Carla lo miró a los ojos y comenzó a sentirse mal, la tristeza y rabia de lo ocurrido el fin de semana renacía con fuerza, pero no la dejó salir, con toda la práctica que tenia colocó su mejor expresión de neutralidad.

Cuando sintió los brazos de Samuel en su cintura, quiso derretirse en ellos, pero el recuerdo de sí misma al lado de Polo en la cama le hizo rechazar el gesto dejando a un Samuel consternado por aquella reacción.

-¿Qué sucede?- preguntó extrañado.

-Lo siento... es que vamos tarde a clases- se excusó Carla.

-Sigues enfadada- aseveró Samuel, tratando de buscar una explicación, mientras se quedaba detenido. Él quería seguir conversando.

-No, claro que no, pero hablemos después- le aseguró Carla haciéndolo caminar al salón.

Samuel la siguió en silencio, mientras ella caminaba sin saber qué hacer. Había prometido, no sólo así misma, sino que también a la mamá de Samuel e incluso a Nadia que no lo lastimaría y lo que más le pesaba era que ya había roto esa promesa, solo le bastaba hacérselo saber.

Cuando ingresaron al salón, Polo la siguió con la mirada sin preocuparse de que alguien se diera cuenta. Carla se percató de eso, pero no dejó que la perturbara, aparentó la mayor frialdad que tenía, aunque ese esfuerzo la estaba agotando.

Samuel estuvo mirándola toda la clase desde su puesto, apenas logró tomar un par de apuntes sin sentido. Nadia le hizo un par de señas para que pusiera atención, pero aunque trataba no podía concentrarse.

-¿Qué te pasa?- le murmuró Nadia mientras trataban de resolver unas ecuaciones.

-No lo sé... Algo le pasa a Carla- murmuró mirándola de reojo.

Nunca me has tenidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora