36- Repercusiones III

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Cuando Teo entró a casa seguido de la marquesa ambos venían en silencio. Él fue el primero en darse cuenta de que su hija estaba en el salón esperándolos.

-¿Qué haces aquí, aún despierta ?- le preguntó desconcertado.

-Necesito hablar contigo papá- le respondió fríamente, mientras su madre se quitaba el abrigo y escuchaba atenta.

Ambos, padre e hija la quedaron mirando, Beatriz asintió sin necesidad de que le pidieran que se marchara, conocía a su familia y prefería irse a descansar que ver un berrinche de Carla.

Cuando estuvieron solos, Teo se acercó a servirse una copa de vino, la degustó con parsimonia y luego miró a su hija.

-¿Qué me quieres decir?- le pidió mantenido su compostura relajada.

-¿Qué te ha hecho Samuel?- le preguntó contendiendo su enojo.

No se andaría con rodeos, ya había dejado pasar muchas cosas y por demasiado tiempo.

Teo levantó una ceja sorprendido del atrevimiento de su hija.

-¿Por qué me preguntas por ese chaval?- cuestionó Teo para indagar a dónde quería llegar Carla.

Era la primera vez que ella sacaba el tema. Siempre lo había evitado. Aquel abrupto interés de conversar sobre él le parecía interesante.

-¿Crees que no sé qué fuiste tú?... El que le mandó a pegar el mismo día que me fuiste a buscar a su casa- comenzó a reclamarle ya sin miedo a las repercusiones.

-Carla...- comenzó a advertirle su padre endureciendo su mirada.

-... crees que no se que tú estás metido tras la amenaza de desalojo que tienen por una supuesta deuda de su hipoteca- siguió diciendo sin bajar la intensidad de sus palabras.

Teo por un segundo se vió sorprendido de que Carla manejara aquel dato. Sin duda su hija era hábil, justo como él quería que fuera. Aunque en ese momento lo estuviera usando en su contra.

-Estás haciendo acusaciones muy fuertes contra mi, que soy tu padre- se defendió Teo mostrándose ofendido.

-Te conozco- murmuró Carla aún enojada - se de lo que eres capaz-

Aquella mirada que tenía Carla hacía su padre, por primera vez le afectó a Teo. Su hija ya no lo miraba con admiración, respeto y cariño ciego, sino que había duda, decepción y dolor.

-¿Qué quieres?- le preguntó él condescendientemente.

Carla endureció su mirada para que él entendiera que no quería un dulce, una muñeca o cualquier capricho a los que él estaba acostumbrado a darle como compensación a la falta de tiempo y cariño paternal. Esta vez ella estaba dispuesta a luchar y no conformarse con lo que él decidiera.

-Que lo dejes en paz. Que dejes a Samuel tranquilo- exigió Carla con tal fortaleza de voz y expresión que no quedó duda de que no aceptaría menos.

Teo soltó un suspiro ofuscado y se tocó el puente de la nariz para calmarse al comprender lo que aquellas palabras significaba: Su hija se había enamorado de un muerto de hambre.

Era la única explicación de tenerla así frente a él. Lo había sospechado cuando ella lo enfrentó durante la desaparición de Samuel y posterior confesión del crimen de Marina, pero luego las cosas habían tomado otro rumbo, se había calmado y parecía ya no importarle, sin embargo, al parecer se había equivocado.

En esos momentos Teo se arrepentía de no haber actuado de manera más radical cuando se enteró, por el seguimiento que le había echo, que se habían vuelto a reunir y se juntaban en la casa de él. Debió haber evitado que Carla siguiera con ese juego, detenerla cuando estaba a tiempo y no era más que un capricho, pero no lo había echo en su momento y ahora tenía que enfrentar las consecuencias. Carla estaba dispuesta a enfrentarse a él por ese chico y no parecía tener miedo ni ganas de retroceder.

Nunca me has tenidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora