Capitulo 30.

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El insomnio se apodero del cuerpo de la fémina, cada que trataba de conciliar el sueño siempre aparecía la misma escena: ella tirada en el suelo con Angelo quien no paraba de golpearla.

Astrid deseo que solo hubiera sido un mal sueño, pero para desgracia de ella eso no fue un sueño, sino un recuerdo de algo vivido hace apenas unas horas, y el dolor de su cuerpo se lo reafirmaba.

Lo más alarmante para Astrid no fue estar recordando aquello.

Lo que la había alarmado al punto de tener un pequeño ataque de pánico fueron los recuerdos de su infancia... de la vida que tuvo antes de Rose y Mark.

Era cierto que ella era muy pequeña cuando sucedió todo aquello, pero cuando sufres de un trauma tan fuerte este se arraiga a ti para siempre, no importa si llegas a olvidar algunos detalles, este no se ira de tu lado y aun cuando lo hayas trabajado y perdonado a los causantes de este mismo, siempre habrá un pequeño vestigio a tu lado, recordante lo que sucedió.

Astrid creyó que lo había superado, pues ya tenía más de tres meses sin recordarlo, pero los golpes que Angelo le proporciono actuaron como un detonante en su mente y pequeños fragmentos de recuerdos vinieron a su mente. Recuerdos de su madre tirada en el suelo mientras que un hombre la golpeaba y ella se mantenía escondida debajo de la cama.

Cuando Astrid creció formo su propio criterio y se dio cuenta de que su madre no era mala, ella había sido una niña cuidando a otra niña, fue echada de su casa a los quince años y no encontró otra salida más que esa. No le guardaba rencor, pero juro que nunca sería como su madre, y no fue como ella... fue peor.

Su madre soporto todo aquello porque necesitaba el dinero, para poder mantenerse a flote, pero Astrid soportaba todo aquello por lo que ella creía que era "amor" y que en realidad no era más que una enfermiza dependencia.

A la mañana siguiente Astrid despertó por el chirriante sonido del despertador, apenas trato de sentarse sobre la cama una punzada atravesó su costado.

Astrid reprimió un pequeño gritito.

Lo que menos deseaba era que su madre se diera cuenta de su estado.

El dolor de su costado disminuyo un poco y esto dio paso al horrible dolor que aporreaba su cuerpo, Astrid soltaba leves jadeos, reprimiendo los fuertes quejidos que deseaba emitir, pero que debía callar para que nadie se enterara.

Sus piernas dolían al tratar de ponerse de pie, pero el verdadero dolor estaba centrado en su abdomen y espalda, sentía que sus huesos se habían fracturado, pero eso era equivoco.

Sosteniéndose de la cabecera de la cama logro con bastante trabajo ponerse de pie.

Al dar el primer paso soltó un quejido, sus piernas dolían como si hubiera corrido un maratón— o en este caso una golpiza—

Apoyándose de cualquier cosa que estuviera al alcance de sus manos camino con dificultades hasta su baño.

Caminaba con la cabeza gacha, tratando de evitar ver su reflejo, no quería enfrentarse a la realidad de lo que se estaba convirtiendo: una mujer violentada, que sigue al lado de su verdugo.

Con miedo de lo que se fuese a encontrar levanto la cabeza lentamente, y su reflejo la alarmo, odio lo que vio, pero tampoco hacia nada para evitar volver a tener que enfrentarse a esa imagen.

Su mejilla estaba adornada por un cardenal causado de la bofetada que Angelo le dio, esta era de un color violeta, sus ojos hinchados, le pareció deprimente a Astrid el que ya se había acostumbrado a tener los ojos hinchados por causa del llanto, desde que Angelo llego a su vida llegaron las tristezas y poniendo los momentos felices contra los tristes en una balanza, los tristes ganaban por mucho, por cada momento feliz que vivió al lado de Angelo había dos o tres momentos tristes.

Astrid se daba cuenta de todo, pero se negaba a verlo, se decía internamente que era muy feliz con Angelo, pero la realidad era muy diferente y Astrid veía esa realidad, pero se negaba a alejarse de él.

Dio un suspiro antes de que con manos temblorosas despojara a su cuerpo de la bata que llevaba puesta, dejándola al descubierto, con tan solo unas bragas cubriéndola.

Comenzó a caminar, dando pasos pequeños, tratando de posponer lo más posible aquella visión, cerró los ojos cuando el espejo de cuerpo completo comenzó a estar más cerca, caminaba a ciegas, todo por evitar aquella trágica visión. Hasta que llego a su destino y se vio obligada a abrir los ojos y enfrentarse a su reflejo.

Se asustó de lo que vio y ese miedo debió de haberla ayudado a salir de aquel abismo al que estaba cayendo, pero no lo hizo.

En su costado izquierdo justo en donde se advertían la presencia de sus costillas se extendía un enorme moretón color purpura, este dolía ante el mínimo roce.

Acaricio delicadamente con la yema de sus dedos el contorno de aquella marca temporal, sus dedos temblaban mientras delineaba la silueta del hematoma.

Dándose la vuelta tomo un pequeño espejo para poder ver el reflejo de su espalda, y las lágrimas cayeron de inmediato.

En su espalda se podían ver claramente cada línea de lo que el cinturón causo, estas tenían un color morado y verdoso, para suerte de Astrid la piel no se había abierto.

Astrid soltó el espejo no pudiendo ver su reflejo durante más tiempo.

Lleno la bañera de agua caliente y esencia de jazmín.

Se adentró en está sintiendo como el agua iba abrazando su piel, Astrid no disfruto del agua como siempre lo hacía, a decir verdad, ella se veía ida, como si su cuerpo estuviese ahí, pero su mente estuviera en un lugar muy lejano.

Se recostó sobre la bañera dejando que el agua cubriera su rostro y parte de su torso, Astrid mantenía los ojos cerrados, esperando que todo lo que sucedió en las últimas semanas hubiera sido solo una mala jugada de su imaginación, pero cuando sus pulmones comenzaron a arder en la búsqueda de aire y se vio obligada a levantarse se dio cuenta de que nada de lo sucedido había sido un mal sueño, todo fue real, tan real como que ella aun viendo todo se negaba a alejarse de él.

Astrid abrazo sus piernas, recostado su cabeza sobre las rodillas, su vista estaba fija en la pared blanca, pero, su mente estaba en un lugar diferente, en un lugar alejado, donde no había dolor ni golpes, donde podía mantener tener una relación sana con Angelo, una donde no había golpes ni insultos acompañados de palabras de perdón vacías.

Astrid se sentía tan bien estando en aquella fantasía.

Pero solo era eso. Una fantasía.

Porque en la realidad Angelo no cambiaría, ni ella tampoco buscaba salir.

Astrid sabía muy bien que Angelo no la amaba, no de la forma adecuada, porque su amor dolía y quemaba, pero Astrid estaba tan desesperada por sentirse amada que ella aceptaba aquel amor enfermizo, no le importaba si dolía, con tal de que no se fuera de su lado lo aceptaría.

Muchas personas creen en el destino, en que nacemos y estamos destinados a algo en específico.

Astrid creía que Angelo era su destino, a lo que siempre estuvo destinada.

Rose por el contrario no creía en ello, ella creía que el destino lo forja cada persona, con sus acciones y sus palabras.

Y Astrid estaba forjando su destino, una gris e infeliz.



No sé ni por donde comenzar, ayer comenzaron a acusarme de plagio, de que había plagiado la historia de una chica que ya ni siquiera se encuentra en Wattpad, le pedí pruebas a esta chica del dichoso plagio y no me dio ni una sola.

Sé que las casualidades existen y más en Wattpad, existen miles de historias con el mismo tema o trama, pero no por ello quiere decir que cada una de esas historias fue plagio.

Yo estoy muy tranquila y segura de mi misma, porque tengo absoluta certeza de que yo no plagie nada, el plagio es algo horrible y me sentí muy mal de que me acusaran de algo así.

Así que yo seguiré haciendo lo que amo, espero y me sigan apoyando. 

Abismo [borrador]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora