"El Amor es el monstruo más salvaje de todos. Aún cuando desconoces que incluso tú misma ya estás enamorada".
Rose llevaba un largo rato o al menos así lo había sentido ella, mirando con el rabillo del ojo el reflejo que le mostrado tras ella el gran espejo del baño. Podía apreciar las grandes y feas ronchitas rojas que le habían quedado sobre sus hombros desnudos y gran parte de su espalda baja. Si, aún le quemaban y la picazón era horrible. Sin embargo, Chris la había dejado bien sentadita tal como si fuese una pequeña niña sobre la tabla de mármol junto al lavabo de la pieza mientras él se encargaba de llenar la tina e ir a la planta alta por algunas prendas limpias para él.
Evans regresó y no pudo evitar sonreír como idiota cuando al entrar al baño y poner el pestillo de nuevo la encontró tal y como la había ha dejado, solo que ahora el peinado que sostenía su cabello rubio estaba deshecho.
-Ya no las mires, amor. Después de la ducha te sentirás mejor. Lo prometo. -Evans suavizó la voz y la envolvió entre sus brazos con cariño para bajarla de ahí y llevarla hasta la tina que ya estaba rebozando de espuma.
-Pica poquito...
Ella quiso tranquilizarlo para después tomar su mano y dejar que la ayudara a entrar a la tina para sumergirse en el agua aún con su traje de baño amarillo puesto. Cosa que la extraño un poco, pero no estaba dispuesta a decir algo que pudiese hacer que el hombre se arrepintiera.
-Espera aquí, nena. Me quitaré esto.
Evans besó sus labios con delicadeza y le dio la espalda rápidamente para quitarse la camiseta y la bermuda que llevaba encima, quedándose en simples bóxers mientras Rose hacía exactamente lo mismo que él, desvestirse. Lamentablemente para él, ambos tenían ideas muy diferentes de lo que ducharse juntos significaba. Chris pensaba en que podían quedarse en ropa interior para cubrir sus partes más privadas mientras que Rose sabía como regla básica que las personas normales no se bañaban con la ropa puesta. Así que con mucha seguridad se sacó las dos piezas de ropa bajó el agua y las dejó caer completamente empapadas a un lado de la tina, justo sobre la loza fría del piso.
-¡Perfecto!
Chris se acomodó el elástico de sus bóxer sobre la cintura, y sonrió satisfecho. Estaba seguro de que no estaba haciendo nada inapropiado, tomó una gran bocanada de aire, sintió sus mejillas arder y cuando estuvo listo giró para encarar a la bella mujer que aguardaba ansiosa bajó el agua.
Era la primera vez que Rose lo vería con poca ropa y la idea de no tener el tipo de cuerpo que pudiese gustarle lo hizo sentirse muy inseguro. Sin embargo, la realidad era otra, ya que la rubia solo conocía a detalle la complexión atlética, desnuda y masculina del Señor Grey, pero sin duda lo que vio frente a ella cuando él la encaró la dejó con la garganta seca, los labios entre abiertos y los ojos llenos de sorpresa.
Fue tanta la impresión que Chris no pudo evitar sentirse intimidado por las dos hermosas y brillantes esmeraldas que lo recorrieron de pie a cabezas sin ninguna vergüenza. Rose sonrió enamorada y se movió inquieta bajó al agua al sentir como las maripositas en su estómago revolotearon enloquecidas dentro de ella. La pequeña sirena deseaba saciar toda su curiosidad acumulada, quería mirar más de cerca los lunares sobre los hombros y espalda de su novio, quería frotar la palma de sus manos sobre los cuadritos tan definidos y bronceados que se marcaban en su abdomen, quería recorrer la yema de sus pulgares sobre la punta rosada que sobresalían en su pecho, y peinar los vellitos de sus pectorales y brazos también.
-Cariño, me estás poniendo nervioso. -Evan pasó saliva y por inercia terminó cubriendo sus pezones con ambos brazos al cruzarlos. Se sentía tan nervioso que ni siquiera fue capaz de notar el bulto de ropa que escurría junto a la tina.
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🌊 𝝝𝗖𝗘𝝠𝗡 𝗘𝗬𝗘𝗦 🌊
RomanceHace exactamente 5 años que una de las familias más reconocidas de España en el campo de la construcción había sufrido una ruptura irreparable que había dejado el corazón de Christopher Evans completamente despedazado. Con tan solo 28 años de edad y...