CAP 19 UN DÍA MÁS

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"El temor y la esperanza nacen juntos y juntos mueren".

-¿Cómo sigue, mamá?

Chris preguntó después de entrar a su casa. Era casi medio día del lunes y por cuestiones de trabajo había tenido que salir muy temprano en la mañana. Desafortunadamente no había conseguido concentrase en nada de lo que debía hacer. Al menos no sabiendo que Rose se había quedado muy afectada desde el suceso de la madrugada así que tomó sus cosas, dejó a Barnes y Liz a cargo de la nueva obra y regresó.

-Está en la habitación con Lucy, cariño. No ha querido comer, ni dormir, solo está recostada en su cama con la mirada perdida. No ha dicho una sola palabra desde que te fuiste.

Lissa le comentó con preocupación, ella al igual que su hijo estaban realmente angustiados por ella. Querían entender lo que estaba sucediendo, querían ayudarla.

-¡Papá, volviste!

Lucy corrió y gritó con la voz rota para pedir que el hombre la levantara en brazos. Ella al igual que ellos estaba resintiendo el mal estado de Rose.

-¿Cómo estás, mi amor? -Chris suavizó la voz y su corazón se hizo chiquito cuando su hija escondió su rostro en el hueco de su cuello y se echó a llorar.

-Mami no quiere hablar ni jugar conmigo papi. Esta muy enferma, muy triste. -Lucy le explicó y el hombre trató de reconfortarla.

-Ella no se siente bien amor, pero nosotros haremos que se sienta mejor. ¿De acuerdo?

Chris besó la frente de su hija y la bajó.

-Iré a hablar con ella, quédense aquí, por favor. -Evans le dijo a ambas mujer para después caminar a la habitación de la rubia.

Rose se había mantenido en la misma posición por horas. Estaba recostada de lado echa un pequeño ovillo mientras miraba en dirección al gran ventanal de cristal que había en su habitación. La hermosa vista que siempre había tenido a la playa ahora estaba empañada con cientos de gotas que escurrían debido a la llovizna que no cesaba.

-Amor... -Evans susurró con cariño, pero ella no pareció reaccionar a su presencia así que caminó con sigilo y se sentó a su lado sobre la orilla de la cama.

-Ya volví, nena. Estoy en casa.

Chris acarició su mejilla y bajó con mucha delicadeza para dejar un beso casto en su frente, acto que finalmente la hizo parpadear y llevar sus ojos a ese pozo de agua marina que tanta tranquilidad le daba.

-Eso es mi amor, aquí estoy...

Soltó afligido al verla tan ausente y tan pálida. Se veía realmente cansada y las bolsas bajó sus ojos la delataban. No había vuelto a dormir desde que había despertado fuera de sí durante la madrugada.

-Tienes que comer un poquito, amor... Descansar... -Él le explicó, pero ella no dijo nada.

-Por favor, preciosa. Habla conmigo, dime qué pasa.

El rostro entristecido del hombre hizo que Rose sintiera unas inmensas ganas de llorar. No le gustaba verlo así y aunque tratara de decir lo que sentía no tenía una explicación lógica para justificar su estado de ánimo. Solo sabía que tenía mucho miedo y que tarde o temprano alguien vendría por ella para lastimarla.

Chris se quitó los zapatos y sin esperar a que Rose pudiese decir algo, se metió a la cama con ella y se recostó de lado para quedar justo frente a frente e invitarla a acurrucarse contra su pecho, cosa a la que ella no se negó. La rubia simplemente se escurrió sobre el colchón y se hundió entre la calidez de su cuerpo mientras éste la envolvía con ambos brazos para cobijarla.

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