Un mes después estaba feliz pero agotada.
Después de hablar sobre nuestras inseguridades, Santino me había convencido a publicar videos de mis coreografías en internet. Según él, verme haciendo lo que mejor sabía hacer iba a ayudarme. Y en parte tuvo razón. En gran parte. Pero era agotador, no solo por editar videos y toda esa mierda, sino porque no tardaron mucho en ser "famosos" o "virales". Y eso último significaba que más alumnos se habían anotado en mis clases, llenando cupos y generando aún más nuevas clases.
Básicamente, entre mis trabajos, los videos y Santino sentía que apenas tenía tiempo para respirar.
Pero era feliz.
—¿No te está dejando dormir?— me preguntó Diego, alzando y bajando las cejas repetidas veces.
Hice una mueca con los labios, mientras que Santino le golpeó la nuca con la mano. Se rió, alzando las manos con fingida inocencia. Algo que ninguno de todos los presentes le creía.
—Dormir no es de nuestras prioridades— me sumé, guiñándole un ojo.
Los chicos estallaron en carcajadas. Miré de reojo a Santino. Sus ojos mostraban una mezcla de asombro y malicia. Además de que su media sonrisa prometía mucho, por lo que me obligué a dejar de mirarlo. Lo último que necesitaba en ese momento era volver a hacerlo en el baño de un bar.
Pero...
No.
—Los videos tienen muchas visitas— comentó Juan, examinándome con la mirada.
Siempre había sido más cercana con Santi por motivos obvios, pero Juan también me conocía mucho. Me encogí de hombros, humedeciéndome los labios con cierto nerviosismo. Los números y estadísticas de los videos me asustaban. Todavía tenía una vida común.
¿Hasta cuándo?
El momento en el que mi relación con Santino se hiciese conocida. O que mis videos tuvieran más espectadores. Realmente no quería pensar en ninguna de las dos posibilidades, y en cómo iban a afectar mi reciente noviazgo.
—El otro día un chongo me mandó el enlace a uno de tus videos— añadió Leo— Ni siquiera le había contado que nosotros éramos amigos.
Aquello no ayudó, para nada. Levanté uno de los tantos vasos que había en la mesa, bebiendo el contenido de un trago.
—Tengo muchos más alumnos— compartí, intentando desviar un poco el tema— Lo que significa más carga horaria. Pero también más plata. Así que no me quejo.
—Nadie se queja de más plata, Euge— bromeó Juan.
Los chicos comenzaron a decir boludeces, distrayéndose. Le sonreí agradecida. Asintió disimuladamente con la cabeza. Era su forma de decirme "de nada".
Mi novio apoyó su mano en mi muslo, dándome un suave apretón y logrando efectivamente llamar mi atención sin tener que hablar. Lo volví a mirar. Esa vez tenía cara de póker. No me demostraba nada. Fruncí ligeramente el ceño. ¿Qué le pasaba?
—¿Bailarías conmigo?
Soltó mi muslo, ofreciéndome la mano. Mi sonrisa fue inmediata.
No había palabras para describir lo feliz que me hacía ese hombre.
Y lo destrozada que iba a quedar si algún día cortábamos.
—Sería un placer.
Entrelacé nuestros dedos. Mi morocho se inclinó sobre mi cuerpo, apoyando sus labios sobre mi cuello en un suave beso.
ESTÁS LEYENDO
Me rindo
Romansa❝Era tan hermoso que casi dolía verlo directamente a los ojos. Pero lo que dolía aún más era saber que era intocable. No por su belleza, no. Sino porque ese bombón era mi mejor amigo desde que tenía memoria.❞ Dos mejores amigos. Un amor escondido. ...
