05| Tino y Genia

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La propaganda la estaban grabando al aire libre. Específicamente en el Rosedal de Palermo. Era un lugar absolutamente precioso. Y romántico. Demasiado romántico si tenía en cuenta que Santino estaba posando y grabando con una mujer como Saskia Ivanovich.

Si tenía que pensar en una descripción para ella usaría los términos hermosa y descarada. Sí, descarada. Sobre todo teniendo en cuenta que no le importaba coquetear con un hombre comprometido.

Al punto que me estaba rompiendo los ovarios.

Y para colmo, mi prometido era la definición de distraído. No tenía la menor idea de que la modelo le estaba tirando onda. Adelante mío.

¿Qué tan yegua se podía ser?

—Tómense un descanso— dijo el fotógrafo, acercándose al camarógrafo— Tenemos que revisar para ver cómo está quedando.

Santino agarró una botella de agua, caminando en mi dirección. La abrió y bebió sin dejar de caminar. Frenó cuando estuvo frente a mí. Me ofreció agua, pero negué con la cabeza.

—Extrañaba que vinieras a verme trabajar.

Me olvidé de Saskia al instante.

—¿Sí?

Sonreí abiertamente, parándome en las puntas de mis pies para poder dejar un beso sobre sus labios. Su mano libre fue a mi nuca, profundizando el intercambio.

—Sobre todo por estos momentos— susurró contra mis labios, finalmente soltando mi nuca— Me da energía.

Rodé los ojos, sin poder evitar sonreír como una estúpida enamorada.

Era una estúpida enamorada.

El morocho me sujetó la mano, empezando a caminar hacia un costado. Estábamos cerca de un puente sobre el agua, y al parecer ese era su objetivo. Subimos los escalones hasta poder quedar en el centro. Me colocó frente a él y me rodeó con sus brazos, pegándose a mi espalda. Sentí como apoyó su barbilla en mi cabeza, respirando hondo.

Nos quedamos en silencio, disfrutando del paisaje. Pero no todo lo bueno duraba para siempre.

—Tino ya vamos a arrancar.

Alcé una de mis cejas, mirando hacia nuestro costado. ¿Tino? Literalmente nadie le decía Tino. Nadie nunca lo había hecho. Bueno, ahora a excepción de Saskia Ivanovich. Ella sonrió en nuestra dirección, pero su mirada estaba clavada en mi prometido. Pestañeó repetidas veces, aumentando su sonrisa.

Se le iba a partir la piel si seguía forzándola.

—Ya voy.

La modelo hizo una mueca disimulada para después asentir con la cabeza y dejarnos solos. Me di la vuelta, aun atrapada entre los brazos de mi prometido. Tiré la cabeza hacia atrás para poder verlo a los ojos.

—Ya te tenes que ir a trabajar, Tino.

Lo recalqué tanto que él estalló en carcajadas, negando con la cabeza.

—No me gusta ese apodo. Lo odio. Y encima no lo para de usar.

Eso me saco una sonrisa a mí.

—Una pena, Tino.

Santi fingió vomitar, haciendo ruido de arcada y todo.

—Tenes prohibido decirme así.

Mala idea decir eso.

Me paré en las puntas de mi pie, besándolo. Él me pegó contra su cuerpo, dándome un beso profundo pero breve.

—Como vos digas, Tino.

Me rindoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora