21| Última respiración

1K 45 0
                                        

-Punto de vista de Santino-

Coreógrafa. Bailarina. Lula Domínguez. Dos semanas. Gira.

Siete palabras que no había dejado de repetir mentalmente desde el momento que las había escuchado. No había sido intencional. Realmente había ido a buscar a mi novia para sacarla a comer y disfrutar un momento juntos. Pero cuando había estado por entrar, había atendido el teléfono. Y sí, la curiosidad me había ganado.

No se había muerto ningún gato, pero la curiosidad definitivamente me había cagado la vida.

Había escuchado todas y cada una de las palabras. Había escuchado a ese tal Gabriel Pérez, persona que había investigado por internet y era real, proponerle a mi novia un trabajo que era irrechazable. Y también había escuchado a mi novia rechazarlo con delicadeza.

Lo había hecho por mí.

Pero en Milán solo había un trabajo esperándome a mí, no a ella. Es más, Eugenia estaba dejando su trabajo, amigos y familia por mí. Podíamos decir que era por nosotros, por nuestra relación. Pero si no fuese por mi culpa, nunca se hubiese planteado ir a Milán. Ninguno de los dos lo hubiese hecho.

Me había emocionado con la idea de vivir una aventura con ella. De estar en un país nuevo. Un lugar que podíamos recorrer y conocer. Un lugar donde nuestra relación podía florecer. Un lugar donde íbamos a estar solo nosotros dos, no literalmente. Pero no podía dejar mis sentimientos e ilusiones arruinar algo de esa magnitud para ella.

Ir a Estados Unidos para trabajar con Lula Domínguez era algo que ella nunca hubiese rechazado de no haber estado de novia conmigo. Si hubiésemos sido solo amigos... Eugenia ya se hubiese subido a un avión sin mirar atrás.

Me había elegido a mí por sobre su carrera. Me amaba lo suficiente como para dejar pasar una oportunidad que era única. El amor era así; lo complicaba todo de una manera absoluta. No tenía dudas.

Enamorarme de Eugenia a los nueve años había complicado una amistad que tenía desde que prácticamente había nacido. La gente podía pensar que era exagerado, pero era una verdad. Amarla había complicado mi amistad. No había podido estar apoyándola 100% con todas sus experiencias, sobre todo cuando incluían otros chicos. Me había costado horrores fingir sonrisas cuando me había contado su primer beso. O su primera vez. O sus nuevos chongos.

El amor me permitía e impedía ser egoísta en partes iguales. La quería solo para mí, pero no estaba dispuesto a arruinarle la vida para conseguirlo. No podía imaginarme teniendo que hacerla elegir entre su carrera y yo. Ella había tomado una decisión, pero no había sido la correcta.

Y era mi turno de arreglar todo.

Era mi turno de elegirla a ella por sobre nuestra relación.

Por mucho que eso me rompiese.

¿Lo peor de todo? Decirle que había escuchado la conversación no era una opción. Decirle que tenía que ir a Estados Unidos tampoco. La conocía lo suficiente como para saber que me iba a convencer de que Milán era la opción correcta. Me iba a influenciar hasta que opinase lo mismo que ella. Y no podía dejar que eso pasase.

Era una oportunidad única para ella. Iba a hacer que fuera a Estados Unidos, sin importar que tuviese que romper nuestros corazones en el proceso. Sin importar que rompiese lo único que había querido con pasión desde los nueve años. Sin importar que con aquello me deshiciese de una parte de mí mismo. Porque ella lo valía.

Ella valía mucho más que mi corazón. Ella valía mucho más que mi sanidad. Ella valía... todo.

Y quizás... solo quizás al largo plazo se diese cuenta de que había hecho lo que consideraba lo mejor para su futuro. Quizás con el tiempo dejase de odiarme. Quizás con el tiempo me aceptase otra vez en su vida, aunque solo fuese como amigos.

Porque estaba dispuesto a esperarla una vida entera.

Hasta mi última respiración.

Me rindoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora