Un beso torpe.
Meng Yao no suele ponerse nervioso. Es un perfeccionista que siempre busca tener la situación bajo control, pero, a diferencia de su dulce A-Cheng (la mayoría de días ni dulce ni A-Cheng) no tiende a caer en el nerviosismo ni en la ansiedad. O a manifestarlo a través de la ira, que es otra de esas cosas que el tercero de sus novios hace con más frecuencia que él. Así que, cuando decide externalizar esos sentimientos que en realidad llevan viviendo con él desde que conoció a su padre biológico —y descubrió que era un grandísimo hijo de puta que ni sabe cuántos bastardos tiene y que le provoca pesadillas sobre algo que no ha ocurrido en esta vida, pero que en realidad no es descabellado— es una mala señal. Es, habitualmente, una muestra de que ha llegado al límite de todo aquello que puede manejar, y en el caso de Meng Yao, es mucho.
(Según MingJue, que todavía le insiste para que empiece a ir a terapia con Jiang Cheng, es, de hecho, una cantidad insana que le acabará explotando en la cara cuando menos se lo espere. Algún día le hará caso, lo promete, pero ese día todavía no ha llegado. Todavía. Podría llegar mañana y él no saberlo.)
Lleva siendo ayudante de doctor ni sabe cuánto tiempo. Dos o tres años, mientras saca su propio doctorado en Derecho. Su tesis avanza lenta, porque por brillante que sea, no puede permitirse sacar un curso al año. Con los varios trabajos a tiempo parcial y ayudar a su madre a pagar las facturas de la peluquería, admite que sus objetivos académicos pueden haberse extendido en el tiempo más de lo que a él le gustaría. No suele pensar en ello, porque esa situación está más o menos superada. Además, ya bastante le molesta haber aceptado la oferta de sus tres novios y no estar pagando la parte del alquiler que en teoría le toca. Sabe que a ellos no les importa, que Lan Huan viene de una familia adinerada (aunque no presumida ni ostentosa, no como los malditos Jin y sus fiestas multitudinarias... qué ganas tiene de meter a su padre en la cárcel) que Nie MingJue también, y además una de las pocas cosas buenas que tiene su trabajo es un sueldo decente, y que Jiang Cheng se las puede apañar bien con la beca completa y destinar un poco más al alquiler, pero aun así se siente culpable. Confía en que, cuando defienda su tesis doctoral y consiga un trabajo decente —aunque solo sea como profesor doctor en la universidad y no como un maldito ayudante— eso cambie.
Tres semanas. Solo quedan tres semanas, y está tan nervioso que hasta su hermano pequeño se ha dado cuenta, y XuanYu tiene la misma capacidad para leer el ambiente que Wei Ying. Porque por alguna razón su hermanito y el hermano adoptivo de su novio son... bueno, iguales. Podrían parecer gemelos de no ser por los casi cinco años de diferencia entre ambos.
Es fin de semana, y Nie MingJue y Jiang Cheng están pasando el día fuera. Algo de ir a ver una de las últimas exposiciones de HuaiSang y luego ir a comer juntos a uno de esos restaurantes raritos que solo aguantan ellos dos, y que por eso eligen para ir de cita solos. Uno en los que pica hasta el agua, sí, recomendado por Wei Ying. A Meng Yao no le gusta la comida tan picante y la dieta vegana de Lan Huan es la excusa perfecta para enmascarar su paladar debilucho, que no aguanta ni la pimienta en el curry. Al principio, en realidad a MingJue tampoco le hacían mucha gracia esos sitios, pero Jiang Cheng le retó, y esos dos son tal para cual en el sentido competitivo. Jamás le dicen que no a un reto. Meng Yao cree que tienen un problema desde que les vio retándose a ver quién tendía mejor la colada y discutir por si había que planchar o no los calzoncillos. Total, que se embarcaron en una especie de viaje para ver quién le puede echar más tabasco a lo que sea... y se ve que el abogado ha acabado por cogerle el gusto. O eso o no acepta que Jiang Cheng siempre le gane. Siempre. Porque crecer con Wei Ying hace milagros.
(Wei Ying, a quién por cierto ninguno de los dos es capaz de superar todavía. Tampoco quieren. Les apetece mantener las papilas gustativas funcionales, por favor y gracias.)
Son casi las once de la mañana y Meng Yao está estudiándose su defensa, porque va a ser demasiado tiempo hablando de un tema que, en realidad, odia. Solo se ha embarcado en este viaje para poder enfrentarse a su padre en ese juicio tan turbio que tienen en marcha sus hermanos y él, porque los negocios de Jin GuangShan son... cuestionables, como poco. También para conseguir un buen trabajo, pero lo detesta, detesta su carrera y su doctorado con toda su alma.
Dejó a Lan Huan durmiendo, y no se levantará hasta dentro de un buen rato. Durante los días de diario, el profesor sigue las reglas de su tío, más o menos. Se levanta a las seis de la mañana para salir a correr por el parque siempre, no falla ni un día, aunque la hora a la que se acuesta suele resultar un tanto cuestionable. Lo siente por Lan QiRen, pero el sexo es más importante. Y, de todas formas, siempre es el primero en dormirse, así que se dicen que no hay problema. Los fines de semana, sin embargo, Lan Huan se vuelve indulgente consigo mismo y remolonea en la cama hasta que casi le duele la espalda. Alguna vez Jiang Cheng ha llegado a despertarle a la hora de la comida, a veces a gritos y otras con una mamada, todo depende de lo que haya para almorzar. Este sábado, por suerte o por desgracia, no es necesario que se levante de su pila de apuntes para despertar a su novio, no cuando los brazos de Lan Huan se cruzan en torno a su pecho y sus labios se posan entre su pelo revuelto, muy, muy cerquita del único pendiente que lleva, un aro en el cartílago de la oreja izquierda. Se lo hizo con XuanYu, ZiXuan y Qin Su hace un año, como una especie de promesa entre los cuatro.
-Er-ge...
-Hola, A-Yao. -Saluda Lan Huan con una sonrisa cariñosa, dulce. El casi-doctor gira en su silla de oficina para encontrarse con la mirada de su novio, que todavía está examinando la taza de té negro a medio beber al lado de sus apuntes-. Dime por favor que has desayunado algo más que eso.
-Es posible que se me haya olvidado.
-A-Cheng nos romperá las piernas a los dos como estemos desnutridos cuando vuelvan. -Suspira el maestro de música, dramático de esa manera lánguida suya. Bromea, por supuesto que bromea, aunque Meng Yao no puede evitar retirar la mirada un tanto avergonzado. Lan Huan le tiende la mano-. Y por una vez tendrá razón. Vamos, descansa un rato y desayuna conmigo.
-Pero...
-A-Yao.
Ah, ese es el tono duro que le encanta. O no duro exactamente, pero a él sí que podría ponerle así sin demasiado esfuerzo. Es duro a la manera de Lan Huan, con cierta suavidad inherente pero intransigente. Firme quizá tenga unos matices más adecuados. No admite réplica y no admite negativas, y solo suele usarlo cuando sus novios están siendo unos tercos y dejando su salud —física o mental, poco le importa— en segundo plano, cosa que, por desgracia, los tres hacen a menudo, cada uno a su manera. Es un tono contra el que Meng Yao no puede hacer nada, y lo sabe de sobra, así que se limita a suspirar y a aceptar la mano que le tiende. Cuando Lan Huan se inclina para besarle está incómodo, reticente a abandonar sus apuntes y su investigación, todo su trabajo, pero entonces su estómago ruge y se convence de que su novio tiene razón, por mucho que le arda la cara o por grande que sea la vergüenza que le da o le deja de dar el saberse vulnerable. Nunca le ha gustado, le trae imágenes que no reconoce... y que a la vez identifica demasiado bien. Aun así, retira la mirada cuando separan sus labios, tan abochornado por mostrarse tal y como se siente que sabe que está rojo como un tomate.
Pero Lan Huan solo ríe —esa risa angelical suya que le vuelve loco— y tira de su mano para conducirle hacia la cocina a traición. Se deja llevar. Mientras desayunan, reciben fotos de sus novios en la exposición.
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77 kisses [Mo Dao Zu Shi Fanfic]
Fiksi PenggemarUna pequeña lista de besos que compartir a cuatro. Porque la vida para Jiang Cheng es más entretenida teniendo a tres novios a sus pies. -Capítulos cortos -Los capítulos no siguen un orden cronológico -AU moderno -Actualización los jueves -Versión a...
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