Un beso con la guardia baja.
A Lan Huan le encanta su trabajo, de verdad. Adora a los niños y la música es una parte esencial de su vida. Además, siempre se le ha dado bien enseñar. Con todos esos ingredientes, ser maestro de primaria de música parece el trabajo de sus sueños, y la mayor parte de días lo es, sin duda. A veces hay momentos en los que desearía que una nueva ley de educación prohibiera las flautas en los colegios, porque sus oídos sangran, pero, por lo demás, no tiene queja.
Lo que ya no le gusta tanto son las reuniones con padres. Ni los padres en general. Y las reuniones de padres con señores repelentes que además se alargan más allá de la hora de la comida (¡son las cuatro de la tarde y no ha probado bocado desde el desayuno, a las siete de la mañana!) justo el día que tiene extraescolares con los críos y no va a salir del colegio hasta las ocho ya se engloban dentro de esa escasa lista de cosas que, de hecho, odia.
Y mira que Lan Huan no odia muchas cosas, pero esta sí, esta sin duda. Va por debajo de "cualquier cosa que ponga triste a sus novios", pero por encima de "tener que escuchar las aventuras sexuales de su hermanito en boca de su cuñado". Y esta reunión en particular ha estado a puntito de hacerle perder los nervios. Cuando esa "encantadora" pareja abandona la sala de profesores del colegio, Lan Huan se derrumba en uno de los sofás que tienen por allí sin poder evitarlo. El estómago le ruge, la cabeza le duele, se le ha olvidado la comida en casa y lleva dos horas oyendo tonterías. No sabe qué quiere más, si meterse una pizza entera entre pecho y espalda o una siesta. O un abrazo, le encantaría añadir un abrazo a su lista de necesidades. Por desgracia, parece que ninguna de las cuatro es viable.
Quizá debería arrastrarse a la máquina expendedora al otro lado de la habitación a ver si tienen sándwiches, porque no puede sobrevivir solo a base de chocolatinas por más que quiera. El problema es que no sabe si lleva suelto suficiente para nada más contundente que el paquetito de tres galletas que saben a cartón.
Genial, ahora le apetece llorar. ¿Por qué no pudo hacerle caso a su tío cuando se enteró de que tenía dos novios (cuando le habló del tercero Lan QiRen directamente se desmayó) y meterse a monje?
Unos golpes suaves suenan en la puerta de la sala de profesores. Lan Huan intenta incorporarse como puede en el sofá, aunque su aspecto sigue siendo un poco deplorable cuando le da paso a quién sea que haya llamado. Resulta ser Wen Ning, secretario del colegio y maestro de ciencias naturales, que le ofrece una sonrisa siempre suave y temblorosa.
-Hola, Wen Ning -saluda, intentando aparentar cordialidad. Le sale más o menos, aunque parece agotado, pero contra eso no puede hacer nada-, ¿en qué puedo ayudarte?
-Tienes visita... -Le anuncia, siempre tan educadito, pese a que llevan años trabajando juntos y podrían incluso considerarse amigos. Comparten el mismo círculo social gracias a Wei Ying y a Nie HuaiSang y se han visto no pocas veces arrastrados a las mismas fiestas-. ¿Bajas o le digo que suba?
Lan Huan parpadea, confuso. Con lo cansado que está, ni siquiera se le pasa por la cabeza preguntar por la identidad de su repentino visitante, pero es que no le llega la sangre al cerebro y comienza a quedarse dormido.
-Ah, pues... dile que suba, sí. Gracias, Wen Ning.
-No hay de qué.
La puerta se cierra con sumo cuidado —Wen Ning siempre procura ser lo más sigiloso posible para no molestar a nadie— y Lan Huan vuelve a quedarse solo en la sala de profesores. El resto de sus colegas están comiendo fuera o rumbo a sus casas, suertudos ellos... El pobre maestro de música vuelve a dejarse caer, agotado, contra el sofá. Debería comer algo, debería, pero la máquina expendedora está tan lejos...
Se le olvida que va a venir alguien a verle en menos de cinco minutos. Echarse una siestecita parece una opción maravillosa.
Y, de pronto, unos labios en su mejilla.
Ese beso le pilla tan por sorpresa que Lan Huan se incorpora de un salto. Sin poder evitarlo, se le escapa una exclamación. A su izquierda, justo dónde ha caído el susodicho beso, suena una risa conocida. Es clara pero intenta acallarse por instinto, porque no está acostumbrada a dejarse ir. Es la inconfundible risa de uno de sus novios.
De Jiang Cheng.
Confuso una vez más, Lan Huan se da la vuelta ya de pie en la dirección del sonido. En efecto, se encuentra a Jiang Cheng mirándole. Lleva gafas, las que solo se pone para ir a la universidad, y el pelo recogido en un moño mal hecho, el que suele usar siempre para trabajar en el laboratorio. Y está allí, tan guapo como siempre y con una bolsa de plástico en la mano.
-¿A-Cheng? ¿Qué... qué haces aquí?
-Te olvidaste la comida en casa -dice con simpleza, alzando la bolsa de plástico. Dentro se entrevé una fiambrera que, por lo que puede asegurar Lan Huan, debe estar llena de comida nutritiva y deliciosa. Y, si no recuerda mal, de los maravillosos macarrones que prepara su novio allí presente. Se le va a hacer la boca agua solo con pensarlo. El estómago le ruge y Jiang Cheng vuelve a contener una risilla-. Debería hacerte suplicar por ello, pero tu reacción ha sido muy divertida, así que te lo perdonaré por esta vez.
-Oh, Dios, te adoro -declara el maestro sin filtro alguno, atrayéndole en un abrazo inesperado. Jiang Cheng se congela-. Te adoro tantísimo... No sabes el hambre que tengo.
-Me hago a la idea. No has almorzado, ¿verdad?
-No he tenido tiempo.
-Pues saca algo la próxima vez, aunque sea en el recreo, idiota -masculla su novio, aunque a él también hay que reñirle muy a menudo para que no se olvide de comer. Y a MingJue, aunque solo entre semana. Y a Meng Yao... Son una panda de incorregibles. Entre bufidos, se libera de ese abrazo y casi le tira la bolsa a la cara-. Venga, come, que parece que te va a dar algo.
Lan Huan sonríe con la fiambrera en las manos, encantado y enternecido. Y entonces es él quién se alarga y pilla desprevenido a su novio con un beso también en la mejilla. A Jiang Cheng se le suben los colores, pero está precioso así.
-Gracias, A-Cheng.
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77 kisses [Mo Dao Zu Shi Fanfic]
FanfictionUna pequeña lista de besos que compartir a cuatro. Porque la vida para Jiang Cheng es más entretenida teniendo a tres novios a sus pies. -Capítulos cortos -Los capítulos no siguen un orden cronológico -AU moderno -Actualización los jueves -Versión a...
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