Un beso rápido.
Para dos obsesos del control y de la puntualidad como Meng Yao y Jiang Cheng, llegar tarde a clase es casi impensable. Imposible. ¡Inaceptable! Pero claro, como con todas las cosas inocuamente inaceptables en esta vida —para Jiang FengMian, por ejemplo, todavía es "inaceptable" que su hijo tenga tres novios con los que, por cierto, va a comer el domingo; Jiang Cheng todavía no sabe si desea que vuelen los cuchillos o no— llega un punto en el que tienes que asumir que a veces no hay manera de evitarlas.
Así que sí, Meng Yao y Jiang Cheng están corriendo por las escaleras mecánicas del metro hacia arriba porque llegan tarde. Exacto. Es imposible, pero pasa. Pasa de vez en cuando. Aunque, en su defensa, no suele ocurrir muy a menudo.
(Solo cuando creen que tienen tiempo para echar un polvo mañanero, lo echan y luego el metro decide quedarse cinco minutos parado entre dos estaciones.)
Jiang Cheng maldice a la carrera por lo que debe ser ya la décima o la decimoquinta vez desde que salieron de casa mientras llega al final y se apresura hasta los lectores de tarjetas que dividen las dos partes de la estación. Meng Yao lo sigue resollando varios (bastantes) pasos por detrás, porque es el único que no va al gimnasio y se nota. Puede que estos eventos le hagan cambiar de idea. El único ejercicio que practica con asiduidad y que no aborrece es el "cardio" con sus novios, pero se ve que eso no le ha preparado para subir desde los Infiernos hasta la Tierra de nuevo saltando escalones de tres en tres.
Y, mientras tanto, mientras parece que el pobre Meng Yao va a toser sus propios pulmones, ¡Jiang Cheng está como una rosa! ¡Perfecto (salvo por el pelo revuelto y el chupetón en el cuello) y compuesto! ¡Hasta se atreve a meterle prisa el muy cabrón mientras le reprocha que no vaya a natación con él! ¡Y encima se pavonea, porque sigue trotando en el sitio detrás de uno de los toldos! Jadeando como si no le llegase el aire, tan fuerte que una señora al pasar por su lado lo mira preocupada, Meng Yao fulmina a su novio con la mirada. Ha necesitado pararse un minuto a recuperar el aliento, de pie a duras penas, doblado sobre sí mismo y con las manos apoyadas en las rodillas. Siente que el mundo podría empezar a darle vueltas en cualquier momento, pero Jiang Cheng sigue incitándole a que corra. ¡Cabrón!
Solo por eso no piensa decirle lo del chupetón que le ha dejado sin querer. Que se joda. Ya verá qué risa cuando pase por el baño de la facultad, ya.
-¡Vamos, Meng Yao! -le espeta-. ¿No te has dado cuenta de que llegamos tarde?
Contra su voluntad —porque, seamos sinceros, todo lo que quiere es tirarse al suelo a morir— el estudiante de Derecho y Políticas echa a correr una vez más, hasta que alcanza a su novio y los dos se encaminan hacia las escaleras que los conducirán fuera de la boca de metro, justo por la salida que va a dar al campus.
-¡¿Y tú no te has dado cuenta de que me estoy muriendo?!
-Pues mala suerte, la uni no espera a nadie.
-Vete a la mierda.
-Que te jodan.
-Eso fue lo que hiciste, cielito, joderme -le restriega, disfrutando de cómo las mejillas del otro doctorando se tiñen de rojo-. Y por eso llegamos tarde.
-No te quejabas tanto antes.
-Ni tú tampoco.
Jiang Cheng pone los ojos en blanco mientras corre, cosa que está a punto de valerle un tropezón, y a Meng Yao unas buenas risas. Aunque intenta recuperar la dignidad haciendo como si no hubiera pasado nada, no se libra de la miradita y la sonrisita de su novio, que parece clamar sin vergüenza alguna "lo he visto todo, cariño". Ya están en terreno llano cuando eso ocurre, corriendo hacia la entrada del patio de su universidad, así que el doctorando de Física puede permitirse hacerle una peineta. Luego acelera, y Meng Yao tiene que dar todo lo que tiene para poder seguir a su altura.
Esto promete mutuas venganzas para cuando estén de nuevo en casa, en la cama, y solo el esfuerzo combinado de Lan Huan y Nie MingJue podrá calmar las aguas.
Cruzan la frontera entre lo que es la calle y lo que es la universidad. La facultad de ciencias que engloba a los locos de Física, Química, Exactas y algunas Ingenierías relacionadas con ellos está en un lado del campus, el opuesto a la entrada. La de Ciencias Sociales y Políticas, al otro, bastante cerca de su posición actual. Por suerte, el atlético de los dos es Jiang Cheng. Solo por eso, pueden permitirse un instante a las puertas del campus e intercambiar un beso fugaz, muy rápido, uno de esos que siempre les dejan con ganas de más. Es su despedida habitual cada vez que van juntos a clase desde que llegaron a la conclusión de que ser novios no implica solo quererse de puertas para adentro. Es un esfuerzo compartido que hacen, y cada día les sale un poco más natural. Cada día es un poco menos incómodo y las sonrisas que intercambian después un poco más sinceras.
-Te espero a la salida, ¿vale? -dice Meng Yao, porque hoy Jiang Cheng tiene una tutoría a última hora y saldrá un poco más tarde que él. Suele ser al revés.
-Vale -asiente su novio, con una media sonrisa de la que quizá no es del todo consciente-. Te voy avisando de todas formas.
Conforme, Meng Yao se pone de puntillas un instante para darle un último beso antes de enfrentarse a un tedioso día de clases como profesor ayudante y como investigador. Después cada uno avanza por su lado, pero con algo en común. Los dos sonríen.
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77 kisses [Mo Dao Zu Shi Fanfic]
FanfictionUna pequeña lista de besos que compartir a cuatro. Porque la vida para Jiang Cheng es más entretenida teniendo a tres novios a sus pies. -Capítulos cortos -Los capítulos no siguen un orden cronológico -AU moderno -Actualización los jueves -Versión a...
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