76 - Make up

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Un beso para pedir reconciliarse.

Curiosamente, esta vez Meng Yao no se ha peleado con Jiang Cheng. Es más, esta vez Jiang Cheng no ha tenido nada que ver con la discusión en ciernes. Ni Lan Huan, pero es que de por sí ya es raro que se encuentre en algún conflicto, así que su nula participación se da por descontado. Esta vez, Meng Yao se ha cocido y se ha guisado sus problemas él solito, y por eso Nie MingJue y él ahora están enfadados.

(Por eso y por unos problemillas con la sentencia de Jin GuangShan, porque lo de su madre todavía está bastante reciente y por un par de cosas sobre las que Meng Yao no quiere testificar por miedo. Pero claro, a Nie MingJue eso a veces le cuesta entenderlo, y luego saltan los gritos y las peleas, y el vecino se preocupa porque no están follando.)

Un poco por esto, por el enfado y el ambiente... tenso, que hay en el piso, Lan Huan y Jiang Cheng deciden irse a tomar un café aunque sean las ocho de la tarde. Han prometido volver con la cena en dos horas, y esperan que eso les dé tiempo suficiente a esos dos para arreglarse.

(Esperan que no sea como cuando Jiang Cheng se enfada con alguien, su hermano por regla general, y la pelea dura una semana como mínimo.)

El caso en este momento viene a ser el siguiente: Jiang Cheng y Lan Huan los han dejado solos y Meng Yao se ha ido —muy pero que muy molesto— a repasar sus clases de mañana, tanto las que imparte a los chavales de primero de carrera como las del doctorado por la tarde. Nie MingJue está en la cocina preparando un par de infusiones, porque admite que puede, y solo puede, haberse pasado un poquito presionando a su novio... Un mensaje de Lan Huan le ha hecho darse cuenta, aunque Jiang Cheng, allá en la cafetería a dos calles a la que han ido a hacer tiempo, insiste en que Nie MingJue debería percatarse él solito. De cualquier manera, el abogado ya ha llegado a la conclusión de que le falta don de gentes, en especial a la hora de tratar con su segundo novio.

Tiene sentido, de todas formas. Nie MingJue valora la honestidad más que nada en el mundo. Meng Yao prefiere actuar con cautela, medir cada palabra y tener siempre una sonrisa preparada para quedar bien con cualquiera. Nie MingJue ha tenido en su vida los medios y el privilegio para plantar cara a aquello que no le pareciese justo. Meng Yao ha tenido que aprender a aprovechar cada oportunidad. Y declarar tan abiertamente contra su padre puede significar cerrarse puertas y ganarse unos enemigos que no quiere, algo que le aterra. Que Nie MingJue y Jin ZiXuan prometan protegerle en lo legal y lo familiar, después de todo, no le ayuda a sentirse más seguro. No después de lo de su madre y no después de esos sueños vomitivos que le revelan de lo que Jin GuangShan es capaz.

Nie MingJue llama un par de veces a la puerta cerrada del cuarto de su novio. No obtiene respuesta ni siquiera cuando repite los toques así que, con una bandeja en la mano, suspira y abre la puerta. Meng Yao está sentado en el escritorio de espaldas a la puerta, frente a la ventana. Sus auriculares descansan a un lado, cerca de su portátil, sobre la mesa, así que ni siquiera los está usando. Está demasiado centrado en sus apuntes, inclinado encima de los mismos tanto que podría hacerse daño en la espalda... o eso parece. Nie MingJue descubre con cierto asombro que en realidad no. En realidad se ha dormido encima de sus apuntes, en una postura horrorosa y con una sombra enrojecida en los extremos de los ojos. El abogado traga saliva un instante. 

Sabe que lo que siente es culpabilidad, sí, pero odia admitirlo. Casi tanto como odia ser consciente de que lo ha hecho llorar con su discusión... y de verdad que no era lo que quería. Nie MingJue suspira y deja la bandeja en el escritorio con cuidado de no derramar nada sobre los apuntes de Meng Yao. Si se atreve a estropearle el material, aunque sea sin querer, está seguro de que su novio ya sí que no le perdonará nunca.

Una vez las infusiones están a salvo —y ya ha asumido que se le van a quedar frías y que probablemente no las beba nadie— Nie MingJue se las apaña para, con sumo cuidado, tomar a Meng Yao en volandas. Su cuarto no es muy grande. Ninguno de los cuatro, en realidad; aunque admite que se ha quedado con la mejor cama solo para que sus novios la invadan, porque le gusta dormir acompañado tanto o más que a Lan Huan. En dos zancadas Nie MingJue ya ha llegado a la cama. No perturba su sueño cuando le tumba en el colchón, ni tampoco cuando se sienta a su lado, y es el propio Meng Yao quién dormido (o quizá no tanto) se acurruca contra él.

Nie MingJue suspira. En momentos como este recuerda cosas que a veces se le olvidan. Como que también está enamorado de Meng Yao. Como que también le adora y que tienden a pasarse el uno con el otro porque sus diferencias de opiniones son las más grandes, pero hay líneas que no quiere cruzar. Y no lo hará. Porque le quiere y le respeta.

Y por eso mismo, le debe una disculpa. El beso que deja sobre su coronilla simboliza eso mismo, aunque no se le olvidará ponerla en palabras luego, es importante. Por desgracia, ese beso de disculpas llega a importunarle más de lo que esperaba. Los párpados de Meng Yao revolotean, sus pestañas se agitan y de pronto tiene una mirada inquisitiva y medio dormida clavada en la suya. O en la punta de su nariz, una de dos. 

-¿Da... ge?

-Hola, A-Yao.

Esa forma de llamarle, ese "A-Yao" es suficiente, y Meng Yao lo entiende. Solo por eso, asiente, aunque ni siquiera está despierto del todo. Así, medio adormilado, con los ojos tan solo entreabiertos, Meng Yao se alarga para besarlo. Sabe a disculpa. A que están perdonados.

77 kisses [Mo Dao Zu Shi Fanfic]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora