Un beso en el hombro.
Cuando caminan juntos por la calle, Meng Yao tiene una costumbre curiosa.
Aunque cualquiera podría pensar (y de hecho es lo que la mayoría de la gente opina) que el más reticente a las muestras de cariño público en su cuarteto particular es Jiang Cheng, resulta que no. Jiang Cheng es el segundo más reticente a las muestras de cariño. El primero, vergonzoso por naturaleza y demasiado obsesionado con las apariencias, es Meng Yao, por eso rara vez ninguno de sus novios logra cogerle de la mano, lo intenten o no. Ya ni siquiera lo hacen a no ser que dé el primer paso, porque saben lo mucho que le incomoda y cuando salen de cita (sea en pareja, en trío o los cuatro juntos) lo que menos quieren sus novios es hacer sentir mal a algún otro. Y por eso también los egos de Jiang Cheng y de Meng Yao chocan tan a menudo cuando salen juntos. O cuando están en casa. O en la universidad. Aunque... chocan por eso y por otro medio millón de cosas. A veces —bastante más a menudo de lo que les gustaría— Nie MingJue y Lan Huan tiemblan cuando les escuchan discutir. Pero es comprensible, porque acaban de empezar juntos y también acaban de empezar a vivir juntos, una decisión un poco apresurada por parte del cuarteto en general pero que sentían que necesitaban tomar. Era un ahora o nunca, y han elegido ahora. Ya irán limando asperezas conforme el sentimiento de unión y confianza se asiente entre ellos, según pase el tiempo y su vínculo se estreche. Nie MingJue está convencido de que todo lo que necesitan es pasar tiempo de calidad los cuatro. Lan Huan solo espera que tenga razón... y nadie vuelva a tirarle una zapatilla a la cara a nadie.
Pero, de todas formas, esa reactancia de Meng Yao a mostrar el estatus de su relación abiertamente por la calle —como lo hacen Lan Zhan y Wei Ying, por ejemplo, que se comen la boca en cada esquina, o Nie HuaiSang con todo su poli-círculo, porque sería capaz de ponerse a cantarles sonetos en los pasos de peatones— no quiere decir que no tenga su propio lenguaje del amor. Solo que es discreto. A veces incluso retorcido, y fuera del cómodo espacio de su pisito compartido a cuatro o de la intimidad de otras habitaciones que se cierran con llave, solo lo demuestra en gestos sutiles, cuando está lejos de ojos indiscretos. Como, por ejemplo, ahora, cuando camina al lado de Jiang Cheng de vuelta a casa desde la parada del metro.
Han abandonado la universidad hace apenas media hora, pero el cielo nocturno se alza impasible sobre sus cabezas. Hoy han salido tarde, el uno por sus tutorías a horas intempestivas y el otro por perder la noción del tiempo en mitad del laboratorio de Física, entre cálculos incomprensibles. Le pasa con cierta frecuencia, aunque siempre menos que a su hermano. Wei Ying sería capaz de quedarse a dormir en la universidad el noventa por ciento de los días si Lan Zhan no fuese a buscarle. Y sin que sirva de precedentes —aunque es un precedente, los dos lo saben— hoy a Jiang Cheng ha estado a punto de pasarle lo mismo. Por eso se quedó tan sorprendido cuando, después de dar un salto un poco patético por el susto de encontrarse de pronto a su novio en la puerta (y gritar, Meng Yao se lo recordará hasta el fin de los tiempos) al mirar por la ventana vio que ya se había hecho de noche. Por suerte, es primavera, finales de abril, y esta semana ha hecho calor. Cuando caminan a casa solo protegidos por las sudaderas que venden en la tienda de regalos de la universidad, cada uno la de su respectiva facultad, están cómodos. Cálidos. En parte es por pasear juntos.
Un martes por la tarde en abril no hay mucha gente por la calle. Y en la suya todavía menos. Puede que por eso Meng Yao se sienta valiente. O porque, por encima de su incomprensible vergüenza se encuentran sus ganas de picar y molestar a Jiang Cheng, cosa que siempre le encanta. Así que permite (o provoca) que sus dedos se rocen por "casualidad" en más de una, de dos y de tres ocasiones, hasta que Jiang Cheng frunce el ceño. Aunque le mira una vez por encima del hombro como si le hiciera alguna pregunta capciosa, Meng Yao ignora a su explosivo novio y sigue caminando como si no hubiera notado nada. Sin embargo, vuelve a rozarle los nudillos, y esta vez incluso permite que su meñique vaya saltado de uno a otro en una caricia discreta. Jiang Cheng pone los ojos en blanco, pero no habla.
Frente a su edificio de apartamentos hay un supermercado. Entran un momento a por un par de cosas —leche, cereales, cilantro, té para Lan Huan y harina, porque se les ha acabado después de la última bandeja de galletas— y, cuando salen, todo aquel ser viviente que pudiera haberles mirado mal se ha desvanecido de la calle. Está vacía. Aunque el estudiante de Física al principio no le da la más mínima importancia, solo camina hasta su portal con ganas de llegar de una maldita vez a casa, porque está agotado, Meng Yao se siente tentado a sonreír. En un par de pasos rápidos le alcanza y, antes de que Jiang Cheng llegue al portal, estrella un beso en la curva de su hombro. Su novio no se aparta, aunque se estremece cuando una de las manos de Meng Yao, un poco más pequeñas que las suyas pero muy, muy hábiles, se desliza por su cintura y cuando su aliento le golpea en el cuello. Esa es una de sus curiosas costumbres cuando caminan por la calle. Odia cogerles de la mano, pero le encanta besar el hombro de cualquiera de sus tres novios. Y es muy fácil, porque, por una vez, su altura no juega en su contra.
-¿Qué mosca te ha picado? -Gruñe Jiang Cheng, haciendo como que busca las llaves en su mochila para no tener que mirarle a los ojos.
-Quería hacerlo. -Meng Yao se encoge de hombros con simpleza, esbozando una de esas sonrisas sumisas suyas que le ponen tan nervioso, porque sabe que debajo de esa fachada hay un sádico de cuidado-. ¿No puedo?
El estudiante de Física chasquea la lengua. Ninguno de sus novios tiene remedio, pero Meng Yao el que menos.
-Haz lo que quieras.
Y, como le está dando la espalda para abrir la puerta del portal, no ve cómo la sonrisa de su novio se tuerce en una mueca ladina. Arriba no hay nadie, ya lo sabe por un muy conveniente mensaje de Lan Huan diciéndole que Nie HuaiSang les ha llamado para que le ayuden con no-sé-qué. Así que "lo que quiera" es justo lo que va a hacer en cuánto dejen las mochilas en la puerta y se quiten los zapatos.
Lan Huan y Nie MingJue se los van a encontrar en la cama. Si dormidos ya o no, todo depende.
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77 kisses [Mo Dao Zu Shi Fanfic]
Fiksi PenggemarUna pequeña lista de besos que compartir a cuatro. Porque la vida para Jiang Cheng es más entretenida teniendo a tres novios a sus pies. -Capítulos cortos -Los capítulos no siguen un orden cronológico -AU moderno -Actualización los jueves -Versión a...
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