72 - Sitting on your lap

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Un beso desde el regazo ajeno.

En la vida, en su vida, hay veces que Jiang Cheng no sabe muy bien qué proceso mental le ha llevado a tomar determinadas decisiones. En ocasiones las lamenta porque, dioses, son decisiones terribles, absurdas y en las que no ha pensado tanto en sí mismo como debería, como la de meterse a hacer un doctorado. Otras, como esta, la verdad es que no le disgustan tanto. Y, al fin y al cabo, satisfacer alguno de los fetiches de sus novios suele dar lugar a buenos resultados. Sobre todo visto lo duro que está el falo de Nie MingJue, que cada vez se hunde un poco más en la abertura entre sus nalgas mientras se besan como si les fuera la vida en ello.

Jiang Cheng está sentado en el regazo del mayor de sus tres novios mientras le besa como si el concepto de quedarse sin aire fuese una fantasía inventada que no pudiera pasarle a él. Tan solo lleva una camisa —una camisa de Nie MingJue, de cuadros, porque el abogado dijo, palabras textuales, que le encantaría follarle con ella puesta, así que en eso están— abierta que cae por su pecho. Casi resulta obscena. Le deja completamente expuesto y es quizá más vergonzoso que no llevar nada, porque no tiene ningún propósito real más allá de exhibirle. Una de las enormes manos de Nie MingJue se pasea por su pecho, evitando que la tela cubra sus pectorales y sus rectos pezones, mientras los besos se multiplican. Porque no solo hay una boca contra la otra. A su espalda, Meng Yao besa su nuca y masajea sus nalgas con su mano libre, mientras que Lan Huan tiene ya varios dedos dentro para dilatarle para Nie MingJue, pringosos y húmedos por culpa del viscoso lubricante. Y Jiang Cheng gime entre los tres, encantado, mientras sus caderas giran en el escaso espacio entre la polla del abogado y su vientre. Su propia erección gotea, y, muy de vez en cuando, alguno de sus novios se digna a acariciarla por encima. Le encantaría empezar a masturbarse en sus caras, pero está demasiado ocupado besando a Nie MingJue y aferrándose a él.

El abogado se separa un instante de su boca, pero ha capturado su labio inferior en un mordisco suave, así que la distancia entre ellos es ínfima. Lan Huan introduce un tercer dedo en su interior y Nie MingJue suelta su labio, dejando que gima, que se eleve sobre sus rodillas y que arquee la espalda. Al mismo tiempo, Meng Yao le clava los dientes en la nuca, picajoso y cruel.

La camisa se resbala por sus hombros, exponiendo esa tez pálida suya, tan apetecible a la hora de besar y de marcar, y sus tres novios se relamen a la vez antes de tomar cada uno un pedazo de su piel expuesta. Jiang Cheng vuelve a gemir, encantado. Tiene a Lan Huan llenando de besos su hombro, a Meng Yao mordiendo su cuello y dejándole un chupetón y a Nie MingJue succionando uno de sus pezones. Mueve sin recato el culo hacia atrás, y el miembro del abogado es como una barra de hierro larga y candente entre sus nalgas,  bien humedecida gracias al lubricante que Lan Huan reparte a partes iguales entre la entrada y el falo de sus novios. 

-Dios, Ming-ge... -jadea mientras uno de los extremos de la camisa cae un poco más y las mangas comienzan a arrugarse alrededor de sus muñecas. La mitad de su espalda queda expuesta, como si llevara un chal, y a Meng Yao le falta tiempo para lanzarse a besar las tenues pecas que la salpican. También para empezar a frotar su propia erección con la de Nie MingJue, junto a los respingones glúteos de Jiang Cheng-. ¿Me la vas a meter de una vez?

-Depende -gruñe su novio, porque apenas se separa un instante de sus pezones, y es solo para besar a Lan Huan. 

Cuando uno de los dedos de Meng Yao se une a los de su otro novio, pero no recibe ninguna polla dentro, Jiang Cheng deja escapar un grito frustrado. Nadie le masturba, nadie le folla y, aunque sabe muy bien lo que están haciendo y no piensa decirles que pare, se desespera con facilidad.

-¡¿De qué?!

-De si me lo pides por favor -susurra el abogado, levantando la cabeza para empezar a repartir besos muy cerquita de su boca... pero no en sus labios como tal. Como mucho, roza sus comisuras-. De si eres un buen chico.

-O podría empezar a penetrarme yo solo.

-Cuidado, A-Cheng. -Ríe Meng Yao a su espalda, las manos de pronto sobre su pecho, pellizcándole con una puntería abrasadora. Y los labios de Lan Huan le recorren el lateral del cuello... va a volverse loco de un momento a otro-. Podrías llevarte más de lo que esperas.

Jiang Cheng intenta mirar hacia atrás por encima de su hombro, pero solo distingue la sonrisa ladina de Meng Yao, tan asquerosa que quiere besarle para borrársela. Sin embargo, es Lan Huan el que le besa y hace que se olvide por un instante de todo lo que le rodea y de todo lo que quería comprobar. Pero da igual. Por el tacto, deduce que esa advertencia se debe a que ahora Meng Yao sujeta ambas erecciones —la suya y la de su novio abogado— con una mano, y que si intenta penetrarse a sí mismo y cabalgarle, acabará con ambos dentro a la vez.

No le importa. No es que sea la primera vez que se embarcan en un viaje doble. Así que se eleva valiente sobre las rodillas en cuanto Lan Huan se separa de su rostro y posiciona su trasero, su entrada bien dilatada, sobre las puntas de ambos, bien unidas. Nie MingJue le silba y Meng Yao se ríe. El único que parece disconforme es el maestro de música, que no se corta ni un pelo a la hora de mostrarles un puchero.

-¿Y qué pasa conmigo? 

Jiang Cheng empieza a descender, y su gemido se convierte en casi un grito. Aunque le ha dicho, básicamente, que debe suplicarle para conseguir lo que quiere, Nie MingJue no tarda en sostenerle y ayudarle a descender. La situación es abrumadora, tan abierto de pronto que cree que se quedará sin respiración. Pero le encanta, porque es justo lo que quería. Meng Yao termina por arrancarle la camisa y, en estas circunstancias, lo único que puede es tomar la mejilla de Lan Huan con una mano temblorosa y besarle de nuevo, según va descendiendo cada vez más y más profundo. Cuando se separan, sus frentes quedan presionadas la una contra la otra, Jiang Cheng jadeante y Lan Huan sosteniéndole entre los regazos de ambos. 

Jiang Cheng vuelve a besarle, lento y húmedo, y le mira con ojos hambrientos.

-Tú puedes cabalgarme... -Propone, y las respiraciones de Meng Yao y Nie MingJue, ambos dentro de él ya, abrazándole, se tensan-. Si te atreves, claro está.

Por supuesto que se atreve.

77 kisses [Mo Dao Zu Shi Fanfic]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora