45 - Passionate

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Un beso apasionado.

Meng Yao reclama su espalda y sus hombros, al parecer uno de sus lugares favoritos para besarle, porque le encanta ir probando una por una todas sus pálidas pecas, aunque halla millones repartidas por toda la piel que cubre sus definidos músculos de nadador. Nie MingJue, su clavícula y cuello, allí dónde es tan sensible, dónde tan poco cuesta causar que se deshaga en gemidos de placer, y seguro que pronto atacará su pecho también, porque nunca puede resistirse a ello. Lan Huan, mientras tanto, es ahora el dueño absoluto de sus labios.

Pronto dejará de serlo, porque pasarán de uno a otro y a otro más. Y Jiang Cheng seguirá besándoles y dejando que le besen, encantado.

Adora estar así, amparado entre los tres, lleno de sus besos mientras ellos también se devoran entre sí. Ojalá, piensa en una de esas ensoñaciones traicioneras que le hacen enrojecer, poder estarlo siempre. Lo único que espera es que las paredes de la habitación del hotel que comparten —se han ido a pasar un fin de semana fuera, porque los cuatro necesitaban desesperadamente desconectar de sus trabajos y reconectar entre ellos— sean más gruesas que las de su piso compartido. Su vecino ha empezado a dejarles notas pasivo-agresivas en el felpudo cada vez que follan. Al parecer, y esto lo ha admitido él mismo una vez que se cruzó con Nie MingJue en el ascensor, les tiene una envidia terrible.

En cualquier caso, no necesitan que el personal del hotel les eche una bronca por escandalosos. Sobre todo porque esa promete ser una noche intensa y, salvo Meng Yao, ninguno de los cuatro sabe contenerse. Además Meng Yao tiene momentos en los que tampoco es capaz, solo hay que saber qué teclas tocarle.

Y hablando de eso... Jiang Cheng se gira entre los brazos de Nie MingJue, dejándole ahora el turno y encarándose al susodicho Meng Yao. Su novio abogado le mordisquea la nuca por detrás y cubre sus pectorales con ambas manos, masajeándole con fuerza y disfrutando del arco de su cuerpo al curvarse. Aun con la excitación que le provocan esos dedos ásperos sobre la piel desnuda, el roce de sus yemas al pellizcarle los pezones, Jiang Cheng se las arregla para intercambiar una mirada de complicidad con Lan Huan. Esa sonrisa encantadora y complacida y el beso que deja bajo su mandíbula mientras le acaricia la cintura es la confirmación de que lo ha entendido absolutamente todo. Así que, mientras el estudiante de Física atrae a Meng Yao en un beso húmedo, lleno de gemidos y chapoteos, Lan Huan se coloca a la espalda de este último, le rodea con sus brazos y comienza a imitar los movimientos de su primer novio en el cuerpo del segundo.

Meng Yao comienza a gemir. Esas son justo las teclas que había que tocar. Así que mientras se besan como si el mundo fuese a acabar mañana y ellos cuatro fuesen los últimos habitantes de la Tierra, Jiang Cheng sonríe. Luego se separan y gira la cabeza en un ángulo extraño para poder repetir la jugada con Nie MingJue, que no ha tardado ni un minuto en encontrar el camino hasta su erección. Lan Huan se alarga a por Meng Yao en respuesta por haberse quedado sin labios que besar.

Los cuatro jadean los unos contra los otros cuando se separan de los labios ajenos —sea a quién sea a quién quiera que estén besando, porque a veces se despistan— tan solo un instante para recuperar el aliento. Los cuatro se acarician con dedos a veces más duros y a veces más picajosos, pero en todos los casos prometedores. Son dedos que tienen una idea clara, un objetivo, y que no piensan detenerse hasta que no vean a alguno otro de sus novios reducido a gemidos y próximo a la eyaculación. Meng Yao no se ha dado cuenta todavía, pero tiene casi todas las papeletas para ser ese alguien. Jiang Cheng da por hecho que él también caerá por el mismo precipicio, pero se asegurará de llevárselos consigo por el camino. 

Unos dientes se clavan en su hombro, justo al lado de su cuello, y Jiang Cheng gime de nuevo, encantado, mientras su cuerpo se tensa como un arco entre las manos de Nie MingJue. Meng Yao se pega a su cuerpo, besando y lamiendo, mientras Lan Huan lo besuquea a él. Intercambia una miradita y una sonrisa con el profesor de música, porque ya está comenzando a dilatarle. Claro, por eso Meng Yao se revuelve tanto.  

-¿Nos hemos acordado de sacar los condones de la maleta? -Cuestiona el doctorando, todavía apoyándose contra el musculoso cuerpo de Nie MingJue, que lo besa antes de responderle y, en el proceso, le deja sin aliento.

-Teniendo en cuenta que cada uno ha traído una caja como mínimo, malo será que ninguno los haya cogido.

-¿Los has sacado tú, mastodonte?

Nie MingJue gruñe en su oído, tenso y a la vez acalorado, porque su precioso novio acaba de rodear sus testículos con una mano helada. No los aprieta mucho, pero la suave presión de sus dedos y la combinación con la temperatura de su piel son suficientes para ponerle en alerta.

-¿Y tú, preciosidad?

Después, hay un chasquido. Y uno de los fuertes, aunque no lo suficiente como para enmascarar el gemido que le arranca a Jiang Cheng. La palma de la mano de Nie MingJue ha caído con fuerza sobre uno de sus muslos, un azote que le ha pillado desprevenido. Y mientras tanto —mientras se agarra a sus hombros con las uñas— Meng Yao gimotea por los dos dedos que Lan Huan ya ha colado en su interior, que acaban de detenerse. De rodillas en la cama, sin llegar a sacarlos, el profesor de primaria se alarga para tomar una de las cajas que han dejado sobre la mesilla de noche.

-A-Cheng, A-Jue, haya paz.-Dice mientras se la pasa, sonriente-. A no ser qué eso no sea a lo que estamos jugando hoy.

-¿Y a qué se supone... -jadea Meng Yao, que aunque intente disimular, hoy está sobrepasado-, que estamos jugando, Er-ge? 

-A algo que os encanta.

Lan Huan deja un beso suave en la sien de su segundo novio, y eso le hace gemir tanto o más que los dedos en su interior. O quizá es precisamente por los dedos en su interior, porque han vuelto a moverse. Mientras tanto, Jiang Cheng siente como el ardor en su muslo se convierte poco a poco en picor, todo por culpa del golpe. Ese no es el problema. El problema real es que quiere más, y Nie MingJue no le da más, porque está demasiado ocupado abriendo la puñetera caja de condones que seguro que todavía tardarán un rato en usar. Así que pone los ojos en blanco y se lanza a besar a Meng Yao, que se agarra a él como si fuera una roca en mitad de una tormenta en el más embravecido de los mares. 

Como se nota que el doctorado ha tenido a Meng Yao demasiado estresado y demasiado apartado del sexo con sus novios. Pero por fin ha defendido su tesis y por fin se ha librado de todo eso, así que se merece esto. Se merece esos besos, y Jiang Cheng está más que dispuesto a dárselos. Lan Huan y Nie MingJue, por supuesto también.

Así, besándose, Meng Yao y Jiang Cheng caen sobre la cama. Sus novios les siguen.

77 kisses [Mo Dao Zu Shi Fanfic]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora