26 - Jealous

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Un beso celoso.

Lan Huan no es celoso... normalmente.

No lo es, de verdad que no. Ninguno de los cuatro lo es, o sostener una relación poliamorosa abierta se volvería un trabajo en exceso complicado como para que poder sobrellevarlo. Algunos lo logran, sí, y aprenden a manejar los celos, pero ellos han tenido suerte de ser más propensos a las compersión. Y más considerando sus vidas, que a veces se vuelven un nivel superior a estresante. Cuánto más se les facilite la gestión de los sentimientos, mejor. Así que de verdad, de verdad, que Lan Huan no es celoso. No es como su hermano, ¿vale?

A Lan Zhan le daría un ataque en su situación, porque su hermanito ya no es que sea celoso, si no que tiene un serio problema con eso llamado celopatía, pero trabajarlo y trabajar en su relación es problema suyo y de su novio, no de Lan Huan. Lan Huan, visto el panorama, se siente orgulloso por estar solo apretando los puños. Tanto que se le pondrán los nudillos blancos de un momento a otro.

Por favor... ¡se siente estúpido!

Él, un adulto funcional de veintiocho años que además tiene tres preciosos novios de los que presumir día y noche. Él, con su vida ideal, con todas sus prioridades en orden bien colocaditas... ¡y está celoso de un niño de tres años!

(En su defensa, ese niño se la tiene jurada desde que Jiang Cheng le dio un beso en su presencia. Lo sabe, por mucho que A-Yao y A-Cheng digan que exagera.)

Aquello en realidad iba a ser una cita triple casera. Cuando lo planearon, tenía todas las papeletas de serlo. Y de acabar en orgía en cuando Nie MingJue llegase del trabajo, como tantos otros días, en especial ahora que los dos universitarios y el maestro están de vacaciones. Pero claro, los imprevistos surgen en cualquier momento, y, en este caso, el imprevisto tuvo que ser Jin ZiXuan con su hijito de la mano, porque resulta que Jiang YanLi estaba en mitad de una reunión con un cliente importante, él también tenía que trabajar y no habían encontrado con quién dejar al niño. Y ahí se fue su cita casera de helado y peli, a la mierda.

En realidad, a Lan Huan este tipo de inconvenientes no le suelen importar. Cuida de mil amores a sus sobrinos por parte de padre, A-Yuan y A-Yi y le encantan los críos, por algo trabaja con ellos. De hecho no le parecería mal si no hubiera interrumpido su primera cita erótica en casi todo el mes. (Acaba de empezar julio después de un junio horroroso y pre-apocalíptico, de trabajo constante y actividad excesiva, y la mayoría de veces cuando se tiran en la cama es para quedarse dormidos en menos de cinco minutos.) Y... ¡si Jin Ling no se dedicase a mirarle como si fuese un roba-tíos (se lo ha llamado a la cara cuatro veces ya) y a burlarse de él mientras le roba la atención de Jiang Cheng y Meng Yao!

¡No es justo!

Respira, Lan Huan, respira. Eso hace. Respira hondo y con lentitud, como en pilates... los días que tiene tiempo para ir a pilates, claro, en vez de estar enterrado en una montaña de exámenes de música de primaria a medio corregir. Ahora que ya está de vacaciones retomará sus actividades, porque lo necesita después de semejante fin de curso. Vuelve a repetir la respiración abdominal un par de veces y la sonrisa que empezaba a estar tirante en los bordes vuelve a salirle natural. Después, coge la bandeja que ha estado preparando -la merienda, un bocadillo de crema de cacao y un vaso de leche para Jin Ling, un té verde para él, uno negro para Meng Yao y uno con leche y miel para Jiang Cheng, porque es tan goloso como su sobrino, solo que intenta disimularlo, los tres con hielo- y vuelve al salón. La visión que le recibe le parecería adorable si, de nuevo, no le estuviese estropeando el polvo que le ha tenido en vilo todo el mes.

Sí, Jin Ling es un crío encantador y monísimo y sí, pocas cosas tan bonitas hay como ver a Meng Yao haciéndole cucamonas y a Jiang Cheng ayudándole con los deberes de matemáticas que le han dejado para el verano (su novio es físico... ¿de verdad sigue considerando la suma de dos cifras como matemáticas?) pero él tenía otras ideas para esas caritas. Aun así, no se le cumplirá hasta que Jiang YanLi se pase por su piso en busca de su hijo, así que solo le queda tener paciencia. Mucha paciencia. Y vale que sea su especialidad, pero hasta él tiene un límite, ¿vale?

-Traigo la merienda, chicos. -Anuncia jovial, con una sonrisa que debería iluminar media habitación, lo sabe, pero le queda un poco tensa. Jin Ling, sentado en el regazo de Jiang Cheng, levanta la mirada hacia él, así como sus tíos. El niño le frunce el ceño, y se parece tanto al más joven de sus novios que le parecería encantador si no le diese la impresión de que quiere asesinarlo mientras duerme-. ¿Qué tal si hacéis un descanso?

-Gran idea, Er-ge. -Le apoya Meng Yao. Luego le dirige una de esas sonrisas que piden disculpas por el giro de los acontecimientos. No se lo esperaban-. Mira, A-Ling, Huan-shushu te ha hecho un bocadillo para merendar.

-¡No lo quiero! -Declara el pequeñajo, cruzándose de brazos y haciendo un puchero. Sus dos tíos se quedan a cuadros-. ¡Si no lo hacen jiujiu o xiao shushu no lo quiero!

-¿Pero a ti que te pasa ahora, mocoso?

-¡Yo solo quiero a jiujiu y xiao shushu!

Meng Yao y Jiang Cheng se miran confusos, porque toda la tarde ha sido así, un desastre de intenciones confusas y de declaraciones de guerra soterradas (o no tanto) sobre todo de parte de su sobrino a Lan Huan. No saben a qué viene todo esto, pero les interesa más pararlo y tener la fiesta en paz que descubrir el origen.

-Pero A-Ling...

Lan Huan lo intenta, de verdad que sí (no puede rebajarse al nivel de un niño de tres años, ¡y no lo hará!) pero no le sale. Poco importan todas esas clases de pedagogía, ha perdido esta batalla. Su idea era explicarle a Jin Ling que el bocata que le ha preparado es de crema de cacao, su favorita, y que además esa crema la compró su jiujiu, así que técnicamente lo han hecho entre los dos. Pero no funciona. No funciona porque ni siquiera logra intentarlo, en realidad. En cuanto él abre la boca, Jin Ling, enrabietado, le da la espalda y se cuelga del cuello de su jiujiu. Jiang Cheng tiene el ceño fruncido y está atónito. No entiende nada. Y cuando busca ese entendimiento perdido en la cara de sus novios se da cuenta de que, de hecho, ellos tampoco.

Así que hace lo único que puede, que es sostener al niño en esa especie de abrazo extraño.

Jiujiu! -Le chilla Jin Ling al oído, todavía sentado en sus piernas y mientras le clava una rodilla en la tripa sin mucho reparo-. ¡Jiujiu, quiero beso!

-¿Y a ti que mosca te ha picado?

-¡Quiero un beso de jiujiu! ¡Y otro de xiao shushu!

Lan Huan lo entiende de pronto... ¡Ese niño es un demonio!

Así que sí, él, maestro con trabajo y sueldo fijo, veintiocho años y tres maravillosos novios, no debería estar celoso de un mico como este. De verdad que no. (Y, ya de puestos, debería dársele mejor tratar con críos, porque, una vez más, es maestro.) Pero lo está. Sobre todo cuando Jiang Cheng y Meng Yao ceden ante sus razonamientos inexplicables y aplastan cada uno un beso en esas mejillas regordetas casi a la vez. ¡Lleva toda la tarde queriendo justo eso, y parece que su sobrino lo sabe y le está haciendo rabiar mientras se lo restriega por la cara! ¡No se lo puede creer! ¡¿De dónde ha sacado tanta maldad este crío?! ¡¿Y qué ha hecho él para merecer esto?! ¡¿En qué momento se ganó su odio?!

Y entonces, aprovechándose de que sus tíos no miran, Jin Ling le saca la lengua, más que satisfecho con lo que ha conseguido, mientras él sigue sujetando la bandeja de la merienda, impotente en mitad del salón. Aunque Lan Huan se fuerza a sonreír, solo quiere darse cabezazos contra la pared.

¡Condenado niño!

77 kisses [Mo Dao Zu Shi Fanfic]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora