Un beso triste.
-¡Bueno pues igual alguien debería rajarle las ruedas a ese hijo de...!
-Meng Yao, cálmate.
Nie MingJue y Meng Yao están "hablando" en el salón, pero la verdad es que desde su habitación Jiang Cheng los oye demasiado bien. Sorbe por la nariz otra vez —no sabe cuántas van ya y no le importa, suficiente humillado se siente como para contarlas y empeorar una situación que ya de por sí es pésima— e intenta limpiarse los ojos con uno de los pañuelos de tela bordados de Lan Huan, pero no funciona del todo bien. Aun así, se lo agradece a su novio. A los tres por estar aquí, porque los necesita y no sabe cómo decirlo, pero en este caso concreto a Meng Yao. Con ellos ha aprendido a no llevar su máscara de niño bueno, así que le da rienda suelta a su ira. Y su ira es de lo más expresiva e incluye planes sobre cómo destrozar el coche de su padre que Nie MingJue se esfuerza sin mucho éxito en intentar echar para atrás recordándole que es ilegal y que bajo ningún concepto podría defenderle en el juicio porque follan semanalmente y al parecer no está bien visto. Total, que no les conviene que Jiang FengMian les ponga una denuncia.
(Aunque, y esto es tan cierto como que Meng Yao quiere agarrar un cuchillo y dejar de responder de sus actos, el propio Nie MingJue aprieta tanto los puños que sus nudillos están blancos. Solo le frena su instinto como abogado y su conocimiento de la normativa vigente y del derecho penal. Y que no tiene a Jiang FengMian delante, porque entonces mandaría a la mierda las leyes y le partiría la nariz de un puñetazo sin hacer más preguntas. Nadie hace llorar a Jiang Cheng salvo ellos, y tiene que ser follando y del gusto.)
A su lado sentado en la cama, Lan Huan suspira de manera casi inaudible. Continúa acariciándole la espalda sin prisa pero sin pausa, en círculos concéntricos que logran abarcarla por entero. No ha dejado de hacerlo desde que entraron. Solo ha dejado de hacerlo un momento, lo que tardó en retirar las gafas de su novio, dejarlas en la mesilla de noche al lado de las suyas propias de lectura y acercarle varios pañuelos de tela. Ha gastado ya dos, uno con nubecitas celestes y otro de flores también azuladas. Ahora va por el tercero, que solo tiene bordado el nombre de Lan Huan en una esquina y que ya está empapado en lágrimas.
A Jiang Cheng le encantaría ser capaz de dejar de llorar de una condenada vez, pero puede y solo puede que la desastrosa comida familiar de la que ha llegado hace media hora —después de salir huyendo de casa de YanLi— le haya afectado más de lo que creía. Hacía mucho tiempo, años, que no discutía así con su padre, y ni siquiera el sorprendente hecho de que su madre haya decidido no intervenir hace que el daño de esas palabras llenas de desdén sea menor. Al fin y al cabo, ella le miraba en silencio con las cejas alzadas y la palabra "decepcionante" escrita por toda la cara, como si los roles de sus padres se hubieran invertido por una única y desastrosa vez.
-A-Cheng...
-Déjame, Lan Huan. -Solloza. La mano en su espalda se tensa un momento, pero no se da cuenta. Tampoco se ha dado cuenta de la mirada oscurecida de su novio o de cómo aprieta el puño de su mano libre, porque él también está enfadado. Odia ver a sus novios llorar así, a cualquiera de ellos-. No tendrías que... No tendríais que aguantar esto.
-No digas eso, A-Cheng. -Murmura el maestro de música atrayéndole en un abrazo cálido contra su pecho y estrechándole entre sus brazos. Es uno de esos abrazos que parecen incitarle a que llore lo que necesite-. Te queremos, cariño. Te quiero. Por supuesto que vamos a estar a tu lado en situaciones complicadas.
-Eso ni lo dudes.
-Y no intentes librarte de nosotros, o será todavía peor.
Meng Yao y Nie MingJue entran al cuarto con ese ánimo convulso en el que se ha sumido su piso compartido desde que Jiang Cheng llegó en mitad de algo a medio camino entre la crisis de ansiedad y el ataque de ira. Nie MingJue, que a lo largo de los años y los juicios se las ha visto y deseado para aprender a controlar su mal genio, es el más calmado de los cuatro, cosa que no deja de ser curiosa también. Aun así, tiene que respirar hondo de vez en cuando, cada vez que ve la carita destrozada del más joven de sus tres novios, porque solo pensar en lo que ha pasado hace que se ponga enfermo de rabia. Lo disimula lo mejor que puede cuando se arrodilla delante de la cama. Jiang Cheng apoya la cabeza en el hueco del cuello de Lan Huan mientras se deja abrazar y acariciar, pero la gira en dirección a su segundo novio. El abogado pasa los nudillos por la mejilla y seca una lágrima que la recorría, pero que ahora ya nunca terminará de caer. Fuerza una sonrisa amarga mientras Lan Huan deposita un beso en su frente, casi en la línea de su pelo. Meng Yao permanece de pie a no mucha distancia, serio y enfadado, con los brazos cruzados. Todavía le apetece destrozar el coche de Jiang FengMian, su problema es el cómo.
-¿Mejor?
-Un poco.
-Quién lo diría.
-A-Yao, por favor.
-Vaya, gracias, Meng Yao. -Masculla Jiang Cheng, todavía sumido en un frustrante intento para dejar de llorar-. Tú también tienes unas pintas fantásticas. ¿A qué pasarela te has apuntado?
-Pues cuando acabe con el coche de tu padre va a estar igual o peor.
-¿Te paso su matrícula?
-Por favor y gracias.
-Vale, a ver -Nie MingJue intenta poner un poco de calma antes de que fantaseen demasiado con lo de cometer un crimen y a él también empiece a seducirle la idea. Porque no tendrá todos los datos, pero nadie hace llorar a sus novios y luego se va de rositas, y eso no es discutible-, ¿qué ha pasado? ¿Qué te ha dicho?
Meng Yao se ha enterado antes por un mensaje de texto de Jin ZiXuan, que no dio crédito de lo que estaba oyendo durante la comida y que, cuando la cosa estalló, supo que la mejor opción era avisar a su hermanito, porque Jiang Cheng necesitaría un respaldo inmediato cuando llegase a su casa. No se equivocó, aunque era difícil hacerlo después de verle salir por la puerta al borde del llanto sin despedirse de nadie.
-Al parecer opina que es que soy incapaz de sacarme el doctorado por promiscuo. Mi madre le respalda. Según él, debería fornicar menos y estudiar más. Sus palabras, no las mías. Y después ha estado quince minutos recordándome exactamente por qué soy una decepción para esta familia.
La habitación se queda un segundo exacto en silencio. Un segundo. Ni uno más. Ni uno menos. El abrazo de Lan Huan se congela y la expresión del abogado es digna de acabar pintada en un museo.
-¿Qué?
-¿Cómo? -Nie MingJue parpadea perplejo, como si le hubieran hablado en finlandés-. ¿A ese hombre se le ha fundido algo en el cerebro?
-¡¿Os lo podéis creer?! -Estalla Meng Yao otra vez, indignado, porque sabe lo que es tener un mal padre, pero le parece excesivo hasta para él, y eso que hay que tener en cuenta que su referente ha ido por ahí fecundando a medio mundo y está metido en varios juicios por delitos varios-. ¡¿Qué clase de padre de mierda le dice eso a su hijo?! Lo siento, A-Cheng.
-Está bien. -Jiang Cheng niega con la cabeza, demasiado cansado como para defender a su padre. En otro contexto, en otra época, lo habría intentado, pero está harto de sentirse como una decepción, como un fraude, harto de que le hagan creer que no vale lo bastante-. Será culpa mía, de todas formas.
Está harto de todo.
-No lo es, eso ni lo pienses. -Sentencia Nie MingJue, afianzando la mano que sigue acariciando su mejilla y obligándole a mirarle-. Tu padre es un imbécil y tu doctorado va bien. Lento, porque es muy difícil, pero va bien. Avanza. Estás dando lo mejor de ti, y eso se nota. Y nuestra relación, que estemos los cuatro juntos, no tiene nada que ver.
-No lo sé...
-A-Jue tiene razón, A-Cheng. -Murmura Lan Huan contra su cabeza, besándole y abrazándole. Meng Yao suspira y, finalmente, se sienta a su otro lado en la cama y le pasa un brazo alrededor de la cintura. Se pega a él y besuquea su mejilla, todo toques delicados y cálidos, llenos de cariño. Jiang Cheng suspira y no sabe si se le escapa una sonrisa, una carcajada ahogada o un sollozo, porque se siente como la mierda, pero con ellos allí por fin está a salvo-. Tu padre no sabe nada de nosotros, así que sus juicios de valor no tienen nada que ver ni con la realidad ni contigo ni con nuestra relación. Te queremos y estamos aquí y te lo diremos tanto como lo necesites.
Lo que va a necesitar gracias a esa declaración es un cuarto pañuelo, sin duda. Y lo pide. Por suerte, Lan Huan ya lo tiene preparado. Sus novios siempre están en todo.
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77 kisses [Mo Dao Zu Shi Fanfic]
Fan-FictionUna pequeña lista de besos que compartir a cuatro. Porque la vida para Jiang Cheng es más entretenida teniendo a tres novios a sus pies. -Capítulos cortos -Los capítulos no siguen un orden cronológico -AU moderno -Actualización los jueves -Versión a...
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