10 - We almost lost you

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Un beso para no perderte.

Las veces que Meng Yao y Jiang Cheng han llamado "pesado" a Nie MingJue son prácticamente incontables. No en un sentido físico —que también, porque su metro noventa también equivale a casi cien kilos de puro músculo, y porque según la situación han tenido la "desgracia" de comprobar que le pesa hasta la polla—, si no en el figurado. Parte de su forma de querer consiste, como la del propio Jiang Cheng, en eso son similares, en preocuparse demasiado por los demás y por sí mismo demasiado poco. Nie MingJue es una persona terca y cabezota, que la mayor parte de veces solo ve la vida en blanco y negro. Bueno o malo, por mucho que su trabajo en los juzgados le haya enseñado que el mundo se mueve en tonos grises y que a veces juzga sus pesadillas con demasiada rapidez. Aun así, cuando decide que algo está mal, lucha contra ello a muerte sin importarle demasiado la opinión de los demás. Eso implica llegar a perder gente valiosa en el proceso. Muy valiosa. A veces incluso a sí mismo.

Con sus tesis doctorales pendientes —Jiang Cheng todavía en las clases del doctorado y Meng Yao preparándola mientras trabaja como profesor ayudante— Nie MingJue sabe bien que sus dos novios tienen razones más que de sobra para sobreesforzarse cada día. Sin embargo, cree que no es bueno para ellos, y cuenta con Lan Huan como aliado. Y menos mal, porque tener a Lan Huan de su lado es una poderosa arma para ganar las batallas que sean necesarias. A veces son pequeñas guerrillas más fáciles, porque están tan cansados después de todo un día investigando que convencerles para que se vayan a dormir solo implica un par de besos. Otras, son más complicadas y acaban a gritos en el salón o en la cocina. Y es que si influye en sus estudios, Jiang Cheng y Meng Yao se aliarán contra él y harán como si estuvieran de acuerdo en todo. Son agotadores. Son agotadores y Nie MingJue lleva una semana particularmente mala, por eso desiste tan rápido en su discusión del desayuno y se va de allí antes de mandarlos a la mierda a los dos de manera explícita. Que sienta que en cualquier momento se le va a partir la cabeza por la mitas de lo mucho que le duelen los condenados pinchazos que le han despertado esta mañana no tiene nada que ver. Nada de nada. Él no es como ese par de tercos, cuida su salud y no hace las mismas tonterías que ellos. ¿Verdad?

Bueno... cuando abre los ojos en el hospital, eso resulta no ser tan cierto.

Al principio, el abogado está tan desorientado que cuando parpadea no ve un hospital; ve lejanas banderas borrosas. Desorientado se queda corto. Hace un segundo, cuando se levantó de su silla, estaba en su despacho del bufete de abogados en el que trabaja, delante de los informes de uno de sus últimos casos. Durante los primeros segundos de confusión, cuando las imágenes imposibles se disuelven, cree que en realidad las baldosas blancas del techo del hospital resultan ser su pila de informes y papeles pendientes por leer, porque aunque sea pulcro y ordenado en casa, con tanto trabajo acumulado su despacho está hecho un absoluto desastre. Después vuelve a parpadear, mira hacia la derecha y entiende que no, que en su bufete no hay goteros con suero, así que, por lógica, ya no está en la oficina. Gruñe. Solo un poco más allá, al lado del gotero, Jiang Cheng levanta la mirada del móvil de golpe. Está sentado en una silla a su lado, y tiene los ojos rojos. Nie MingJue frunce el ceño.

-No es que no me guste verte, preciosidad -comienza a mascullar con voz ronca-, pero... ¿qué ha pasado?

No necesita que abra la boca para confirmárselo a base de gritos, Jiang Cheng está furioso. Lo ve en esos ojos azules que resplandecen como relámpagos y a parte de él incluso le gusta. Otra, sin embargo, todavía está intentando encajar las piezas, mucho más lenta de lo normal. Para su sorpresa, e incluso para sorpresa de las dos partes en las que se divide su cerebro, su novio no le grita. En vez de eso, en apenas unos segundos lo tiene encima de su pecho, abrazándole por encima de la vía del gotero. Jiang Cheng esconde el rostro en el hueco de su ancho cuello y si se le escapa o no un sollozo preocupado, ninguno lo comenta.

-Idiota... No vuelvas a darme un susto así nunca, ¿entendido?

-¿A-Cheng?

-Mejor dicho, no se lo des ni a él ni a mí o te enterarás de lo que es bueno, Da-ge.

Nie MingJue alza la mirada en dirección a la puerta de la habitación. Jiang Cheng no, porque Jiang Cheng le esperaba. Han venido juntos (corriendo, con Meng Yao conduciendo a toda prisa; puede y solo puede, se hayan saltado un par de semáforos... o tres) después de todo. En el umbral de dicho cuarto se encuentra a su segundo novio, sosteniendo dos vasos de café caliente recién sacados de la máquina expendedora más cercana. Está serio. Mortalmente serio incluso. No hay ni rastro de sus sonrisillas mansas habituales ni en sus ojos ni en sus labios, y solo parece un rostro en blanco. A Nie MingJue a veces le da escalofríos. Hoy es una de esas veces.

-A-Yao... hola. -Gruñe. Jiang Cheng se aparta después de estrecharle otra vez (como si necesitase asegurarse de que sigue vivo) aunque no se aleja. Se queda sentado al borde de la estrecha cama del hospital mientras se frota los ojos, furioso. Cuando parece calmarse un poco, Meng Yao se acerca, le ofrece uno de los dos vasos de café y se sienta al otro lado de la cama-. ¿Qué hago en el hospital?

-Te desmayaste en el trabajo. 

-Por lo que nos han dicho, no es nada grave. -Suspira Meng Yao. A pesar de la letalidad de su seriedad, le acaricia una mano con cuidado, con cierta suavidad extraña en él, y solo entonces ve que le tiemblan los dedos. Nie MingJue se siente culpable por preocuparles-. Una bajada de tensión. Demasiado agotamiento, demasiado poco sueño... esas cosas. Aun así, quieren tenerte un poco más en observación para asegurarse.

-¿Y qué hacéis aquí?

-Resulta que soy tu contacto de emergencia. -Le espeta el estudiante de Físicas, a medio camino entre su mal humor más habitual y una preocupación enfermiza, porque no es la primera vez que pasa por una situación parecida. Wei Ying estuvo a punto de consumirse por culpa del trabajo hace un par de años, y Jiang Cheng sin duda alguna no quiere volver a ver a otra persona a la que adora atravesar lo mismo. Todavía sueña con ello, y sus pesadillas a veces se vuelven de lo más pintorescas, siempre llenas de zombies, y eso que detesta esas películas que tanto le gustan a su hermano-. Me llamaron cuando estaba en la universidad.

-Por suerte, nos pilló en la cafetería. Vinimos tan rápido como recibimos la llamada. Hemos avisado a Er-ge. Estará aquí en media hora.

Nie MingJue los mira durante un par de minutos en silencio absoluto, hasta que lo entiende. Jiang Cheng ha dejado su café a un lado después de, casi seguro, llevarse por delante más de la mitad del contenido de su vaso en ese trago. Meng Yao también, aunque él ni siquiera se lo ha acercado a los labios. El uno evita mirarle, pero aprieta su mano como si quisiera asegurarse de que está ahí. El otro busca sus ojos, pero solo la acaricia los nudillos de la misma mano que Jiang Cheng sostiene. Al cabo de unos segundos, el abogado suspira.  

-Lo siento, chicos. No...

-Calla. -Le corta Jiang Cheng en seco. Le tiembla la voz-. Tú solo... cállate, ¿vale?

-Pero...

-Y la próxima vez que nos regañes por estar estudiando en vez de durmiendo -salta Meng Yao, también con esa tensión rara que inunda todo el cuarto-, predica con el ejemplo, ¿quieres? 

-Sabéis que tengo razón cuando os lo digo.

-Pues a la próxima, te vienes a la cama con nosotros.

-¿O si no qué, preciosidad?

-Volverán a ingresarte porque te habré partido las putas piernas.

-Avisado estás, Da-ge.

Eso dicen, sí. Sin embargo, antes de darse cuenta, tiene a cada uno de sus novios acurrucado a un lado, ambos besándole como si hubieran estado aterrorizados. Y, como han prometido, algo más tarde Lan Huan se presenta en la misma habitación con el mismo miedo dibujado por toda la cara. El rapapolvo que le cae no es pequeño y, cosa inaudita, los gritos que le pega Lan Huan se escuchan por todo el hospital. Se lo tiene merecido.

77 kisses [Mo Dao Zu Shi Fanfic]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora