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13. Diferentes tipos de amor

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De mis rumores favoritos, el amor se manifiesta de diferentes maneras, y ella tienes que descubrirlo.


― ¡Esta es la última sorpresa de la noche! ―la música bajó un poco y todos la observamos―, ¡chicos, hágannos los honores! ―rápidamente dos personas mojaron a cada nuevo, incluyéndome.

Sintiendo como parte del líquido me mojaba, miré arriba, Luca me cubrió con su cuerpo intentando taparme, pero fue imposible, un líquido frío y rojo nos cubrió a ambos.

― ¡Disfruten de la noche! ―la música regresó y todos gritaron, a muchos chicos no les importó estar con esa cosa, otros se quitaron la camisa y siguieron bailando.

― ¡Me mojaron! ―se quejó Mateo, lo miré mal―. No tanto como a ti, claro. ―las chicas tenían unas gotas de la cosa roja en la ropa.

― ¿Qué es? ―preguntó Emma.

― ¿Sangre? ―Isabella puso una mueca y yo me asusté.

― No creo ―el chico se manchó un poco el dedo y lo lamió―. No, es falsa.

― Supongo que debería irme, no quiero enfermarme. ―nota mental, no volver a seguir un consejo de Ro.

― Si tienes razón, vamos.

― Yo la llevo, también me iré, quiero cambiarme.

¿Justo hoy tenía que dejar mi auto en casa?

Sin mirarlo, caminé alejándome rápidamente. Estaba que me moría de frío, abrazándome, intenté darme calor, no sirvió de absolutamente nada. Vale, ¿qué era necesario?, estaba que agarraba un resfriado con todo este frío.

Viendo que faltaba mucho para poder llegar, sentí unos brazos alrededor de mí, sin entender, vi de quienes era, y vaya sorpresa.

― Así entraremos en calor. ―sentí la calidez de su aliento, cerca mi oreja.

― Déjate de cosas. ―rodando los ojos le di un manotazo para que me suelte.

Maldiciendo a todos, me abracé para poder entrar en calor, esto era ridículo, ¿cómo terminé en esta situación?, llegando a casa le diré una cuantas a Ro, que todo era su culpa.

― Quiero llegar a casa antes de navidad. ―explicó cargándome.

― Quiero llegar a casa antes de navidad. Capullo ―imité molesta con todos―. Si no me bajas te romperé las piernas. ―no estaba para juegos.

― Creo que me arriesgaré. ―resoplando volví a insultarlo.

Mientras me quejaba y le decía todo lo que se ocurría, llegamos a su auto, al fin, que no podía con nada más, estoy cansada, enojada, mojada, y lo peor de todo, tengo hambre.

― Me encanta verte con ese vestido puesto, pero no quiero que te enfermes. ―abrió su maletera para sacar una sudadera.

Cogiéndola, lo vi como si le hubiera crecido otra cabeza. No pensaba ponerme eso, una regla importante, no quedarte con nada de nadie, así será más sencillo todo.

― Deja de mirarme y póntela. ―lo vi sacar otra.

Quitándose la camisa, trató de estar lo menos mojado posible, así pudo ponérsela y cubrirse, lo cual, en el fondo, lamente, ver su pecho, abdomen, brazos, era muy agradable. Todo sería más fácil si no fuera tan sensual. Capullo.

― ¿Qué esperas?, te resfriarás ―alterné la mirada de la sudadera a él, empecé a pasarme la sudadera por la cabeza―. Si te la pondrás así no servirá de nada, tienes que quitarte. . . El vestido ―levanté las cejas―. No sería la primera vez que te veo desn. . .

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