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57. ¿Qué hiciste?

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Grandes rumores corren, uno de ellos dice que necesitaba que responda, no su silencio, que eso duele más, mucho más.


El día iba de maravilla, pasaron un par de meses donde las cosas siguieron con calma, era el primer sábado de las vacaciones, íbamos preparando varias cosas para nuestro viaje, que iremos a Madrid para estar con la yaya.

Las complicaciones y miedos se fueron con el paso del tiempo, dando lugar a la tranquilidad, mientras conducía con Luca a la casa de uno de nuestros amigos, escuché que decía.

― Estuve pensando, ¿Y qué tal que pasamos las fiestas juntos?, mamá me dio la idea esta mañana y pidió que te pregunte, no tienes que responder ahora, tampoco estás obligada a decir que sí, es una idea, podríamos ir todos a Madrid. ―cuando terminó de hablar, comencé a jugar con mis dedos, esto no era algo que esperaba.

― Yo. . .

― No tienes que decir que sí. ―la idea de todos conviviendo en casa de la yaya, con comida y en plena víspera, es una idea que no me disgusta, me resulta agradable.

― ¿Puedo reflexionarlo hasta después de la fiesta? ―tenía clara cuál sería, pero esperar un poco tampoco era malo.

― Claro, yo espero. ―con un beso corto, terminó la conversación,

El resto de la noche, todo siguió su curso, disfrutamos de la fiesta con amigos, con música, baile, iba divirtiéndome, en la universidad hay más fiestas que estudios, es sorprendente como las cosas cambian, siempre fui de no salir para concentrarme en lo importante, pero ahora estoy aquí, viendo como intentan hacer que Luca tome.

Sus amigos lo agarraron, alejándolo para pasar un momento, estoy con unas amigas viendo sonríe intentando librarse. En ese momento, me doy cuenta de que no tengo por qué esperar, cuando termine, le diré que sí, estaría grandioso pasar todo eso juntos.

Aprendería con yaya sobre los postres típicos que tenemos, nuestras tradiciones, nos conoceríamos más. . .

― Antes, hacían eso siempre que podían ―llegó Danna. Y las chicas se fueron―. Solíamos ir a todas las fiestas, éramos los reyes ―presioné los labios. Antes de poder decir algo, se me adelantó―. Amunet, cielo, entiendo que te guste, pero solo llegará ahí, yo lo conozco, no era nada más algo con que molestarme, trata de ponerme celosa, y cuando consiga mi atención, te dejará. Te lo digo como amiga, no quiero que sufras después, no te conviene. ―respiré nuevamente.

Su cabello ya no era negro intenso, ahora era castaño oscuro, también se puso unos lentes de contactos azules intensos, su maquillaje también era diferente, su piel más bronceada, verla era tan extraño, generó náuseas en mí, unas muy feas. Y no por su aspecto, estaba muy bonita, sino porque parecía yo.

― ¿De qué vas?

― Encontrarás a alguien para ti. Pero no creo que puedas con Luca, él es. . . Luca es de esos chicos por los cuales te mueres de solo verlo, es muy guapo, y entiendo que estés interesada en él, te perdono.

― ¿Me perdonas?, ¿qué cosa? ―crucé mis brazos.

― Que te guste Luca, obvio, te perdono, no te culpo, cualquiera que tenga ojos puede ver lo atractivo que es. Pero ahora que todo está aclarado y te alejarás de él, no tienes por qué preocuparte.

― ¿Alejarme?, no entiendo.

― Sí, o sea, tú te alejas y podremos seguir siendo amigas.

― ¿Y tú piensas que me interesa ser tu amiga?

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