Algo en mi cuerpo crujió, no supe que parte fue, pero mi cabeza pesaba el triple de lo usual y eso me hizo pensar que fue mi cuello. Moverme representó también un desafió cuando la habitación giró, regresándome a mi posición original. Tenía sed, una jaqueca que amenazaba con hacerme vomitar y más sueño del que estaba lista para controlar. Rodé lentamente para evitar las náuseas que me atacaban con cada movimiento. Logré abrir a medias uno de mis ojos y vi a Derek profundamente dormido junto a mí. ¿Qué hora era? El dolor que taladraba mi cabeza me obligó a cerrar los ojos, la oscuridad me gustaba, la oscuridad no dolía. Fui arrastrada por el cansancio y agotamiento que mi cuerpo sentía y caí nuevamente en el sueño que estaba teniendo antes.
Abrí los ojos con la voz de Derek en mi oreja, estaba cansada y mi cuerpo no respondía a los estímulos de la forma en la que debía. Él sacudió mi brazo y quise decirle que lo estaba escuchando, que mi cabeza pesaba una tonelada y el ruido me molestaba tanto como la luz, pero no pude. El cansancio me llevaba a la inconsciencia una y otra vez.
Escuché la voz de una mujer hablando con Derek y abrí los ojos, pero fui cegada por la luz. La voz de Derek se escuchaba diferente, estaba rasposa y cansada, como la voz de alguien que acababa de regresar de entre los muertos. Entonces escuché otra voz conocida, era Héctor. No me tomó mucho darme cuenta que la voz de Derek provenía del espacio junto a mí en la cama.
No supe cuánto tiempo pasó, pero volví a escuchar silencio y después la voz de una mujer. Levanté la cabeza y logré ver una mujer de blanco. Todas las películas e historias paranormales comenzaban de ese modo. ¿Era ella el ángel de la muerte, o algo parecido? Parpadeé un par de veces y ella seguía ahí. Cuando logré enfocar me di cuenta que estaba usando un uniforme de enfermera.
Me recargué en mi codo y solo unos segundos después tuve que cerrar los ojos de golpe, nuevamente todo estaba borroso y en movimiento. Si seguía forzándome a levantarme, acabaría vomitando.
- Abi, quédate en cama. Ella se encargará de ponerles una intravenosa.
¿Una intravenosa? No dije nada, pero, no entendía que estaba pasando. Derek estaba haciendo sonidos como una queja de dolor, lo sentía moverse a mi lado y de forma casi automática lancé mi brazo para tocar el suyo, estaba segura que eso no lo reconfortaría en lo absoluto, pero sentía que debía hacer algo.
No supe cuánto tiempo pasó, pero vi la mancha blanca caminar a mi lado y tomar mi mano, la limpió con algo que se sintió frío y después sentí un pinchazo que me hizo entender las quejas de Derek. Las venas de mi mano ardían, quise gritar y quejarme de dolor, aunque no lo hice, tener una aguja introducida en mi vena no era mi descripción ideal de una mañana de domingo. Mis ojos estaban cerrados y mis oídos zumbaban, pero de mis 3 sentidos restantes, el tacto era el más desarrollado y eso hizo que pudiera imaginar de forma muy realista cuando la mujer colocó cinta en mi mano para fijar la aguja, moverla dolía un poco, pero no tanto como al inicio, de cualquier forma, no tenía fuerza ni ganas de moverme.
- Héctor –alguna fuerza que tenía guardada dentro de mí me hizo levantar la cabeza y recargarme en mi codo sin morir en el intento. Abrí un poco los ojos y lo vi en el pie de la cama, mientras la mujer salía de la habitación-. ¿Por qué?
Tenía muchas ideas y preguntas, pero ninguna parecía coherente. Héctor mordió el interior de su mejilla mientras me miraba luchar para encontrar la pregunta adecuada.
- Bebieron seis botellas de champagne, están teniendo una resaca bastante fea, pero la intravenosa los hará sentir mejor. Diría que son unos idiotas, pero eso quedó claro desde Las Vegas.
¿Seis botellas? Vaya idiotas. Nos dormimos después del amanecer y bebimos todo ese tiempo, pero nunca pensé en contar las botellas para saber el número final de lo que bebimos. Asentí y regresé mi cabeza a la almohada. Entonces, escuché nuevamente silencio y fui sumergiéndome lentamente en un sueño.
Tres horas después y al acabarse el suero de la intravenosa, estaba caminando hacía el lobby del hotel de la mano de Derek, quien seguramente me estaba sujetando para no caerse. Su acción tenía un doble sentido positivo, haría que las personas nos vieran y los tabloides giraran en torno a nuestro matrimonio de apenas un día.
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Promesa de papel
Romance¿Cómo mierda Abigail Lorente, la abogada más brillante del Bufete, experta en divorcios, termina casada casi por accidente con uno de sus clientes? Peor aún, ¿Cómo logra un gilipolla, adinerado y tres veces divorciado, que me case con él? La respue...
