Epílogo

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Abigail

Dieciocho meses después

—Paula, estaré ahí —la tranquilicé.

Del otro lado de la pantalla, mi mejor amiga me estaba mirando con desconfianza. Su despedida de soltera sería el siguiente fin de semana en Mallorca y ella no parecía creerme que asistiría. La temporada de Derek había comenzado un mes atrás y considerando que había tenido una segunda hija dos meses atrás y mi hija mayor tenía solo catorce meses, mi vida parecía un caos a simple vista.

—Siento que me está mintiendo. ¿Derek te dejará alejarte todo el fin de semana con las niñas?

—Llevaré dos niñeras y un equipo de seguridad. Además, él y yo ya hemos acordado los circuitos en los que lo acompañaré y aparté el fin de semana de tu despedida de soltera —le sonreí mientras mecía a Elena en mis brazos. Apenas tenía dos meses, pero, joder, su temperamento era mucho más difícil de lo que Sofía alguna vez fue.

—Bien, pero debes saber que, si faltas a mi gran día, tampoco asistiré a la apertura de tu bufete el mes siguiente. Y asegúrate de separar a tu hermana de la polla de Hugo —me señaló con su dedo índice y colgó.

Derek entró por la puerta principal con Sofía en brazos, sosteniendo su botella de agua y agitándola en el aire. Habíamos pasado de ser nuevos padres de una hija a tener dos en tan solo doce meses. La vida era caótica y complicada, pero la hacíamos funcionar. Derek había comenzado una nueva temporada, viajábamos con el de vez en cuando y él volvía a nuestra mansión en Madrid cuando tenía más días libres entre una carrera y otra. Yo había comenzado a trabajar por mi cuenta en casos y había dedicado mi corazón y alma, por los últimos doce meses, a la apertura de mi propio bufete, algo que se concretaría el mes siguiente.

—Paula llamó —anuncié y vi a Derek sonreír.

—¿Te amenazó? —preguntó, mientras entregaba a Sofía en brazos de la niñera que solía ayudarme durante el día, quien había ingresado a la habitación apenas los escuchó llegar.

—La conoces bien —asentí.

Había logrado dormir a Elena y la coloqué, con tanta calma como pude, en la cuna que tenía en la sala de estar. Lentamente, caminé hacia atrás para alejarme y respiré de alivio cuando no despertó.

—Deberíamos tener otra hija —Derek susurró en mi oído.

Como reflejo, lo golpeé en el brazo.

Ni de coña. La última vez que dormí profundamente fue hace catorce meses.

Su risa llenó la habitación y envolvió sus brazos a mi alrededor, pegando mi espalda a su pecho, mientras besaba mi cabello. Derek había tenido unos días libres que utilizó para estar en Madrid, pero, viajaría en unos días para la siguiente carrera. Mientras que, todo el equipo de seguridad, nuestras hijas y yo viajaríamos a Miami en unas semanas para la competencia, antes de regresar a concentrarme en mi bufete. Derek había mencionado un par de veces la idea de retirarse y vivir de sus negocios y fortuna para estar más tiempo en casa. Pero, yo sabía que no lo decía en serio, él aún disfrutaba competir.

Derek cepilló sus labios en mi hombro.

Según mis cálculos, si te embarazo justo ahora, nacerá antes del inicio de la siguiente temporada.

Su toque, su olor y su voz hacían que mi cuerpo se erizara. ¿Cómo es que aún tenía tanto control sobre mí?

—Presiento que, eventualmente, perderé esta batalla —confesé.

—Quizá ya la perdiste y no te has dado cuenta —me dio su sonrisa calienta bragas y me di cuenta de lo evidente, tendríamos otro hijo. 

Promesa de papelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora