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35. Adicta

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Su lengua se introdujo en mi boca y fue difícil concentrarme al sentir sus manos por mi cuerpo, lo deseaba tanto que mi cuerpo temblaba como si tuviera frío, quizá lo tenía o quizá lo necesitaba a él. Me gustaba tocarlo, en las últimas horas había memorizado cada parte de su cuerpo, cada uno de sus músculos solo con el tacto. Lo anterior era raro en mí, había tenido bastantes parejas en el pasado, desde que salí del culto, sin embargo, no solía disfrutar el contacto físico en exceso, fuera del sexo.

- Te ves hermosa, muñeca.

Mi risa fue lo único que se escuchó en la habitación.

- Nuevamente eres mi primera en algo. Ninguna mujer antes se había reído de mí mientras me tiene desnudo sobre ella, no paras de sorprenderme.

- No me reí de ti –dije, pero entendiendo el golpe a su ego que eso podía representar, tuve que seguir hablando-. La habitación está casi a oscuras Derek, es imposible que puedas verme con atención como para decir que me veo hermosa. Además, mi cabello es un desastre, puedo sentirlo –metí mis dedos en mi cascada rubia y los sentí atorarse en uno de los muchos nudos que se me habían formado.

La única fuente de luz que se filtraba en la habitación provenía de nuestros celulares, cuando anunciaban alguna notificación y la pantalla se encendía.

- No necesito verte, siempre eres muy hermosa. Me gusta tu cabello así, deberías comenzar a usarlo de esta forma todos los días.

- Es mi look post sexo –dije y sentí mis mejillas calentarse y mi estómago cosquillear. ¿Qué mierda? Yo no era así, pero mi cuerpo parecía siempre responder de esa forma a Derek.

- Es mi favorito hasta el momento.

Él pegó sus labios a los míos y como si fuera una creciente y nueva necesidad, tuve que acercarlo más a mí, como si pudiera atravesar mi cuerpo con el suyo. Estaba tan desesperada por él que me costaba concentrarme en algo más. Pasé mis manos a lo largo de su nuca y espalda, provocando que fuera muy sencillo para él sujetar mis nalgas con sus manos y levantarme.

- Gírate muñeca. Arriesgaré el no tenerte de frente por un poco de creatividad.

Hice lo que él dijo, sin quejarme y lo sentí moverse detrás de mi mientras pasaba sus dedos por mi entrada, estaban fríos, pero me agradaba, metió dos y sentí mi espalda arquearse.

- Mierda –difícilmente pude decir, en un gemido apenas audible.

Él los movió dentro y fuera de mí, poniéndome al borde con cada movimiento y haciéndome creer que llegaría, pero antes de lograrlo, él sacó sus dedos y los sustituyó con su polla, la sensación hizo que las venas en mi cuerpo cosquillearan, mientras el aire salía de mis pulmones. ¿Había alguna otra forma de sentirme de esa forma? Lo dudaba. Agradecí la privacidad que nos proporcionaba el penthouse, sería bochornoso tener personas cerca que me escucharan gemir. Estar con él era así, llegar al tope del placer y caer en sus brazos solo para querer escalarlo nuevamente, me estaba volviendo adicta.


* * *


Era temprano por la mañana, Derek me había despertado besando mi espalda, la noche anterior habíamos intentado ver una película aburrida sobre un barco, pero Derek parecía tener su mente en cualquier otro lugar siempre, los únicos momentos en los que lo sentía verdaderamente atento a su alrededor era cuando estaba conmigo en la cama. Fui girada para mirarlo de frente y enredé mis manos en su cabello.

Esta escena era la clara representación de los últimos dos días en el medio Oriente, Derek estaba sobre mí, con uno de mis pechos en su boca, lamiendo y mordiendo mis pezones, como si quisiera tomarse su tiempo en ello, mientras yo me removía bajo él.

Promesa de papelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora