Abigail:
En cualquier otra situación, la petición de ser follada por Derek hubiera sido algo impensable, considerando que todo a nuestro alrededor era un desastre y nada de nuestra mierda estaba resuelta.
Pero, mi coherencia había salido por la ventana cuando sus labios rozaron mi piel.
Pasé mis manos por el cabello desordenado de Derek y sentí sus manos en mi espalda baja, acariciando cada centímetro sobre la tela de mi pijama. Enlacé mis pies en su espalda y, en unos segundos de lucidez, recordé la presencia de mi hermana. Él y yo solíamos ser intensos y olvidarnos del mundo a nuestro alrededor cuando de follar se trataba, teníamos un video sexual tomado por otra persona como prueba. Pero, no podía traumatizar más a mi hermana, ya había vivido el drama en el culto con mi follada pública en Las Vegas, verme en vivo sería demasiado para ella.
- Derek... -sus labios atraparon los míos el tiempo suficiente para pisar un poco más mi resistencia. Él se inclinó sobre mí en el sofá y abrí mis piernas más mis piernas en respuesta.
Podíamos ser silenciosos, si podíamos. ¿Podíamos?
Pasó sus labios y lengua por mi cuello y me concentré en la razón por la que quería detenerlo en primer lugar. ¿Qué era? Entonces lo recordé, mi cabeza giró a la habitación que mi hermana ocupaba, la puerta estaba cerrada. Derek detuvo sus besos por mis hombros y al verlo nuestra mirada se encontró.
- Raquel –dijimos a coro.
Sujeté el agarre de mis brazos en su cuello y lo sentí elevarme en el aire con una facilidad impresionante. Llegar a mi habitación solo nos tomó unos segundos y fui depositada en mi cama para perder mi pijama por sus manos. Con manos torpes y dedos temblorosos luché por deshacerme de su pantalón y su camiseta. Cuando lo logré, pasé mis manos por su cuello y lo atraje a mí, para admirar sus músculos de cerca. ¿Se podía ser así de perfecto? Debía un pecado de algún tipo ser tan jodidamente hermoso. Su cabello castaño estaba despeinado y sus ojos me observaban con una profundidad calienta bragas, que seguramente hacía que todas las mujeres a su alrededor cayeran por él.
Sus músculos estaban especialmente marcados en sus brazos, su abdomen sostenía un six pack, su cara estaba tallada en facciones perfectas: cejas pobladas, labios gruesos, dientes perfectos y su polla era tan lo suficiente gruesa y larga como para asfixiarme siempre que la introducida en mi boca. Verlo era comprobar que, si Dios existía, definitivamente tenía sus favoritos y él era uno de ellos.
Sus ojos castaños se oscurecieron al mirarme y mi cuerpo vibró al saber claramente lo que me esperaba. Derek pasó sus piernas en el espacio entre las mías y colocó su cuerpo sobre el mío, pasando sus labios por mi cuello hasta bajar a mis pechos y atrapar uno con su lengua, llevándome al abismo. Estaba tan jodidamente caliente que me era difícil concentrarme.
Una de sus manos bajó por mi costado hasta mis nalgas y de regreso a mis pechos, acariciando mi piel a su paso. En el segundo recorrido, se detuvo a la altura de mi vientre y arrastró su mano hasta el pequeño bulto que seguramente estaba escondido, por la posición en la que me encontraba. Acarició el espacio con las yemas de sus dedos y encontró mi mirada. La habitación estaba en una profunda oscuridad, pero aun así podía ver la intensidad de sus ojos castaños sobre los míos.
- No puedo –se alejó unos centímetros de mí, sentándose sobre sus talones.
- ¿Qué? - ¿Grité? Seguramente lo hice. Mi mente estaba nublada y solo podía pensar en la jodida necesidad que tenía de él, controlarme me parecía estúpido.
Él solo me miró con algo similar al sentimiento de lástima, quizá pena y probablemente miedo.
- ¿No quieres... estar conmigo?
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Promesa de papel
Romance¿Cómo mierda Abigail Lorente, la abogada más brillante del Bufete, experta en divorcios, termina casada casi por accidente con uno de sus clientes? Peor aún, ¿Cómo logra un gilipolla, adinerado y tres veces divorciado, que me case con él? La respue...
