26. Hijo de puta

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-          No pareces feliz.

-          Lo estoy –dije, con la mirada fija en el café que estaba bebiendo.

-          Pero no lo pareces y deberías estarlo, vas a casarte con el hombre más deseado de España, millonario, guapo, alto y con una buena reputación –Johnny señaló, con sus dedos índice un tamaño considerablemente grande, refiriéndose al miembro de Derek.

-          Esto –hice una separación con mis dedos índice, tan grande que los ojos de Johnny se abrieron más-, es lo que me metió en todo este lío.

-          Recuerda que estás siendo observada constantemente, Abi. Intenta lucir más convencida de lo que realmente estás.

-          Después de la reunión con la mujer de ayer, deberías agradecerme que desperté hoy dispuesta a buscar un vestido de novia.

-          La mujer de ayer es la organizadora de bodas más importante y famosa hoy en día. Ella se encargará de hacer que tu boda sea la más perfecta. Considerando que Derek solo nos dio dos semanas, agradece toda la ayuda que podamos obtener.

-          Bien –rodé los ojos.

-          Solo te necesito para el vestido de novia hoy, te prometo que el resto de los detalles dela boda los decidiré yo, si tú no te sientes con ganas. Te conozco tan bien que ya se lo que te gusta y lo que no –levantó sus hombros-, será como si tu hubieras elegido todo.

-          Gracias –le sonreí.

El día anterior no había significado una tortura tan grande, pero la realidad era que la mujer con la que nos habíamos encontrado y quien estaría a cargo de la boda por los siguientes diez días parecía tener un temperamento fuerte y un fanatismo evidente por Derek. Ella había preguntado varias veces por él, yo sabía que la mitad del país se sentía de esa forma por él, pero me molestaba eso viniendo de ella, quizá porque su trabajo era organizar mi puñetera boda, no soñar con el novio.

-          ¡Bienvenidos! –la mujer con melena oscura nos recibió en la entrada de una de la tienda de novias más lujosa, Johnny había seleccionado bien el lugar.

-          Gracias –sonreí y dejé que mi asistente hiciera lo que él sabía hacer mejor que nadie, socializar.

Escuché a Johnny pedir que cerraran la tienda y vi el sequito de seguridad que siempre estaba con nosotros rodear el lugar mientras las tres mujeres en el interior caminaban como hormigas. Una de ellas sirvió champaña para nosotros y después se retiró agachando su cabeza, como si fuéramos personalidades tan importantes como para pisotear su ego, Johnny y yo nos miramos y reímos.

Las otras dos mujeres sacaron varias opciones de vestido para que pudiéramos observarlos. Nos mostraron una gran cantidad de diseños distintos, yo no podía imaginarme en ninguno de ellos. Hasta apenas unos meses atrás, la idea de casarme ese año se escuchaba como algo imposible, pero estaba claro que no lo era.

-          Creo que deberías probar varios estilos y decidir con cuál te sientes más cómoda, no rechazaremos ninguno aún –Johnny terminó de hablar y todas asentimos en su dirección.

Dos botellas de champaña después, me había probado un vestido en línea A que odié, un vestido recto que me hizo sentir que me casaría en el culto y un vestido corto que fue inmediatamente rechazado por Johnny al no cumplir con las expectativas de la boda.

-          Encontraremos tu vestido de novia hoy, lo prometo.

-          Eso espero, es una de las cosas más importantes de la boda y no lo tenemos –dije.

Promesa de papelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora