4. Mallorca y el robo

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- ¿Qué harás?

Johnny y yo observamos las flores frente a nosotros por lo que pareció ser una eternidad, antes de que alguno de los dos hablara. Recargué mi cuerpo en la pared de cristal mientras evaluaba la situación. Estaba acostumbrada a ser la mujer más capaz de la habitación, a siempre tener la respuesta y usar eso como arma para callar a varios hombres en el camino, pero, ese día en particular, no sabía que decir.

- Nada. Son unas simples flores en agradecimiento por el trabajo que estoy haciendo. Derek es nuestro cliente estrella y su caso nos dará bastante fama, solo hay que sacar esto rápido.

Una de las cejas de Johnny voló en su frente, elevándose varios centímetros.

- ¿No estás enojada? Te he visto lanzar ramos de flores a la basura.

- Por supuesto. Pero, esto sería una lucha perdida. Derek es una celebridad y el caso más importante para mi jefe. Solo -junté mis manos y las pegué a mi barbilla, pensando en una respuesta-, vamos a seguir trabajando e ignoremos esto. Mientras nadie más en el edificio sepa de quienes son y esto no se repita, todo estará en orden.

- De acuerdo.

- Tengo bastantes cosas que hacer hoy –me dirigí a Johnny y el asintió al escucharme-. Debo hablar con la abogada de Catalina para comenzar el proceso y saber cuándo debo irme a Barcelona, los casos que tenía antes de Derek deben estar resueltos o mayormente ordenados antes de irme.

- Pensé que dejarías esos casos.

Sentí mis cejas rozarse entre sí.

- Claro que no. Fue una sugerencia del jefe, pero, soy perfectamente capaz de hacer todo al mismo tiempo, Johnny.

- De eso no tengo dudas, reina. ¿Quieres un café?

- Por favor.

Johnny desapareció por la puerta y me dediqué a observar mi oficina. En los minutos que le tomó a mi asistente preparar mi café, saqué todos los documentos que necesitaba revisar ese día. Afortunadamente, los tres casos que estaba llevando antes de que la celebridad apareciera en el bufete eran muy sencillos y podía manejarlos sin problemas.

- Latte de vainilla con canela, azúcar mascabado y medio endulzante sin calorías.

Johnny entró y colocó una taza con una decoración similar a la que harían en una cafetería.

- Gracias.

- Agradezco ser tu asistente y no del resto de hombres en este edificio. Deben ser muy aburridos y pedir americanos sin leche para mantenerse despiertos en su miserable y repetitiva vida. Al menos tú me dejas experimentar con la cafetera.

- Encantada de hacerte feliz. Pegué mis dedos índices y anular a mi frente y los sacudí en el aire, en señal de saludo.

- Entonces –se recargó en el marco de la puerta de cristal-, estás ocupada para todos.

- Menos el jefe.

- ¿Derek?

- Que deje su mensaje, no hay novedades en su caso y está resultando agotador que quiera aparecerse todos los días por aquí –señalé las flores como si su sola presencia me resultara agotadora.

Mientras hablaba, Johnny sacó su celular de su bolsillo trasero, enfocó su vista en la pantalla y arrugó su frente.

- No nos tendremos que preocupar mucho por él.

Promesa de papelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora