65. Traición

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Abigail

Derek estaba sentado frente a mí en el jet, observándome con atención. El vuelo sería corto, sin embargo, un doctor y una enfermera volarían con nosotros para cuidar de mí y evitar que los síntomas del embarazo acabaran conmigo. Héctor se encontraba sentado del extremo opuesto y, durante los minutos que llevábamos en el aire, él solo le había hablado en una ocasión a Derek, obteniendo monosílabas como respuesta.

Hubiera pensado que Derek estaba molesto con todos o quizá nervioso, sin embargo, estaba tranquilo, sonriendo a mi hermana en ocasiones, manteniendo una conversación con el doctor y respondiendo preguntas del equipo de relaciones públicas, sin mencionar que me preguntaba cómo me sentía cada pocos minutos. La lógica me decía que él y Héctor no estaban bien y la lógica también me decía que eso seguramente tenía que ver con mi última discusión con Héctor, de la que Derek se enteró y después de la que juró reclamar.

Derek encontró mi mirada y me otorgó una sonrisa torcida y asintió, como si estuviera leyendo mi mente y quisiera hacerme saber que todo estaba en orden, aun cuando parecía lo contrario.

El vuelo fue corto y la asistencia del doctor no fue realmente necesaria. Cuando aterrizamos me aferré a la mano de Derek mientras éramos dirigidos a las camionetas que nos sacarían del aeropuerto y nos llevarían al hotel. Mi hermana estaba caminando unos pasos por detrás de nosotros, con Hugo cerca de ella, anticipando cada paso y cuidando su alrededor. Su historia me parecería tierna, si no fuera jodidamente raro al tratarse de mi hermana. Héctor abordó otra camioneta y, aunque fue un alivio tenerlo lejos, también fue raro, él y yo no nos caíamos bien, pero no era propio de él estar lejos de Derek al llegar a una nueva ciudad, era su representante. Seguramente la discusión de ambos había sido fuerte, tendría que averiguarlo.

- ¿Cenamos juntas? Seguramente Derek tendrá reunión con todo su equipo –mi hermana estaba con la vista en el techo, observando a detalle el hotel al que acabábamos de llegar, el techo y los pilares que lo sostenían eran dorados, era un lugar excéntrico y sofisticado.

- Sí, es buena idea. Derek estará ocupado con su equipo, eso fue lo que dijo hace un rato.

- Bien, comenzaré a arreglarme apenas entre a la habitación. Ya sé que vestido usaré.

- Déjame adivinar –crucé mis brazos y los recargué en la parte superior de mi vientre-, Hugo estará protegiéndonos esta noche y verá tu vestido.

La expresión de su cara cayó y se levantó solamente para delatar sorpresa.

- No me molesta –me adelanté, esperando que entendiera que mi comentario no era por enojo-. Esto es extremadamente raro, pero, si te hace feliz, está bien. Solo espero que sepas que te aniquilaré si tienes sexo sin protección –la señalé y la vi sonreírme y pasar sus brazos por mis hombros para abrazarme.

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- Extraño los Martini –bufé mientras veía a mi hermana beber uno. Ella estaba usando un vestido negro entallado y, para sorpresa de nadie, de los cuatro guardaespaldas que nos acompañaron, Hugo era quien estaba más cerca de nosotras.

- Tuviste que dejarlos por un bien mayor –señaló mi abdomen y asentí mientras bajaba mi vista para encontrar el bulto que sobresalía de mi vestido blanco, mi atuendo era ajustado y terminaba arriba de mi rodilla, lo que atrajo las atenciones de todas las personas en el restaurante al vernos entrar. Vi a varios tomar sus celulares y grabarnos, seguramente haciendo zoom a mi vientre. Mi hermana y yo parecíamos estar representando al ying y yang, gracias a los colores que seleccionamos y eso parecía apropiado para nosotras, considerando lo opuestas que éramos y lo bien que nuestras piezas encajaban.

Promesa de papelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora