Derek
No supe cómo, pero logré llegar hasta Abigail. Su amigo parecía asustado. Seguramente fue fácil proponerle follársela hasta que ella me olvidara. Pero, verme de frente cambiaba todo completamente. Sé que dije algo mientras caminaba hasta ellos, las palabras salieron por mi boca, pero fue imposible recordarlas. Mi vista y oído estaban nublados y solo se aclararon cuando me puse frente a ellos, él quitó sus manos de los hombros de Abigail y me observó con inseguridad disfrazada de valentía. Levantó su barbilla y se mantuvo en su sitio, demasiado cerca de Abi, que osadía de este hijo de puta.
- ¿Podemos ayudarte en algo? –mi voz no tenía ni una pizca de broma, eso debía ser suficiente para intimidarlo.
- Estaba cerca y decidí visitar a Abigail, no sabía que estabas aquí. ¿No tienes una temporada en la que participar?
Respiré profundo, no podía permitir que él se diera cuenta de lo mucho que me estaba sacando de quicio.
- Tengo unos días libres antes de la siguiente carrera y estoy visitando a mi esposa.
- Es extraño, ¿no se supone que estabas viajando con él? –se estaba dirigiendo a Abigail- Cuando comenzaste a mostrarte en tu trabajo y por las calles de Madrid sola, fue natural que todas las personas asumieran que ustedes ya no estaban juntos.
- Tengo un empleo, Rafael. Casarme nunca significó dejar de ser quien soy. Nunca se trató de perderme a mí misma. Luché mucho para tener lo que tengo en Madrid, pero tú ya sabes eso.
Ella estaba dirigiéndose a él, pero sus palabras parecían tener la intención de llegar a mí también. ¿Las estaba diciendo para que yo la escuchara?
- ¿Y las personas saben eso? –guardó silencio y pareció que dejaría de hablar, pero abrió la boca nuevamente y sacó palabras por ahí- Todos parecen asumir que te estás divorciando y con la fama de él, nadie lo duda ni un segundo.
Mi garganta ardió, él estaba trabajando arduamente para hacer que yo le partiera el culo.
- ¿Te gustaría tomar agua o café? –ella dio un paso en dirección a barra de la cocina, dejó las rosas en la superficie y se giró a mirarnos.
¿Le estaba ofreciendo quedarse más tiempo? Las palmas de mis manos sudaron y tuve que tallarlas sobre mi pantalón para secarlas. Quizá ella estaba intentando decirme algo con esa acción, quizá esa era su forma de decirme que no volvería conmigo, que se quedaría en Madrid con él a su alrededor, Dios sabía que yo no soportaría eso.
- Estoy bien, tengo que irme. Solo quería saber cómo estabas –la miró de pies a cabeza y eso me incomodó más de lo que hubiera deseado-. Ya sabes dónde encontrarme, siempre que lo necesites.
Joder, lo voy a matar.
- Ella no te buscará, mucho menos para lo que ofreciste cuando llegaste. Deja a mi esposa tranquila, ella está conmigo, te guste o no, estamos bien y tendremos...
- Derek –la mano de Abigail cubrió mi brazo y solo en ese momento me di cuenta que había avanzado hasta encontrarme a unos centímetros de él-. Suficiente.
- No vuelvas a ofrecerle olvidarme contigo, te vas a arrepentir si lo haces, es una amenaza y una jodida promesa.
- Derek, basta. Gracias por tu visita, Rafael.
Él asintió, observándola con atención. Abrió la puerta y antes de salir por completo, giró a mirarla una vez más.
- Te llamaré pronto.
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Promesa de papel
Romance¿Cómo mierda Abigail Lorente, la abogada más brillante del Bufete, experta en divorcios, termina casada casi por accidente con uno de sus clientes? Peor aún, ¿Cómo logra un gilipolla, adinerado y tres veces divorciado, que me case con él? La respue...
