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32. Perder el control

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- Entonces dijo que debía acompañarlo a todos los eventos de la temporada y me dejó sola en la sala de estar.

Johnny y Paula me estaban mirando aturdidos, con los ojos muy abiertos y claramente impactados.

- Joder, creí que yo sería el centro de atención en esta conversación, pero claramente me ganaste, Abi.

- También pensé que tenía algo interesante que contar –Johnny giró a verla-. ¿Qué tienes?

- Se la mamé a Sugar en el elevador del hotel.

- Eso no es novedad –Johnny sacudió su mano en el aire-. Haz hecho eso con una docena de personas.

- Dos docenas –ella aclaró-. Pero lo hice antes de llegar al piso diez, y me la tragué.

La expresión de Johnny cambió y seguramente la mía también, sin dudarlo y como una acción automática, acercamos nuestra mimosa para chocar las copas entre sí.

- Roger y yo hemos hablado, supongo que la quinta es la vencida.

- Sugar quiere que nos casemos –Paula estalló, logrando que Johnny y yo nos congeláramos frente a ella-. Disculpen, tenía que decirlo. Después del elevador llegamos a la habitación, habíamos bebido bastante en tu boda y entonces él lo dijo, supongo que estaba emocionado después de verlos a ti y a Derek.

- ¿Qué vas a hacer? –Johnny levantó su copa en al aire para señalarle a la mesera que necesitábamos más mimosas.

Esa mañana habíamos decidido salir a desayunar para ponerlos al día después de mi boda. Paula aún estaba en la ciudad y Johnny aún no se sumergía en el caos que significaría ayudarme con el equipaje para la primera parada del calendario de Derek, el medio oriente.

- Nada. Él solo lo mencionó, estaba emocionado por la boda de Abi, quizá por unos minutos, mientras me tenía con su polla en la boca imaginó que podíamos simplemente dar un paso tan grande como eso. Creo que haré lo más maduro y no tocaré el tema de nuevo, se le olvidará.

- Carajo, creí que era la única que estaba teniendo drama en su vida –dije, después de ver a la mesera colocar nerviosamente las copas de mimosa en la mesa y retirarse en silencio.

Estábamos en una zona reservada del restaurante, con la seguridad en cada esquina del lugar para vigilar que todo estuviera en orden y nadie se acercara demasiado a mí.

- Bueno, nuestro drama no es nada comparado al tuyo. Video sexual –Paula levantaba un dedo cada que numeraba un suceso en mi vida-, un prometido sexy, vivir en una mansión rodeada de lujos, con guardaespaldas y en medio de polémica. Creo que fácilmente nos ganas en este round, Abi.

- Sin mencionar que la casa está vacía por las estúpidas ideas de Derek –recargué mi cuerpo en el respaldo de la silla mientras los veía buscar una respuesta a lo que les había mencionado.

- Quizá eso es algo bueno, Derek está intentando hacer que te sientas cómoda en su casa, vas a vivir ahí seis meses más, Abi –Johnny levantó sus manos al nivel de su cabeza mientras me miraba.

- No lo sé, solo quiero regresar a trabajar, pero eso incluso ahora es una locura, las personas me ven en la calle y saben que soy la puta de España, ni siquiera puedo salir tranquilamente a desayunar con mis amigos sin cargar con cuatro guardaespaldas.

- Míralo desde el lado positivo –Paula aplaudió-, eres famosa.

- No sé si es el tipo de fama que me gusta tener. Creo que ahora le tengo miedo a las personas, salir a la calle es fácilmente una de mis pesadillas más frecuentes. Ahí afuera hay personas que aman y odian a Derek y, por ende, a mí. No sé si me siento cómoda rodeándome de personas de quienes desconozco sus intenciones.

Promesa de papelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora