Abigail
- No entiendo porque tienes que ir, es ridículo –Derek me estaba observando del otro lado de la habitación con los brazos cruzados.
La noche anterior, después de la llamada de Héctor habíamos estado en silencio un rato. Medité mis opciones y, aunque entendía lo que Derek dijo sobre mi seguridad, abandonar Madrid una vez más no me emocionaba. Mi pecho dolía ante la idea de verlo nuevamente conmigo, darme cuenta que él verdaderamente quería estar ahí y tener que escoger entre estar con él y estar en la casa que construí con mi trabajo. Mi vida nunca volvería a ser normal.
- Es mi oficina, apenas volví y me ausentaré nuevamente, tengo que ir hoy, revisar mi papeleo, hablar con Johnny, con mi jefe y traer lo que necesito –sacudí el saco que estaba usando sobre mi vestido negro para cubrir mi abdomen y limitar las miradas que pudiera obtener.
- Puedes hacerlo por teléfono.
- No.
- Si –su voz continuaba en un tono neutral, pero él no parecía emocionado con la conversación.
Pasé un labial rojo a lo largo de mis labios y sacudí mi cabello para darle volumen. Encontré su mirada a través del espejo, era una mezcla de atención, fascinación y enfado. Seguramente sería imposible replicarla.
- Te acompañaré.
- No –mi respuesta fue muy rápida y provocó que él perdiera la expresión en el rostro-. Si alguien te ve, la situación será peor, solo estaré fuera dos o tres horas. Después, regresaré a resolver la mierda en casa para... mi equipaje y todo eso.
- No pareces emocionada –me acusó.
- Si tuvieras que dejar atrás, por segunda ocasión, todo por lo que has trabajado, ¿lo estarías?
El no respondió y yo tomé esa como mi señal para irme.
- Estaré rastreándote, seguridad estará contigo en todo momento, no te alejes de ellos.
- Entendido –lo vi caminar y recargarse en el marco de la puerta, su camisa blanca estaba abierta y dejaba a la vista su abdomen marcado, era tan hermoso que molestaba verlo. Di dos pasos hasta estar frente a él, enredé mis manos en su cuello y lo besé, sin importarme si eso lanzaba por la borda toda la discusión que estábamos teniendo. Me sentía tan atraída a él como una abeja a la miel.
***
- Estamos a una cuadra, Abigail –Manolo me estaba observando desde el asiento de copiloto.
Asentí y le sonreí, antes de regresar mi vista a la pantalla de mi celular, para enviar un mensaje a Johnny.
Al entrar al edificio, estuve acompañada por cuatro hombres de seguridad, Derek había asignado a dos de sus hombres para acompañar a Manolo y Lucas en la nada complicada tarea de vigilarme en la oficina. Comencé a pensar que eso había sido una pésima idea una vez que entré al edificio, todas las miradas estaban puestas en mí y en el grupo de hombres vestidos de color negro, que me estaban acompañando.
Mi primera reunión del día fue con el señor Hernández, quien estaba claramente fascinado cuando entré a su oficina. Descubrí la razón a los segundos, Derek le había hablado hacía apenas unos minutos. El hombre frente a mí estaba deslumbrado, al haber tenido una conversación con el hombre con el que yo había dormido la noche anterior.
- Creo que es maravilloso que decidieran que te incorpores nuevamente al viaje con tu esposo. Además, solo tienes dos casos hasta el momento y puedes llevarlos a distancia, encárgate de que Johnny viaje constantemente entre la ciudad en la que te encuentres y Madrid.
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Promesa de papel
Romance¿Cómo mierda Abigail Lorente, la abogada más brillante del Bufete, experta en divorcios, termina casada casi por accidente con uno de sus clientes? Peor aún, ¿Cómo logra un gilipolla, adinerado y tres veces divorciado, que me case con él? La respue...
