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38. Mecanismo de defensa

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La turbina del avión se escuchaba con fuerza por encima del podcast de crimen que se reproducía en mis Airpods. La parte interna de mi pierna fue apretada, bajé la vista para ver la mano de Derek sujetándome y levanté la cabeza para encontrarlo a él, mirándome.

- ¿Si? –retiré uno de mis audífonos y la reproducción se detuvo.

- ¿Estás bien? –sus cejas estaban casi juntas-. Estás muy silenciosa.

- Estoy bien.

- No te ves bien –sacudió su cabeza.

- Creo que es el cansancio, ha sido un día largo.

Y vaya que lo había sido, apenas tuvimos tiempo de celebrar el triunfo en Italia cuando tuvimos que correr al hotel para empacar y subir al avión la mañana siguiente. Había pasado las últimas seis horas volando, mi cuerpo y mente pedían a gritos un descanso, sobre todo desde mi conversación con Estefi, mi cabeza no dejaba de reproducir sus palabras y algo en mi parecía haberse encendido.

- Deberías dormir, Abi.

Asentí y dejé de luchar contra las ganas que mi cuerpo tenía de convertirse en gelatina y quedar sobre el suelo. Recargué mi cabeza en su hombro y respiré su aroma mientras cerraba los ojos y me obligaba a dormir, la diferencia de horario en Miami sería brutal, pero, al menos llegaríamos varios días antes de la competencia.

- ¿Qué está pasando, Estefi? –sentía el latido de mi corazón en el cuello y el sonido estaba cegando uno de mis oídos.

- Necesito una abogada y tú eres la mejor que hay.

- Yo soy abogada de divorcios –no estaba segura que era lo que ella necesitaba, pero, la última vez que acepté ser contratada para otra situación ajena a los divorcios, acabé en un video sexual con mi ahora esposo. Vaya, la vida de verdad suele dar muchas vueltas.

- Es exactamente lo que necesito.

No podía ver la expresión en mi rostro, pero, Estefi asintió y apretó los labios, lo que me hizo suponer que yo estaba actuando tan impactada como me sentía. Tomé un sorbo de vino y una respiración profunda antes de concentrarme en el caso que estaban por presentar frente a mí. No sabía por cuánto tiempo más estaríamos solas, con la privacidad que eso proporcionaba, así que, cada minuto importaba.

- Voy a necesitar que me expliques esto, por favor.

- Necesito tu ayuda para divorciarme de Aarón.

Que locura, los había visto juntos y jamás habría imaginado lo que ella estaba pidiéndome. Mi mente se fragmentó para viajar en varias direcciones, motivos, prenupcial, hijos, manutención, su vida en Australia, los bienes y, finalmente, Derek. Sí, mi mente viajó a Derek, no solo por el evidente hecho de que estaba enamorada de él. Pensé en él porque Aarón era uno de sus amigos y no sabía en qué nivel de traición se consideraría que su esposa estuviera pensando enser la abogada que lo divorciaría. Quizá yo no era la persona adecuada para ello.

- No sé si eso sea algo adecuado, considerando a Derek y... -ella empezó a sacudir su cabeza y dejé de hablar.

- Yo sé que él le tiene cariño y respeto a Aarón. Pero, necesito que tú me divorcies.

- Vives en Australia –dije, evaluando cada parte de lo que ella me estaba solicitando, ¿cómo mierda la divorciaría en otro país, estando en medio de la temporada de F1?

- Los dos somos españoles y estoy dispuesta a comenzar todo allá –sus ojos estaban enfocados en mí, abiertos de par en par y llorosos, ella estaba a nada de echarse a llorar frente a mí. Algo estaba severamente mal, ella no me estaba diciendo toda la verdad.

Promesa de papelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora