El crujido de la manzana que mastiqué era el único ruido que teníamos. Derek estaba junto a mí, desayunando en la mesa del comedor, todos los días anteriores ya no estaba cuando yo despertaba por las mañanas, pero ese día sí. Me puse ropa deportiva y salí volando al gimnasio de la propiedad, pasé al menos una hora haciendo cardio en la caminadora y cuando regresé el seguía ahí. Casi no me habló, pero ni siquiera estaba segura si eso era lo que realmente me molestaba. Me tomé una ducha larga, sequé mi cabello y me maquillé para encontrarlo desayunando en el primer piso. Mi plato estaba puesto en la mesa y no tuve más remedio que sentarme.
- ¿Tortilla de huevo? –Eva me señaló, saliendo de la cocina con el desayuno de Derek, al ver que yo solo estaba comiendo fruta.
- Si, por favor –dije.
Derek tomó su plato con una tortilla de huevo y me pregunté cómo actuaba con tanta naturalidad al tener a tantos empleados a su alrededor, haciendo cosas por él. Quizá era una costumbre que venía con la plata. ¿Me acostumbraría a eso? Claro que no, seis meses no es tiempo suficiente para acostumbrarte a tener personas a tu alrededor haciendo hasta la más mínima estupidez por ti.
- Gracias –dije, mientras me concentraba en mi plato para evitar tener contacto visual con Eva.
Por el rabillo del ojo la vi retirarse y volver a la cocina, entonces escuché la voz de Derek, como si él hubiera estado esperando que ella nos dejara solos.
- ¿Cómo dormiste?
- Bien –mentí, di muchas vueltas en la cama y logré dormir cerca de las tres de la mañana, cuando había abandonado toda esperanza de lograrlo. Pero, decirle que dormí solo cuatro horas, no era una opción.
- Me alegro, porque hoy regresas a la habitación. Esta situación es ridícula.
- No –luché contra el cosquilleo en mi estómago. ¿Le molestó que me fuera?
- Jamás te pregunté si estabas de acuerdo –no sostuvo mi mirada, leí su lenguaje corporal, su respiración estaba agitada y fingía estar atento a su desayuno, pero claramente estaba esperando mi respuesta.
- Yo jamás te dije que podías opinar ni meterte en mi vida. No cambiaré nada por ti, mi celular es mío, mis contactos son míos y lo que yo haga con eso no es tu puto problema.
Sus fosas nasales se abrieron por la cantidad de aire que inhaló.
Tomé varios bocados de mi desayuno mientras lo observaba, sumido en sus pensamientos. El zumo de naranja estaba rico, demasiado, pero no estaba lista para admitir eso con Eva, jamás.
- ¿Pretendes seguir con tu vida como estaba antes? ¿Hablar con las mismas personas? –su mirada estaba sujetando la mía mientras metía un bocado de tortilla a su boca.
Dudé sobre qué contestar, no había pensado eso a profundidad. Claramente no era posible seguir con mi vida como antes, mucho había cambiado.
- Mi vida no puede regresar a lo que era antes, Derek, eso es obvio. Pero no planeo dejar a nadie de lado por ti. Dejar a mis amigos fuera de mi vida nunca fue parte del contrato, tampoco lo fue que tu tomaras decisiones que no te corresponden.
Lo vi elevar sus cejas y pequeñas arrugas se formaron en su frente, pero no parecía molesto. Johnny tenía razón, le excitaba ser retado.
- ¿Incluso a los que te cogías?
- ¡Por favor! No puedes decirme nada al respecto. Quien sabe cuántas mujeres entraron a esta casa y cogieron en la cama donde he dormido, Eva seguro conoció a miles. Mira a tu alrededor, Derek, nada aquí cambiará por mí, considera lo mismo con mi vida, no cambiaré nada por ti.
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Promesa de papel
Romance¿Cómo mierda Abigail Lorente, la abogada más brillante del Bufete, experta en divorcios, termina casada casi por accidente con uno de sus clientes? Peor aún, ¿Cómo logra un gilipolla, adinerado y tres veces divorciado, que me case con él? La respue...
