58. Escándalo

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Abigail


- Joder. Esto debe ser una broma – incliné mi cabeza hasta que mi frente golpeó con el vidrio de la ventana.

- ¿Todo en orden? –la voz de mi hermana, a mis espaldas, me recordó que ella estaba a solo unos metros de distancia de mí.

- La madre de Derek está aquí – sus ojos se abrieron y sus cejas se dispararon hasta la mitad de su frente.

Señalé la ventana de su habitación, que tenía vista hacia el patio frontal, donde la madre de Derek estaba bajando de una camioneta, con ayuda de su personal de seguridad.

- ¿Derek no te dijo que vendría?

- No, ayer no pudimos hablar mucho. Al llegar, se reunió con Héctor y yo me quedé dormida.

No le dije que había discutido con Héctor. Tampoco le mencioné que al despertar estaba enredada en el cuerpo de Derek y había disfrutado cada segundo. Ella no necesitaba esa información.

- Abi.

- ¿Si? –giré a verla para encontrarla con sus cejas casi rozando entre sí, señalando su ropa con su dedo índice. Hasta ese momento noté su vestido rosa.

En casa era común usar vestidos largos, debajo de las rodillas y que mostraran muy poca piel. Pero, el vestido que ella estaba usando cubría hasta la mitad de su pierna, la falda era en corte A y hacía que su cintura se viera más pequeña. Tenía un escote de corazón y tirantes. No mostraba demasiada piel, pero, era lo más atrevido que mi hermana había usado hasta ese momento. Aunque, desde que comenzó a trabajar, su vestimenta había comenzado a ser más libre. Pero, nada se comparaba con su atuendo de ese día. Su cabello castaño estaba recién lavado y su cara parecía la de una muñeca, se miraba perfecta de pies a cabeza.

- Te ves muy hermosa, Raquel.

- ¿Es demasiado? –señaló sus piernas y sus hombros, las partes de su piel que se estaban mostrando.

- Por supuesto que no, es perfecto.

Ella me sonrió y vi en su expresión algo que me hacía muy feliz, ella estaba en paz.


***


Las zapatillas deportivas que mi hermana estaba usando resonaban en cada escalón que ella pisaba, mientras bajábamos a la primera planta.

- Abigail, justo estaba buscándote –la madre de Derek me estaba observando a través de sus largas pestañas. Estaba usando un saco negro que envolvía su figura de una forma increíble. Sofía se veía sofisticada y fina, podía asegurar que su saco costaba el alquiler de un departamento por algunos meses.

- Hola Sofía –esperaba que mi voz no rebelara lo poco que me gustaba su visita, probablemente fallé.

Mi hermana la saludó con amabilidad y logró sacar una sonrisa torcida de su rostro.

- Es bueno verte, Raquel –las palabras de Sofía no combinaban con su expresión de aburrimiento, ella definitivamente no estaba feliz de ver a mi hermana, ni a mí.

- Voy a leer un rato –mi hermana señaló el enorme patio trasero y yo simplemente asentí.

La vi desaparecer por el pasillo con Hugo, el elemento de seguridad alto y guapo, solo unos pasos por detrás. Hasta ese momento me di cuenta que no había notado la presencia de él, ¿ya estaba con nosotros desde que bajamos las escaleras? Quizá era un hombre muy silencioso.

Promesa de papelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora