Abigail
A lo largo de mi carrera, hasta ese punto, me había encargado de divorciar a más parejas de las que podía contar. ¿Cincuenta? ¿Cien? ¿Doscientos? ¿Contaban los matrimonios que ayudé a disolver cuando era abogada practicante y me daban tareas sencillas como las fotocopias o contestar llamadas? No lo sé. Pero, durante todo ese tiempo nunca me detuve a pensar cómo se estaban sintiendo las personas al ver su matrimonio caer. Realmente nunca me importó como se sentían, solo me importaba divorciarlos. Pero, ahora que veía mi vida y mi matrimonio desde los escombros lo entendía y no se me ocurría una peor sensación que la de pérdida y fracaso que venía acompañada de un divorcio y la separación física con una persona.
Quizá lo peor no era la distancia ni el hecho de que el me haya dejado. Lo peor era que el mundo estaba demasiado atento a nosotros, los fotógrafos nos perseguían para tomar una foto de mi panza y, aunque apenas había pasado una semana, una vez que se supiera que ya no estábamos juntos, no tendríamos tranquilidad ni paz mental. La vida estaba a punto de ponerse más difícil, si es que eso era posible. Yo estaba cayendo en espiral, solamente esperando el impacto y lo más jodido de todo era que estaba arrastrando a mi hijo conmigo, algo que juré jamás hacer, no quería darle la misma vida que yo tuve al nacer bajo una dinámica rara y estricta. No lo criaría en un culto, pero lo traería al mundo alrededor de escándalos, con adultos fotografiando sus pasos y dentro de una familia disfuncional e inestable. Estaba viviendo mi mayor pesadilla.
- ¿Abi? –la cabeza de Johnny estaba dentro de la habitación. ¿En qué momento abrió la puerta? No me di cuenta-. ¿Todo en orden?
Por supuesto que no, mi esposo decidió poner distancia después de que su representante nos jodió la vida al filtrar un video sexual nuestro, estoy sola y embarazada en Madrid, viviendo una pesadilla, mientras me siento en mi escritorio fingiendo que leo estos puñeteros papeles de divorcio de un cliente.
Ni siquiera tuve oportunidad de decir en voz alta mis pensamientos cuando él entró a la habitación y levantó su mano, como si hubiera leído mi expresión.
- Fue una pregunta muy estúpida. Te ves distraída y lo entiendo, cualquiera en tu situación lo estaría. En fin, solo quería decirte que Paula llamó hace un rato, cuando estabas en la reunión, para recordar que llega esta noche.
- Mierda, es cierto –me recargué en el respaldo de la silla y lo vi sentarse frente a mí y cruzar las piernas.
- Ya me encargué de todo. Pedí comida italiana del lugar que te gusta, te la llevarán esta noche.
- Gracias, Johnny.
- También, debes saber que he corrido el rumor de que has vuelto por unas semanas para terminar con algunos asuntos, pero te irás nuevamente para las últimas competencias, solo para que nadie esté preguntando. Y creo que es importante que pienses que vas a hacer, cariño. Tu cuenta de banco tiene un millón de euros destinados para un nuevo bufete a tu nombre, sin embargo, aquí estas, siendo miserable en tu escritorio.
- No tengo idea, Johnny. De momento quiero parar el tiempo y averiguar qué hacer sin el constante recordatorio de todo lo que salió mal con Derek.
- Solo piénsale, ¿vale? Apenas pasó una semana y definitivamente no necesitas tomar una decisión en este momento, pero, creo que el tiempo sería perfecto. Puedes retirarte de este bufete en un mes, alegando querer concentrarte en tu embarazo y tu nueva etapa. Dedicaremos los siguientes meses a desarrollar tu nuevo bufete y podrás comenzar a trabajar en el después del parto, de esa forma te tomarías el último trimestre de descanso y podrías disfrutar al bebé los primeros meses.
Mi estómago dolió, no por lo que Johnny dijo, sino por lo que me hizo pensar.
- ¿Cómo va funcionar esto con Derek una vez que el bebé nazca?
- Ha estado presente últimamente –levantó sus hombros.
Bufé.
- Me ha llamado tres veces, dos de ellas fueron videollamadas que no duraron más de cinco minutos, de hecho, ni siquiera me mira, esquiva la mirada como si le avergonzara darme la cara. No tiene ni puta idea lo mucho que me duele verlo y escucharlo y debo lidiar con su evidente culpabilidad. Él decidió dejarme, ¿quién le dio el jodido derecho de darme libertad, cuando era lo último que quería o necesitaba?
- Abi, no estoy de su lado, ¿vale? Pero, creo que él estaba intentando protegerte, regresarte un poco de lo que te quitó, él está intentando no lastimarte más.
- Pues falló.
***
Abrí la puerta de entrada y, del otro lado, vi a mi mejor amiga, en un vestido corto color negro y zapatillas. Iba a hacer una broma sobre lo sexy que ella era, aun cuando no lo intentaba. Pero, ella apenas vio mi cara y saltó a abrazarme. Entramos a mji departamento y ella cerró la puerta detrás de ella antes de hablar.
- Joder, Raquel dijo que estabas mal, pero, ahora lo veo.
Abrí la boca, pero no supe que decir.
- ¿Estás durmiendo? Abi, tienes ojeras. También pareces más delgada, ¿has comido?
- Johnny se encarga de eso, estoy comiendo y durmiendo. Bueno, intento dormir.
La cena había llegado, pero, antes de que tuviera oportunidad de pasar a la mesa del comedor con mi mejor amiga, ella me giró sobre mis talones.
- Abi, soy yo. Puedes contarme y llorar si lo necesitas. Lo que estás viviendo, joder, si tuviera a Derek Bravo frente a mí, no tienes idea cómo lo torturaría, es una de mis fantasías actuales.
Me reí, pero no duró mucho. Apenas unos segundos después comencé a relatarle todo lo que había pasado y acabé llorando terriblemente, con ella abrazándome. Recordar todo lo que estaba pasando fue horrible, pero, sentí como si me hubieran quitado un peso de encima mientras hablaba.
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Promesa de papel
Romance¿Cómo mierda Abigail Lorente, la abogada más brillante del Bufete, experta en divorcios, termina casada casi por accidente con uno de sus clientes? Peor aún, ¿Cómo logra un gilipolla, adinerado y tres veces divorciado, que me case con él? La respue...
