Abigail
¿Cómo podía estar tan jodidamente caliente solo pensando en Derek Bravo durmiendo en la sala de estar de mi departamento?
Seguramente yo estaba mal, loca de remate, jodida de la cabeza.
Apenas sus hombres salieron de mi departamento, nuestra cena llegó y Johnny se fue a descansar, seguramente deseando alejarse de mi vida y el drama que constantemente tenía. Apenas pude comer un poco de ensalada, ya que las náuseas, seguramente por todo ese día, eran fuertes. Mi hermana me deseó suerte y entró en su habitación.
Guiada por la curiosidad de verlo dormir en el sofá y el miedo de enfrentarlo ese día, le entregué a Derek un bulto de sábanas para que pudiera dormir en la sala de estar.
Hablar más no era opción, mis hormonas eran un desastre y solo quería descansar, el pareció entenderlo. Sin embargo, una vez que entré a mi habitación y me envolví en mis cobijas, la cama parecía más grande de lo habitual. Solo con pensar que en mi sala de estar se encontraba el jodido hombre de 1.90 metros, musculoso, arrogante y con una polla que cabía perfectamente en mi boca, estaba mojada. ¿Esto también era por las hormonas del embarazo?
Para ser justa, había pasado las últimas semanas en abstinencia. Quizá para este punto ya era casi una virgen nuevamente. Por supuesto que no, idiota. Eres la mujer menos virgen de España. Quizá algunas otras tengan más experiencia que tú, pero tú tienes un video sexual de ti y el hombre que te embarazó, que resulta ser tu esposo aún y que está dormido a metros de ti.
Podría masturbarme, eso siempre funcionaba, podía hacerlo. No, mierda, no. Quería a Derek, por mucho que yo pudiera tener orgasmos por mi cuenta, no era lo mismo que estar con él. Pataleé en la cama, molesta con mi mente y todos los caminos que estaba tomando y giré hasta tener mi cara sobre la almohada. Tan solo unos segundos transcurrieron cuando recordé que estaba sobre mi abdomen y eso no era cómodo, ni recomendable.
Pasé mi mano por mi abdomen y sentí lo abultado de mi vientre, era un bulto pequeño, pero se sentía extraño, considerando que nunca antes había vivido esa situación. Intenté enumerar las razones por las que extrañarlo era una mala idea. Entonces mi cerebro cayó en una, tan profunda y preocupante que me hacía olvidarme de la remota posibilidad de dormir esa noche. Mi pecho ardía, intenté controlarme respirando, pero me di cuenta que fue un fracaso, cuando me levanté de la cama y caminé fuera de mi habitación.
- ¿Abigail? –Derek me había mirado apenas salí de la habitación. Se sentó y pasó sus dedos por su cabello oscuro, en un intento por controlarlo, hasta ese momento me di cuenta que estaba despeinado y más largo de lo habitual, le hacía falta un corte-. ¿Todo en orden?
- No puedo dormir –confesé y me acerqué hasta estar a solo un metro del sofá en el que él se encontraba.
- Tampoco yo... -comenzó.
- ¿Estuviste con ella?
Él cerró la boca de inmediato y me observó como si no entendiera de qué carajos estaba hablando.
- La rubia –dije-. ¿Te la follaste? No intentes mentirme, Derek. He desenmascarado a hombres más importantes e intimidantes que tú. Más te vale decirme la verdad o juro por el Dios en el que mis padres creen que te sacaré los ojos para que no puedas ver a tu hijo cuando nazca.
Su entrecejo se llenó de arrugas y se levantó del sofá para acercarse a mí. No me moví hasta que lo tuve a solo unos centímetros, con su aliento golpeando mi frente.
- ¿Eso crees?
- No creo nada, necesito hechos. ¿Lo hiciste o no?
- Te he dicho que no. Te he dicho que no te arriesgaría por nada. ¿Por qué repentinamente olvidaste eso? Lo hablamos hace apenas dos horas.
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Promesa de papel
Romance¿Cómo mierda Abigail Lorente, la abogada más brillante del Bufete, experta en divorcios, termina casada casi por accidente con uno de sus clientes? Peor aún, ¿Cómo logra un gilipolla, adinerado y tres veces divorciado, que me case con él? La respue...
