41. Inconveniente

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Derek

Mis manos estaban en la espalda de Abigail mientras la sujetaba, con su cabeza sobre mi pecho. Habíamos llegado a nuestro nuevo destino, ahora estábamos en un país cerca del límite entre Europa y Asia, preparándonos para la siguiente carrera. Apenas acabó la carrera en Mónaco tuvimos que subir al avión.

- ¿Cómo está Raquel? –hundí mi nariz en su cabello y la sentí acurrucarse a mi lado en un acto que podría dar ternura, pero, en cambio, me ponía más duro de lo que debía.

- Bastante bien –sacudió ligeramente sus hombros-, ella y Johnny tenían bastantes cosas que hacer en Madrid. Me enviaron fotografías en mi departamento anoche.

Después de Mónaco, Raquel había tenido que regresar a Madrid para organizar su vida fuera de casa de sus papás. Abigail decidió enviar a Johnny con ella para que la ayudara a resolver todo lo referente a sus documentos, recoger su ropa e instalarla en su departamento, lugar en el que ella guardaría sus cosas.

- Tenemos que estar en el circuito en 4 horas –besé la base de su cabeza y salí de la cama en dirección al baño.

Cada carrera era diferente, ningún día era igual. Llevaba prácticamente toda mi vida en ese mundo, pero, nunca se sentía aburrido. No podía catalogar mis emociones como miedo, honestamente, nunca había sentido miedo, pero si nervios. Había presenciado muchos accidentes en mis años dentro y fuera del circuito, cuando mi padre aún competía. Pero, nunca sentí miedo. Los nervios eran pasajeros, a veces los sentía y otras veces no.

Me duché en silencio mientras pensaba en el circuito. Habíamos asistido los días anteriores al lugar para tener entrenamiento todo el día. Abigail había estado sola en el circuito y, aunque no se veía aburrida, no me gustaba verla sola. Estaba solo acompañada del personal de seguridad, a excepción de Hugo; obviamente.

A él lo había colocado fuera de nuestra área personal y tan lejos como se pudiera. Se encargaba de vigilarnos de lejos, revisar las cámaras de seguridad y asegurar el perímetro.

Abigail estuvo corriendo de un lado a otro por una hora mientras arreglaba su cabello y se vestía con un vestido verde y zapatillas que combinaban. Tomé su mano y caminamos fuera del lugar y en dirección a la carrera. Mis padres no estarían acompañándonos ese día y eso resultaba ser un poco tranquilizante, no me emocionaba tener jueces en el público.

Al llegar, besé la mano de Abigail y me despedí de ella, mirándola ser escoltada a su asiento por tres personas de seguridad. Me cambié mi ropa por el uniforme y tuve a Héctor junto a mí, mencionando las características de esa pista y todo lo que debía tomar en cuenta ese día. Cuando el momento llegó, le di la mano a mi representante y caminé hasta el auto, me monté en él y tomé varias respiraciones profundas.

En el momento en el que todo comenzó, el lugar se silenció. Dejé de escuchar a las personas, la bulla, los gritos y mis propios latidos y mi mente pareció centrarse solamente en la pista que tenía frente a mí. sujeté el volante en mis manos, miré al frente y, al recibir la señal, pisé el acelerador.

Todo siempre sucedía en cámara lenta, estaba conduciendo como si mi vida dependiera de ello, pero no parecía de esa forma en mi mente. Debía recorrer veinte curvas y más de seis mil kilómetros, las primeras vueltas fueron fáciles, pero, como todas las carreras, los momentos de estrés venían después de la segunda mitad de la carrera, cuando todos estaban ya pensando en el resultado final y cada segundo contaba.

Apreté con fuerza el volante mientras conducía y me colaba en el sexto lugar. Durante el circuito me detuve en los pits por no más de diez segundos y solo escuché bulla, que se disipó una vez que me puse en marcha nuevamente. Cuando me encontraba en las últimas tres vueltas, sentí mi corazón latir en mi sien, estaba en quinto lugar y necesitaba mejorar, pero no tenía mucho tiempo ni distancia restante.

Promesa de papelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora