Tomé mi botella de vino y me senté en el sillón con mi lap–top sobre las piernas. Había olvidado tomar una copa y bebí directamente de la botella. El timbre de mi departamento sonó y caminé en dirección a la entrada con la botella en mis manos y jalé el manubrio de la puerta esperando encontrar a Paula del otro lado.
No era ella, Derek estaba recargado en el marco de la puerta. No estaba trabajando para el en ese momento, suponiendo que estuviera ahí para hablar de trabajo y aunque fuera así, era tarde, él no tenía nada que hacer en el umbral de mi puerta.
- Buenas noches –lo observé detenidamente dándome cuenta que él no había hablado
- Hola, Abigail. ¿Cómo estás? Te traje donas azucaradas. –levantó la bolsa entre sus manos a la altura de sus hombros.
- Gracias, no debiste molestarte.
- No hay problema.
- No, de verdad. No debiste molestarte. No es necesario, con donas azucaradas no lo vas a lograr.
- ¿De qué hablas?
- Si quieres meterte a mi vagina créeme que no lo vas a lograr con donas azucaradas, de hecho –lo observé, sabiendo que no lo lograría ni aun que me comprara toda una panadería-, no lo vas a lograr de ninguna manera.
Las esquinas de su boca se curvearon en una sonrisa y sacudió lentamente su cabeza, de un lado a otro, como si lo que dije, más allá de molestarle, lo ofendiera.
- No es lo que intento, Abigail. ¿Puedo llamarte así?
No supe que responder a eso, la verdad no sabía si me agradaba o molestaba.
- Solo quiero que seamos amigos.
- Trabajé para el buffet de abogados que contrataste y también de forma personal este fin de semana, eres... fuiste mi cliente. Yo no soy amiga de mis clientes.
- ¿No tomarás las donas? –las estiró en mi dirección, sin lucir afectado por lo que le había dicho
- Gracias –las tomé- tienes estrictamente prohibido venir a mi casa o buscarme a menos que sea por trabajo. Buenas noches.
Cerré la puerta y giré en dirección a la sala de estar, dejé las donas sobre la mesa y escuché el timbre de nuevo. Abrí la puerta y lo encontré nuevamente, con una sonrisa de autosuficiencia y muchas ganas de joderme la vida.
- ¿Cómo voy a buscarte por trabajo si renunciaste por un mensaje hace una hora?
Giró la pantalla de su celular en mi dirección, para que yo pudiera ver el mensaje sin responder.
- Es bueno saber que, si lo recibiste, no obtuve respuesta de tu parte y creí que no te había llegado.
- Lo recibí y decidí responderte en persona –levantó sus hombros y chasqueó la lengua-. No acepto tu renuncia.
- No tienes opción. No tenemos un contrato que nos tenga atados a trabajar juntos por meses o años –me reí de lo estúpida que era su excusa para visitarme esa noche-. Te lo dije, si mi trabajo me lo permite puedo ayudarte y tu decidiste pagarme una cantidad excesivamente estúpida y exagerada por ser tu abogada de vez en cuando, una vez que ese trabajo acabe, yo regreso a mi vida y tú a la tuya, no estoy obligada a estar contigo.
Él se rio, pero no parecía que algo le hubiera causado gracia.
- ¿Por qué estás haciendo esto? ¿Es por lo que pasó entre nosotros?
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Promesa de papel
Romantiek¿Cómo mierda Abigail Lorente, la abogada más brillante del Bufete, experta en divorcios, termina casada casi por accidente con uno de sus clientes? Peor aún, ¿Cómo logra un gilipolla, adinerado y tres veces divorciado, que me case con él? La respue...
