Al desnudo

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Desde aquel día no habían vuelto a saber de Mark ni de la orden de Gerard. Por un lado, Arya quería paz y calma, había tratado de llevar la fiesta en paz con Ayden. Él había decidido desayunar con ella, luego de cada inyección de hormonas.

Debía asegurarse de que estaba saludable, el día de la inseminación había llegado y ambos estaban nerviosos. Él había tenido que volver a dar una nueva muestra para asegurar que los espermas más factibles fueran seleccionados.

—Todo estará bien, no tienen nada de que preocuparse —asegura la doctora, quien tiene ya a Arya sobre la camilla abierta de piernas—. Sentirás solamente una ligera incomodidad, pero todo pasará.

Arya asiente, está nerviosa, sus manos tiemblan y ruega mentalmente al cielo de que todo salga bien. No había hablado con Ayden de lo que sucedería en caso de que no pudiera embarazarse, ¿tendría que devolver todo el dinero o solo una parte? Al final de cuentas su madre ya estaba fuera de peligro.

Había logrado comunicarse con ella y aunque Mirella no quiso darle detalles de la llamada de Jeff, Arya sentía que su madre le había traicionado.

—Arya, necesito que te relajes —pide la doctora—. Sé que estás nerviosa, pero es necesario que bajes un poco la pelvis y aflojes los músculos. ¿Podrás?

—Sí, sí... —su voz sale temblorosa—. Deme un momento.

Arya toma aire y lo suelta de poco, Ayden yace a su lado, al notar lo nerviosa que esta y como le tiemblan las piernas y las manos hace lo que en su sano juicio jamás haría, toma la mano izquierda de ella intentando darle apoyo.

Ella no comprende el poder que tiene aquel simple toque para él, lo costoso que le resulta, y, sin embargo, tiene un efecto benéfico, pues, logra calmarse y dejar de temblar.

—Tranquila, estamos juntos en esto —murmura Ayden cerca de su oído solo para que ella escuche—, sabes que me haré responsable de todo. Estoy aquí contigo, no temas.

Arya poco a poco comienza a relajarse hasta que la doctora termina el procedimiento.

—Listo, hemos terminado, te quedarás recostada por unos quince minutos y después podrán irse —explica la doctora ayudándola a moverse para que quede completamente estirada—. Bien, lo has hecho muy bien.

Ayden aprovecha y suelta su mano con la intención de cubrirla con una pequeña manta. Arya inmediatamente siente la falta de su toque.

A sabiendas de que ella es susceptible al rechazo, Ayden intenta no frotarse la mano contra el pantalón.

—¿Cuándo sabremos que si resultó? —pregunta Arya.

—Esperaremos quince días para ello, a los diez días ya podrían hacer un test casero, pero para estar seguros comprobamos con ecografía y análisis de sangre ¿está bien?

—Perfecto doctora, muchas gracias —dice Ayden pidiéndole al cielo que todo salga bien.

—Vale, los dejo entonces, recuerden, quince minutos y puedes cambiarte e irte. Sigue tomando tus prenatales y una alimentación balanceada. Hasta dentro de quince días —recuerda la doctora Packard y luego sale de aquella fría habitación dejándolos solos.

—Gracias —murmura Arya.

—¿Por qué? Soy yo el que debería agradecerte, me darás un hijo.

—Por tomarme la mano, sé que no te gusta que te toquen... pero gracias —dice ella con una voz dulce.

Ayden se siente imposibilitado por las palabras de Arya, no pensó que le agradecería por ello, pero lo hizo. Ya se da cuenta de lo importante qué es para él que no le toquen.

El enigma del millonarioHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora